Novela: Hombres Maltratados



 Una Historia real. EL SUFRIDO ESPOSO

Capitulo primero

LA SOLEDAD


El también sufría, el también lloraba. Cuando se encontraba abatido y notaba que la tristeza le ahogaba, que le faltaba el aire para respirar porque se había esfumado por el tiro de una chimenea, huía. Al sentirse sin fuerzas, para soportar lo insoportable, se montaba en su coche, para escapar de todo y de todos. Ese pequeño habitáculo era el único lugar donde se sentía, protegido y dueño de si mismo. Dentro de esa armadura, de metal gris brillante, era invencible.

Este ser inanimado era su gran y único confidente, conocía su desgracia como el mismo.
Le tenía un gran cariño, el lo sabía todo a cerca de su amo, y jamás le delataría. Cuando le dolía el alma y le flaqueaban las fuerzas para seguir adelante con su lucha, se cogía su corcel, y hacía kilómetros sin rumbo hacía el infinito.

El resto del tiempo, encerrándose en esa coraza invisible que el mismo se había creado, se escondía para evitar que otros se entrometieran en su espacio. De ese modo se protegía del mundo que le rodeaba. Siempre estaba a la defensiva. Cuando nadie le veía, de forma no premeditada lloraba amargamente, las lágrimas le fluían de una forma espontánea de sus ojos, estos aprovechaban cualquier momento de soledad, para poder expresar todo el dolor que encerraba en su corazón. Nadie debía saberlo. Ricardo, era un hombre, y como tal debía comportarse. Sentía la desilusión de la vida, todos sus proyectos aniquilados, devastados. Acabados, igual que lo estaba él. Todo había finalizado, ahogado por su propio mar de lamentos y sollozos.
Al principio, cuando existía la ilusión, luchaba por conseguir sus deseos. Era un volcán, cuyo interior estaba lleno de fuego, fuerza y vigor. Cuando consiguió su propósito fue como si estallara la erupción volcánica, que llevaba en su interior. Obtuvo la plenitud que buscaba. Estaba en poder de la felicidad que todos deseamos.
Orgulloso de si mismo, pletórico y con valentía para arremeter nuevos proyectos.
Había llegado a lo más alto, lo que había soñado estaba en sus manos. Lo había conseguido. Tenía estabilidad emocional, gracias a su familia, y a una buena economía fruto de su trabajo.

En ese momento de exaltación, no se podía imaginar, ni por un solo instante, que el golpe que iba a recibir en un futuro próximo sería mayúsculo. No siendo consciente, del peligro que le acechaba, no midió sus fuerzas, y su romanticismo le hizo perder la noción de la realidad. Creándose un mundo fantástico, en el que él, era el rey. Sufriendo el mayor de los desengaños, cuando fue cubierto por sus propias cenizas volcánicas, tras la gran erupción. Su fin estaba siendo denigrante.

Que equivocados estamos en esta sociedad tan machista. Aún no hemos comprendido, ni aprendido, que somos seres humanos, y por lo tanto, los sentimientos son comunes a todos. La risa, el llanto, la tristeza, la felicidad, el amor. Son patrimonio de hombres y mujeres, nunca deberíamos escondernos ni avergonzarnos. Hasta que los hombres no reconozcan, que ellos también lloran, no tendremos la igualdad que todos deseamos.

El pobre Ricardo, se sentía frustrado, vivía con un nudo constante en el estómago, con una angustia que le mataba, no permitiéndole apenas comer ni dormir. Todos sus amigos, compañeros y colegas, le encontraban triste, con unas ojeras profundas como valles, y oscuras como el interior de una cueva. Sin embargo, el seguía asegurando que era feliz.

Nunca había terminado ningún estudio. Su pasión por los coches, le hizo que desde muy temprana edad, que se colocara a trabajar como aprendiz en un taller mecánico.

Le hubiese gustado ser corredor de rallyes. Conducir un coche. Capaz de ir a velocidades sorprendentes. Corriendo y derrapando por esas carreteras de tierra, llenas de curvas, que a veces están embarradas por las malas condiciones climatológicas. Donde el hombre se funde con la máquina desafiando las leyes físicas.

Convirtiéndose en un sueño frustrado.

Ese deporte era demasiado caro. No podía permitirse ciertos lujos. Por lo que dentro de sus posibilidades, encontró la forma de realizar sus sueños como corredor. Gracias a sus ahorros, había conseguido comprar la play. Adquiriendo cada juego de carreras que salía al mercado. Estaba pletórico, superándose cada vez a si mismo, compitiendo contra los grandes, y en algunas ocasiones hasta conquistando el podium. No era como habría deseado competir, pero se conformaba con ello. Había realizado una parte de su deseo, Competir, que era su gran pasión. En lugar de un coche, utilizaba la consola y el sofá de su casa.

Solía ver todas las carreras que pasaban por la televisión. En esos momentos, era feliz. Cuando más interesante estaba la competición, su esposa, que siempre le estaba observando, llegaba para incomodarle e interrumpirle la única afición que tenía con alguna necedad.

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Al salir de trabajar, se reunían a tomar cervezas en el bar de la esquina, el nunca se paraba, como tampoco iba al fútbol los domingos cuando le invitaban. Al contrario, volvía corriendo a casa, para descansar y estar con su familia, que era lo que más quería.
Ricardo, sabía que lo espiaba, pero desconocía con que fin lo hacía. Pretendía ir minándole sutilmente, para cansarle y hacerle estallar.
El inocente, pensaba que a ella no le gustaba que viera las carreras de coches, porque no la prestaba atención.
Sin embargo, la realidad era otra, con esa actitud ella lo que buscaba era calentarle, como a esos motores de los fórmula uno, que a el tanto le apasionaban, hasta hacerle perder la paciencia, y hacerle estallar.
Pero Blanca, sabía que muy lentamente, iba consiguiendo lo que se proponía. Solo era cuestión de tiempo.
Su mujer, ya no le amaba, ni sentía por el lo que en los primeros años de matrimonio. Se había apagado la pequeña llama del amor, que un día estuvo encendida, si es que lo estuvo alguna vez.

A Ricardo, aquel oficio le gustaba, le llenaba y con el tiempo demostró una gran habilidad con la mecánica. Era un trabajador constante e incansable, se esforzaba mucho por superarse día a día. Asistía a seminarios, congresos y cursos de formación para prepararse mejor. Consiguiendo ser unos de los mejores mecánicos de su barrio.
Además era inteligente y emprendedor. Considerando, que se encontraba suficientemente preparado, busco una nave para independizarse.

Visitó en su zona, varios polígonos industriales, y una mañana encontró una nave. Se encontraba muy bien situada, y poniéndose en contacto con el dueño la alquiló.

La nave tenía unos doscientos metros cuadrados aproximadamente, por lo que era suficiente grande para empezar.

El problema era financiar el proyecto, pero el hermano mayor de Ricardo, trabajaba en un banco, por lo que no tuvo mucho problema para conseguir el dinero.

Una vez concluidos los trámites oportunos, y arreglados todos los documentos. Veía cada vez más cerca que su empresa se estaba llevando a cabo.

Estaba muy contento, ya que su proyecto se estaba realizando. Seguro de que le costaría un gran esfuerzo, lucharía para sacarlo adelante. Era conocedor de sus posibilidades, siendo muy trabajador, constante y obstinado, lo lograría.

Aunque su mujer. Lo ponía en duda, en lugar de darle ánimos y el apoyo que necesitaba, lo desanimaba. Le decía que eso sería una total ruina para todos. Y que tendría que ser ella la que trabajase para traer el sueldo a casa, por su inutilidad.

El no le hacía ni el más remoto caso, si no, de lo contrario no hubiera llegado a ver su obra concluida. Y siguió adelante con su apoyo o no.

Aunque Ricardo era un manitas, y tenía mucha facilidad para hacer todo lo que se proponía, necesitó la ayuda de unos albañiles, para acometer las obras. Para ello una vez superados todos los trámites burocráticos. Se dispuso a acondicionar la nave, pidiendo presupuestos, y hablando con varios expertos, para decidir cual era la mejor solución para su taller. Pues no tenía mucha idea de construcción.
Pintaron la nave, A la derecha de la entrada de coches, se hizo la oficina para la atención al cliente y la recepción de vehículos. A la izquierda se construyeron dos habitaciones para los cuartos de baño. Y en el centro de la fachada principal dos entradas, una para los coches y otra para las personas.

Compró un elevador para revisar y reparar los bajos. En la pared del fondo hizo un gran banco de trabajo en madera. Encima, en la pared colgó todas las herramientas que necesitaba. A la derecha lo lleno de estanterías, con departamentos donde colocar los repuestos, y las piezas necesarias para las sustituciones.
El día que encendió el luminoso en el que se podía leer TALLER RICARDO. Su cara se le encendió de igual forma.

El sólo no podía llevar todo el negocio, por lo que habló con su compañero Juan, y este asintió en venir a trabajar con él. Más tarde, como el taller iba mejorando. Tuvo que contratar un ayudante.

Una vez terminada la instalación, invitó a sus clientes a la inauguración del taller. Ellos vinieron encantados, pues estaban muy contentos de cómo trabajaba Ricardo, y seguros de que aquello sería un acierto.

Su afán de competición le creó la necesidad de ser el número uno. Y lo consiguió. Tuvo el taller más prestigioso de la zona. Ganó mucho dinero, ofreciendo a su mujer y a su hija una posición económica elevada. Tenían todos los caprichos que deseaban. A costa de pasar muchas horas en el taller, conseguía sus objetivos. Las dos eran lo más importante de su vida, estaba locamente enamorado de Blanca, y era capaz de dar cualquier cosa por su hija.

Cuando Blanca, se dio cuenta de que el negocio funcionaba. Cambio de idea, aunque estaba orgullosa de lo hecho, nunca se lo dijo, ni demostró ningún interés por su valía. Al contrario seguía intentando hundir a Ricardo, con el fin de quedarse con todo. Por lo que le hacía la vida imposible.

Esta vez se quejaba de la falta de atención por dedicarse tantas horas a aquel asqueroso y sucio negocio.

Trabajando sin descanso noche y día, pasó muchas penurias para salir adelante, lentamente lo consiguió. Se creó una gran fama. Siempre apoyado por sus clientes incondicionales, que confiaron y apostaron por el.
Sin ellos, nunca lo habría conseguido. Además de traerle sus coches para reparar, extendieron como la pólvora, su profesionalidad, seriedad y buen hacer. Esa fue la mejor propaganda y las más importante, que una empresa podía tener.

Otros clientes, que le conocían del taller anterior, también trajeron a arreglar sus autos. Ricardo, además de reparar los coches, los trataba como si tuvieran vida, los mimaba, y cada vez que quitaba un tornillo, lo hacía con tal delicadeza y maestría que parecía un cirujano en lugar de un mecánico. Los tocaba como si aquel trozo de metal pudiese sentir algún dolor. No le importaba el tiempo que tuviera que estar entregado a una tarea.

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Ponía tanto cariño en lo que hacía, que todo quedaba perfecto. Desmontaba cada carburador, pieza a pieza. Con tal precisión lo limpiaba y lustraba, que cuando lo volvía a montar, estaba como nuevo, tan brillante como recién salido de la fábrica. No era un mecánico era un artista.

Era tan amable con todos, que hacía amigos en lugar de clientes. Tanto le apreciaban que cuando empezaron verle un tanto distante y preocupado, se interesaron por su estado de ánimo y salud. El siempre quitaba importancia al asunto. Achancando a que como el negocio iba viento en popa, cada vez tenía más trabajo, y estaba muy cansado. En definitiva que todo le iba a las mil maravillas, al igual que su vida familiar.

Visto desde fuera todo era normal, su vida familiar era como otra del barrio, a simple vista no ocurría nada extraño, nada más lejos de la realidad. Lo que estaba sucediendo dentro de su casa era preocupante.

Sin embargo, aunque trataba de ocultarlo, todos los que le conocían, sabía que algo andaba mal. La única persona que tenía el total conocimiento de la realidad, era la terrible Blanca. Ella deseaba con todas sus fuerzas que aquello fuera de mal en peor. Luchando por que nada cambiase, y en definitiva que aumentase siempre a peor.

Cuando Ricardo, aducía que estaba muy cansado, nadie de los que le rodeaban le creían ni una sola palabra de lo que contaba. Lo único que veían era un hombre deprimido, con la mirada perdida el la lejanía, buscaba algo que no lograba encontrar.

Estaba vagando por el espacio, por el tiempo, más allá del horizonte, como si al final de su recorrido, fuera a encontrar el camino que andaba buscando, y que nunca conseguía encontrar.

El, lo que anhelaba era la respuesta al:

- ¿Por qué a mi?
Aquel hombre, que siempre estaba silbando por que era feliz, se estaba apagando, le gustaba lo que hacía, había conseguido todo por lo que había luchado, estaba orgulloso de si mismo. ¿Cómo era posible que ahora estuviese en tan lamentable estado?.

Intentaba Recordar mejores tiempos, para ver si podía volver a recobrar la sonrisa perdida. Como la del día en que nació su hija, que se sintió como si hubiese ganado un campeonato de formula uno. Era lo mejor que le podía pasar.

Cuando la vio por primera vez, en manos de la matrona, le pareció la criatura mas linda de la tierra, tan frágil y tan blanca como su madre.

Para no repetir el nombre, le pusieron Clara. Al fin y al cabo algo tenía que ver con el de su madre, era del mismo estilo pero diferente.

Cuando estaba en la cúspide, y lo tenía todo, su vida se fue al traste. ¿No podía existir la felicidad completa?. Había logrado un buen negocio, una familia fantástica, disponía del dinero suficiente, como para poder tener todos los caprichos que se les antojaban. La niña tenía todo lo que podía necesitar y más, al igual que su mujer y el mismo.

Ahora, que ya se podía comprar un coche para correr en rallyes, y realizar lo que siempre había deseado, ya no le importaba. Había perdido todas las ilusiones.

Sintiéndose tan desdichado, nunca permitió que a Clara, le faltara el amor de su padre. Ella siempre tendría lo más importante, entregándole su vida al completo. Ella, era lo único valioso y que le importaba de verdad. Aunque venía muerto de cansancio, nunca le faltaron los cuentos, las canciones y los arrullos, todas las noches a la hora de dormir. Le dedicaba todo el tiempo que le era posible, y más.
La enseñó a dar los primeros pasos, a caminar, a montar en bicicleta, a patinar, a nadar. Y siempre tuvo en mente que pronto y en cuanto pudiera, la enseñaría a conducir. Era lo que más ilusión le hacía, que su hija, siendo pequeña supiese manejar un Kart, tenía pensado obsequiárselo cuando hiciera la Primera Comunión.

A su madre, lo que más le preocupó desde su nacimiento fue que estaba perdiendo la figura y que el pecho no lo tenía como antes. Decidiendo ir a Barcelona a realizar una operación de estética.

Eso le sentó muy mal a Ricardo, pues el la seguía viendo tan guapa o más que antes. Como su amor por ella era incondicional, no se negó a que lo hiciera. Si, de ese modo, se encontraría mejor. Estuvo de acuerdo en que se marchara unas semanas, dejando a la niña a su cuidado.

A Ella no le preocupaba en absoluto, dejar a su hija, con su padre, tenía el convencimiento de que todo estaba en orden.

El era todo un padrazo, le prodigaba todo el amor y el tiempo, que necesitase arañándoselo al trabajo. Cuidaba de su hija con la mayor alegría del mundo.

A la vuelta de Barcelona, Blanca, dio a conocer su verdadero yo. Ese que por interés, había ocultado a Ricardo para conquistarle. Una vez, que sus intereses eran otros, volvió a ser ella misma, egoísta, y engreída.

Ciego como siempre, pensó que estaba cambiando, desde que se había puesto el pecho. Nunca sospechó que siempre le había utilizado y que había sido engañado. No se la podía ni hablar, todo le molestaba, contestando de malas maneras. Su vida le parecía mala, lo que hacía Ricardo eran cosas demasiado vulgares, y la niña era pesadísima.

Siendo doña perfecta, la más guapa, la más lista, la más elegante. Dejó de hacer buena pareja con Ricardo. A partir de ese momento, empezó a desear otra vida. Con más nivel, con más clase. Su marido era poco para ella.

Ricardo, no sabía que le pasaba. Y sin darse cuenta, su sonrisa se iba desdibujando de su cara. Su silbido mientras trabajaba se había apagado, empezaba a surgir un hombre gruñón, siempre renegando, diferente y pesimista. Con el rostro demacrado, surcado por arrugas como grietas que parecen en la tierra seca después de meses sin lluvia.

El trabajo empezó a no importarle, perdía la clientela, por días, no entregaba los coches puntualmente, como solía hacer. Aunque trataba de ocultarlo, a la vista estaba. Era un hombre acabado, la vida se le había torcido. Y no entendía nada.

22-08-10
Por lo que su hermano Esteban, cuatro años mayor que el, estaba muy preocupado. Una mañana, no fue a primera hora al Banco, donde trabajaba como administrativo, sino que dirigió sus pasos hasta el taller de Ricardo.

- Buenos días, Ricardo. He tenido que venir a hacer unas gestiones a la sucursal, que está aquí cerca, y he pensado en venir a invitarte a unos churritos. ¿Hace?
- Tengo mucho trabajo, debo entregar este coche hoy a las once. Ya he llamado a su dueño, pues tenía prisa. Mejor otro día.

- Venga, anímate. No vengo todos los días a tu barrio. Hoy ha sido una casualidad, no vamos a desaprovechar la ocasión. Además quería hablar contigo. Así mato dos pájaros de un tiro.

- De acuerdo, pero no me puedo entretener mucho. Ya te lo he dicho.

Juntos salieron hacía el bar de la esquina. Allí era donde habitualmente paraban para almorzar. Se sentaron en un rincón. La mesa de fórmica marrón, estaba mojada, el camarero la había limpiado con un trapo humedecido en lejía, dejando un aroma asqueroso. Era un sitio inmundo, se podía aspirar el olor a grasa añeja mezclada con humedad. Pero era el único bar del polígono.
El café sabía a requemado, y los churros engrasados estaban templados, por haber estado desde tempranas horas de la mañana encima de la máquina del café.

Esteban, debía hacer el esfuerzo, se sentía en la obligación de intentar ayudar a Ricardo. Para eso era su hermano predilecto. Desde pequeño lo había protegido, y este no era el mejor momento para dejarle es la estacada.

- No quiero parecerte un pesado, ni que me meto en tu vida. Pero si quiero que sepas que estamos preocupados por ti. Queremos ayudarte en todo lo que necesites. Sea lo que sea. Por favor, contéstame: ¿Tienes problemas económicos?. ¿Tienes suficiente trabajo? Parece que ahora esta el negocio un poco mas parado ¿no?

Intentaba, por todos los medios, de una forma suave, sacar la máxima información, sin que le pudiera dañar. Sabía perfectamente, que el negocio iba peor. Al principio estaban asombrados, de que marchaba mejor de lo esperado. Y sin embargo, ahora algo iba mal.

- Si necesitas un préstamo sabes que yo en el banco te lo puedo conseguir más barato, si lo pido para mi. Como ya has pagado el otro, no hay problema.
Todos te queremos y sabemos que algo te ocurre. Suponiendo que tengas problemas de otro tipo, el que sea, dímelo. Yo podría intentar echarte una mano. Siempre he sido y seré tu hermano. Acuérdate, que de pequeño, cuando te metías en apuros, yo te sacaba cuando andabas perdido. Por favor, Vuelve a confiar en mi.

Ricardo frunciendo el ceño y con una actitud de pocos amigos, gruñía más que respondía.

- No me pasa nada, el negocio funciona perfectamente, cada vez hay más trabajo. Quizás ese sea el motivo. Estaré cansado.

Jamás reconocería públicamente que era un hombre maltratado por su esposa. Sentía su hombría por los suelos, y no estaba dispuesto a confesárselo a nadie, ni siquiera a su hermano.

Esteban, se marcho cabizbajo y meditabundo. No averiguó lo que le ocurría a su hermano, y lo que es peor no le podía ayudar. Era incapaz de echar una mano, a una de las personas más importantes para el.
Siempre habían estado juntos, se habían contado todo. Desde pequeños eran de esos hermanos inseparables. Ricardo era la sombra de Esteban. ¿Por qué, en esta ocasión las cosas eran diferentes? Una inquietud le recorrió el cuerpo, necesitaba descubrir que pasaba. Excusas y más excusas, eso no era suficiente para que su hermano mayor se desanimara y abandonase. Los dos eran perseverantes.

Todo eran conjeturas, Esteban pensó que tal vez se había enganchado a las drogas, al juego, o que podía haber contraído alguna enfermedad infecciosa, por malas compañías. Estaba perdiendo peso demasiado deprisa. Además aquellas ojeras, aquellas arrugas, parecía haber envejecido prematuramente. Aparentaba muchos más de los treinta y cinco años que había cumplido a primeros de año. Es más parecía mayor que el.

¿Cómo no iba a adelgazar?, si apenas comía, no lograba conciliar el sueño, y trabajaba mucho, no tanto como al principio, pero al fin y al cabo trabajaba.

Ricardo, seguía callado y no hablaba con nadie de su problema, solo escuchaba la radio por donde iba. Era la excusa perfecta, para que no le importunaran. La encendía en el taller, mientras conducía para ir al trabajo, en casa.

Una mañana aguantando el atasco de las ocho, para ir al taller, escuchaba una emisora, que ni siquiera sabía cual era, escuchó un programa sobre informática. El no sabía nada de ordenadores. Así que pensó atender a ver si aprendía algo.

Le llamó la atención, que existía una forma de conocer a gente nueva. Se trataba de unas páginas, en internet, a través de las cuales, se podía entablar conversación, con personas de cualquier parte del mundo. Además de forma anónima. En estas páginas había una especie de habitaciones virtuales, es decir no existen en la realidad, donde la gente se reúne para hablar, a esto se le llama “chat”.

Entrevistaron a una pareja, que se iban a casar, y que se habían conocido y enamorado por este sistema. A Ricardo, le pareció curiosa la forma en que la gente se conocía ahora. Y estuvo dando vueltas, a lo que había escuchado en la radio. ¿Cómo era posible que sin verse, se enamoren? Pensó.

Y sin desearlo, recordó como había conocido a su esposa. En aquélla montaña del Valle D’Aran. Viniéndole a la mente, aquella muchacha, que vio por primera vez, en el remonte con su traje color rojo y que luego resultó ser una magnífica esquiadora.

Aquella chica tendría unos veinte años, era delgada y de estatura mediana. Sus facciones eran proporcionadas, tenía unos enormes ojos negros, y una sonrisa maravillosa.

23.08.10

Sus labios eran carnosos color de fresa, y sus dientes blancos como la nieve. El pelo no se lo pude ver, llevaba un gorro color rojo haciendo conjunto son su traje. En aquel momento supuse que sería oscuro. De lo que más me acuerdo, es que no paró de sonreir durante todo el trayecto. Se la vería muy divertida.

Tanto me gusto y llamó la atención, aquella jovencita, que no paré hasta conseguir hablar con ella. La chica de la que me había prendado, se llamaba igual que el paisaje que nos rodeaba. Blanca. Lo que me sedujo aún más.

- Yo no era un buen esquiador ni mucho menos, y tuve que aumentar el nivel para poder acercarme a ella. Incluso como no se me ocurría como ligar, me choque con ella. Tomando precauciones para no hacerla daño. Y ahora como habían cambiado las cosas. Si lo llego a saber, me habría ido a la playa.

Como Ricardo no quería hablar con nadie que le conociera, memorizó cada paso. En principio, no pensaba usar este sistema, pues a simple vista le parecía una locura. No descartando la idea, si en alguna ocasión lo necesitaba. Tal vez, en caso de emergencia, querría hablar con otro internauta.

Madurando y meditando sobre aquel curioso modo. Llegó a pensar que no era tan descabellado. En la red, era un ser anónimo y por lo tanto, podía desahogarse, sin que nadie le viera su semblante, ni se riera de el.

En el caso de que alguien lo hiciese, y se lo dijera, era tan fácil como apagar el ordenador. Y si se reían de él y no se enteraba le daría igual.

Interiormente sabía que necesitaba confiar en alguien, pero ¿quién?, no estaba loco para ir al psiquiatra. No se sentía enfermo, solo estaba apagado como una vela que se ha quedado sin luz, de igual forma, el se había quedado sin alegría. Sabía perfectamente la causa del problema y también conocía la solución. Se sentía un cobarde, por eso se metía en su caparazón.

Le hubiese gustado poder tener un amigo de verdad, alguien que no se burlara de el. Mientras tanto, el tiempo pasaba y cada vez la bola de nieve era más y más grande.

Si tomaba algún café, con algún conocido, no podía contar que su mujer le maltrataba psicológicamente, y que en alguna ocasión le había arrojado a la cabeza algún que otro objeto contundente, y sin causa alguna aparente. Pues el no estaba dando motivos para ello.

Recordaba, como en una ocasión, el cenicero de ágata rosa, que habían comprado, en su viaje de novios, en Río de Janeiro, voló por los aires. Yendo a parar justo a su cabeza, dándole un buen golpe. No le mató de milagro.
Incluso poniéndose hielo, el chichón le duró varias semanas. Pasando desapercibido, pues parecía que se había golpeado con algún capó de un coche, durante la reparación de alguna avería.

Ocasionalmente le hubiese gustado ser una mujer, ellas pueden desahogarse con las amigas, y nadie se mofa de ellas. Al contrario las apoyan, las tratan de ayudar de múltiples maneras.

Escuchando los consejos se puede llegar a alguna conclusión, después de meditar sus comentarios. Y nunca, nunca, nadie se lo toma a broma. Sino muy al contrario es algo horroroso, algo terrible y que jamás debiera suceder.

¿Pero como va un hombre a decir a un amigo, o compañero de trabajo? – Mi mujer me pega. Sería ridículo, más aún, grotesco. Siendo igual de dura la situación en ambos casos. Por lo que Ricardo, siempre estaba inmerso en sus pensamientos.

Como pareja ya no compartían ni lo bueno ni lo malo. Simplemente, vivían bajo el mismo techo, y cada uno hacía su vida. Como ella vivía pensando en si misma, el se encargaba de cuidar y de educar a Clara.

Nunca salían con otros matrimonios, como hacían otros vecinos los viernes por la noche, ni les invitaban a las barbacoas. Blanca siempre cargaba la culpa sobre las espaldas de Ricardo. Y eso no era del todo cierto, pues ella tampoco tenía muy buena prensa en el barrio.

En contadas ocasiones Blanca, se iba con alguna de sus amigas de compras o al cine.

Era obvio, que la situación en esa casa era grave. En alguna ocasión intentó llamar a su hermano para explicarle su tormento, pero nunca lo hizo. Se echaba para atrás como un cangrejo asustado.

Si no hubiese sido por Clara, se hubiese metido en la cama y no habría salido nunca más de allí. Se quería morir, incluso pensó en suicidarse. Se sentía cada vez más impotente. ¿Pero como iba a hacer esa locura? ¿Blanca, habría ganado la batalla tan fácilmente? ¿Y que sería de Clara? Eso no podía ser, debía luchar, auque fuera solamente porque Clara le necesitaba.

Aquella noche, al venir de trabajar, Blanca le dijo que no soportaba más vivir con un sucio mecánico. Que sus manos eran asquerosas, negras, ásperas y agrietadas, por la suciedad, el polvo y la grasa. Aquella conversación parecía un anuncio de detergente.

- Por tu culpa, no nos aceptaban los vecinos. Tienes una pinta que no tiene nombre.

A partir de ese día, obligaría a su marido a lavarse las manos, según sus indicaciones. Le hacía tenerlas dentro de un barreño lleno lejía con agua caliente un buen rato, hasta que la piel se le arrugaba. Terminado ese el maldito remojo, le preparaba una mezcla de azúcar con aceite para que se lo aplicase a modo de piling casero.

Ricardo, se pasaba horas frotándose las manos, para complacer a su mujer, era mejor eso que oír la sarta de insultos e improperios. Menos mal, que solo le daba el ungüento, cuando suponía que le vería algún vecino.

Blanca, le recriminada siempre lo que hacía. A veces, cuando no le gustaba algo de Ricardo, no se lo decía directamente. Hacía algún comentario en voz alta, en tono hiriente, con el fin de molestarle y siempre tomando las medidas oportunas para asegurarse que lo oía.

Despotricando, era única, la tensión en la casa era tanta, que el aire se volvía tan denso, que se podría haber cortado con una sierra, cuando se encontraban los dos en una misma habitación.

26-08-10

- Estoy más que aburrida que una ostra. No nos aceptan los vecinos. Si estuviese casada con otro, no tendría estos problemas.

- No puedo ir contigo al campo de golf, como lo hacen el resto de las señoras. Que siempre van acompañadas de sus exquisitos esposos. ¿Cómo voy a ir, con una joya como tu?
Ricardo, no queriendo entrar en discusiones, que nunca llevaban a ningún sitio, daba la callada por respuesta. Cuando el, trataba de explicarle algo, de buenos modales, ella era incapaz de escuchar, se daba media vuelta y desaparecía del sitio. Por lo que en cierta ocasión Ricardo decidió no hablar más con ella, solo lo imprescindible.
Se sentía humillada y a las vez sumamente desdichada por su mala elección. Nunca reconoció que la que provocaba el problema era ella. Se había olvidado por completo, de la época dorada, en la que no le importaba que Ricardo fuese un simple mecánico, de mono azul. Al contrario le encantaba lo espléndido que era haciendo regalos. Pero con el tiempo se cambia y hasta eso ya no tenía el menor valor.

Que pena, lo tenían todo. Pero la avaricia, el egoísmo, la envidia, acabaron con la felicidad que podían haber compartido y disfrutado hasta la ancianidad.

Blanca, se había vuelto envidiosa, o quizás siempre lo fue. Acomplejada con sus vecinas que tenían un nivel más alto que el de ella, vivía en un sin vivir que no lo podía soportar. Se había instalado en un lugar que no le correspondía. Estaba fuera de su sitio y eso la llevaba a un sufrimiento tremendo. Sintiéndose la mujer mas desgraciada de la tierra. Pero por otro lado, estaba contenta, pues la hija de un simple portero, residía en la misma urbanización que las señoritas, a las que siempre se quiso igualar. En el fondo, por fin lo había conseguido.

Ricardo, cada vez se encontraba en peor estado. No estaba a gusto en su casa, se sentía como un extraño en su propio salón ya no jugaba con la play. Se metía en el cuarto de su hija a jugar con ella y a leer cuentos. Con Clara era otra vez feliz, se le olvidaban las penas.
Pero siempre estaba Blanca, al acecho, como un depredador esperando a su victima, para no dejarle vivir tranquilo. Cualquier momento era bueno para hostigarle.
- Hoy me han preguntado por ti. ¿Por qué no viene Ricardo, el domingo a jugar al padel? Me ha dicho Julio. Y como me da apuro, decir que no sabes, y eres un impresentable. Le he contestado que estas muy ocupado con tus negocios.

A ver si dejas una vez ese puñetero taller. Eres un desgraciado obrero de mono azul. Pareces un Pitufo y no me haces falta para nada.

¿Me oyes? Para nada.

A veces, estaba tan harto de ella que la contestaba.

- Si dejo el taller ¿Con que dinero piensas pagar el Club de Golf? ¿y el resto de tus caprichos? ¿Con tu maravilloso sueldo? Te recuerdo que eres una administrativa en una agencia de viajes. Por cierto, sin ningún renombre. Eso si, te las das de importante, te has autonombrado Agente Turístico. Y me río yo de tu buen nivel de inglés.

Llena de odio y rabia, cogió el cenicero de Talavera, y se lo arrojó a la cabeza. Esta vez, tuvo suerte, no le acertó. Fue a parar a la chimenea francesa de mármol de carrara, haciéndose añicos.

- Ricardo, no te soporto, ni a ti ni a tu sucio trabajo, eres repugnante, patético, y nunca más pienso meterme en la cama contigo.

Después de la discusión, Blanca se fue a dormir al cuarto de invitado. Y el desdichado no podía dormir. La bronca fue descomunal. Ricardo, necesitaba gritar, constárselo a alguien. Se estaba volviendo loco. ¿A quien? ¿Cómo? Llamaría a su hermano.

Daba vueltas de un lado para otro, se levantó de la cama se fue a su despacho, se sentó en aquel espantoso sillón, giratorio de cuero marrón, que en verano se pegaba como si fuera chicle. Con sus grandes brazos de madera, eso si en conjunto con la mesa de cerezo. Aquella era una de esas compras que a Blanca le encantaba hacer.

Teniendo en cuenta, que como ella no lo pensaba utilizar, no le dio la menor importancia a la comodidad. Lo fundamental era el precio, y si era caro, es que era bueno.
A ella se le había encaprichado. Pensaba que en toda casa que se precie, debe haber un despacho para el señor. Aunque a el, no le gustase la idea. Como siempre haciendo gala de sus grandes aires de grandeza.

Era tarde, descolgó el teléfono, marco el número, y antes de que diera el primer timbre de llamada, cambió de idea, y cortó con la mano izquierda. Una lágrima le rodó por la mejilla. Colgó el auricular. Comenzó a juguetear con el ratón. De repente, se acordó de aquella vez que escuchó en la radio, que había en internet, una página donde se podía entablar conversaciones. No recordaba como se llamaba aquello. Se tocó la cabeza, se rascó y estiro el cabello como intentando sacar la palabra de su mente.

Nada no e acordaba. Con la atención que había puesto, en su día se le había olvidado. Esto era un desastre total.
Poniendo los codos sobre la mesa dejó caer la cabeza entre sus manos, y empezó a pensar. Las lagrimas que le habían estado rodando por las mejillas, se secaron, y de sus ojos no volvió a salir ninguna gota más. Estaba tan ensimismado en la idea de internet, que su pensamiento se marchó a otro lado. Ese fue un buen presagio, por lo menos de momento, aquello le había hecho olvidar su pena.

Arrancó el ordenador, entro en la red, y con su buscador habitual, escribió “chat” aparecieron bastantes páginas en las que podía entrar. Ninguna era la que buscaba. Sin darse cuenta, de forma inesperada, como guiado por una mano invisible, tecleó www.hazamigos.com y pulsó intro.

Se le encendió de repente una luz, comenzado a recordar todo lo que había escuchado. Lo primero era inventarse un mote, para no ser reconocido y evitar la identidad real. Cogió un bolígrafo y un papel y empezó a escribir nombres, ninguno le gustaba, ninguno se identificaba con el, y de repente escribió Pedro.

- ¿Para que me voy a complicar? Total solo se trata de que no me reconozcan. Pedro vale.

29-08-10
Escribió su contraseña y pulsó intro. De repente se encontró perdido en un mar de frases sin sentido, aquello era de locos, y muy timidamente escribió:
Pedro: hola a todos.
Nadie le respondió ni le hicieron el menor caso, cada uno estaba a su rollo, era como un fantasma, no provocaba el menor interés. Pensó en salir, llevaba una hora y aquello no funcionaba. Justo cuando iba a cerrar, muerto de tedio y sueño leyó un nuevo nombre: LUZ. Al leerlo era como si se le hubiese encendido esa luz que andaba buscando. Presintió que era a quien debía encontrar. Decidió no apagar el ordenador y tratar de entablar una conversación con aquella chica.
Pedro: hola luz

Luz: hola pedro

Por fin alguien le hablaba y que casualidad la luz que buscaba estaba ahí. No se lo podía creer, le había contestado. Durante mucho tiempo, insistió en conversar con otros. Pero todos los intentos habían sido infructuosos. Todos le ignoraban, solo ella le hizo caso. Entre ellos ya se conocían, y pasaban de la gente nueva, de los novatos. Incluso podía ser que viendo los motes que tenían, el suyo era demasiado corriente. Allí se pasaban horas escribiendo montones de tonterías, de palabras sin sentido, lo que consideraba una perdida de tiempo y de sueño. Después de este encuentro, no se iba a marchar. No pensaba tirar la toalla tan fácilmente. Debía intentar algo diferente. Quería quedarse, tal vez en ella encontraría la amiga que necesitaba.

Pedro: es la primera vez que entro, y me gusto tu nombre
Luz: yo suelo entrar. Pero hoy no están mis colegas
Pedro: va muy rápida la pantalla, no me da tiempo a leer
Luz: es cuestión de práctica
Pedro: que bonito es tu nombre, ¿es el de verdad?
Luz: no
Pedro: el mío tampoco. Sueles estar aquí?
Luz: si, entro a las 12, pero hoy me he retrasado
Pedro: me gustaría hablar contigo, pero me tengo que ir, es tarde. Te veré mañana, te buscaré.
Aquella conversación le pareció corta, pero estaba llena de algo que no podía explicar. Tenía un sentimiento especial, estaba seguro que había encontrado lo que buscaba.

Luz: hasta mañana, no falles :-)
Pedro: adiós ¿qué es eso?
Luz: una sonrisa

Y cerro la sesión.

Se quedó sentado meditando lo que había descubierto, no se lo podía creer. Eso funcionaba cuando Luz, le había contestado un escalofrío le recorrió la espalda.
Aquello era nuevo y sorprendente. Le había costado dialogar con alguien, pero al fin lo había conseguido, y merecía la pena.

Muchas otras noches charlaron, hasta altas horas de la madrugada. Era muy tarde cuando ella entraba, no le importaba la hora, siempre la esperaba, le hacía sentirse bien, estaba mejor que nunca. Le invadía un extraña emoción, estaba nervioso a la vez que contento. Había cambiado la sensación de angustia por una sensación de ansiedad.

Durante el día quería que pasara el tiempo, quería que llegase la noche siguiente otra vez. Deseaba con todas sus fuerzas volver a entrar al chat. Deseba ver a su amiga Luz. Por fin, tenía una confidente. Consiguió encontrar a alguien con quien hablar, a una persona que aunque lejana, desconocida, extraña, le había escuchado.

Ricardo pensaba, en el día que se saludaron por primera vez. Le pareció como si se tratara de brujería, de esa que tanto le gustaba a Blanca.

En mucho tiempo no estaba tan eufórico, tan contento, sentía que en su cara se había esbozado nuevamente la sonrisa. Había descubierto algo increíble, tenía una amiga, una nueva amiga, que le escuchaba. Estaba como un niño con un juguete nuevo.

Estando en el chat le costaba terminar aquellas charlas, pero debía madrugar y no le quedaba mas remedio que cortar.

Asegurándose primero, de que Luz entraría al día siguiente. Nunca le falló, siempre que se conectaba a la red, la luz le iluminaba.

Al llegar la aurora con el amanecer, se sentía mejor, estaba contento, había encontrado alguien con quien hablar. Contaba con ansiedad las horas que faltaban para que llegasen las doce de la noche, para el nuevo encuentro.

Así pasaron muchas veladas, hasta que poco a poco, se fue destapando, y empezó a contar por encima, sin profundizar mucho, su historia a su enigmática amiga.

Le confesó, porque se encontraba triste y deprimido. Siempre guardando para sí, los detalles que le avergonzaban. Eso le sirvió de terapia, empezó a desahogarse, a soltar lo que llevaba dentro. Lo que tanto tiempo escondía y nunca antes se había atrevido a desvelar. No se había quitado la armadura, pero si, se la abierto un poco.

Aquí era más fácil, era un ser desconocido. Ni le conocían, ni el conocía al otro interlocutor, así era mejor. El anonimato fue su salvación, no le daba vergüenza contar lo que le preocupaba. Simultáneamente, la otra persona también se sinceraba, o al menos eso debía ser. El creyó desde el principio a Luz, nunca desconfió de ella. Quizás, fue, porque le había enseñado casi todo lo que sabía de ese mundillo.

Le presentó a otros compañeros y le puso al corriente sobre la gente que solía andar por allí. Así que aprendió quienes eran legales y quienes no. Le dijo que al estar de incógnito, favorecía la mentira. Le advirtió que tuviera cuidado.

Eso ya lo tenía superado y no le daba mayor importancia, es más le daba igual. Había conseguido contárselo a alguien, tener una amiga y para Ricardo eso era lo más importante. Con eso ya tenía suficiente. Lo mejor de todo, es que LUZ no se reía de el, al contrario intentaba animarle, le entendía y le hacía sentir como una buena persona, ella era amable y respetuosa.

30-08-10

Le empezó a levantar la moral que había perdido. Aurora, Luz para los amigos. Trabajaba como peluquera. Conociendo alguna que otra historia de malos tratos. Alguna de sus clientas estaban en la situación de Ricardo, por lo que estaba acostumbrada a dar buenas dosis de autoestima.


Ricardo empezó a criticar a Blanca, lo que nunca había hecho, y se sentía mejor. Jamás en toda la historia de su matrimonio, se habría atrevido a desvelar nada, de su intimidad. Con Luz era diferente, ella sabía tratarle y lo más importante, sabía como exprimirle la información como si se tratase de una naranja.

Mientras tanto Blanca, le tomó tal odio, que no le prestaba ni la mínima atención. Había cambiado de estrategia, ahora le ignoraba, es como si no viviese en la casa. Nunca se fijaba en el. No le hacía el menor caso, con esa actitud pretendía hacerle si cabe más daño, por eso le despreciaba. Al no tratarle ni mirarle a la cara no se dio cuneta del cambio.

Un domingo por la mañana le oyó silbar, y eso la puso en alerta. Dándose cuenta de que estaba más contento, empezó a ponerse celosa, ella desconocía que Ricardo, hablaba a través de internet. Pensó lo más fácil, seguro que había conocido a otra mujer.
Y se dijo para sus adentros:

- Ahora seguro que me deja.

O ¿tal vez no?

Y ¿si lo hace?

¿Solo la tendrá de amante?

Será mi ruina.

Siempre le rondó la idea de que Ricardo tenía una querida. Ahora lo veía mucho más claro, decidió ir a que le echaran las cartas.

Por la tarde, llegó de trabajar antes que de costumbre. Habitualmente solía entretenerse haciendo alguna compra. Esta vez volvió corriendo, acelerada descolgó el teléfono, marcando el número de Mis Gold.

- ¿Si? Contestó una voz aterciopelada y tranquila.

- Buenas tardes, soy Blanca, desearía volver a tener una nueva sesión contigo. No era la primera vez, que lo hacía.

- Buenas tardes, mi amor. Mira cariño, hoy estoy muy ocupada, pero te espero mañana a las seis.

- Hasta mañana, chao.

Blanca, no veía el momento de ir a ver a su admirada consejera, la creía a pie juntillas, siempre acertaba, o eso es lo que pensaba.

Al día siguiente a la hora acordada, como un reloj, Blanca, llegó a la consulta de la afamada hechicera.

Miss Gold vivía en un edificio antiguo, en centro de Madrid. Para subir al séptimo piso había ascensor, pero una vez arriba, tenía un botón para volver a enviarlo al piso bajo. Por lo que, la bajada se efectuaba andando, por unos escalones de madera que chirriaban como conejos.

Su piso era interior, siempre había un fuerte olor a incienso. Era muy oscuro con muebles antiguos, seguramente un día habrían sido nuevos, y nunca más salieron de allí.

Una vez en el recibidor había unas cortinas de terciopelo rojo que lo separaban del pasillo. Una mesita de madera marrón oscura donde se encontraba un teléfono de baquelita de color negro. Al lado había una silla para descansar mientras se hablaba.

El pasillo era largo, y tenía una alfombra de flores multicolores, que llegaba hasta el fondo. A la derecha estaba el gabinete donde recibía las visitas. El resto del piso nunca no enseñaba.

En esa sala había una mesa camilla con un tapete de color verde. Encima y colgada del techo había una lámpara de cristalitos de colores.
En un rincón, estaba una vitrina llena de objetos extraños, que ella utilizaba en sus trabajos.

En el centro de la mesa estaba la bola de cristal, y al lado la baraja española, que ella manejaba con tanta destreza.

Miss Gold era una señora de unos sesenta años, de baja estatura y rellenita, su pelo era blanco pero lo llevaba con una permanente rubia platino. Con unos expresivos Sus ojos negros como el azabache que hablaban por si mismos, junto con su nariz chata y su boca pequeña de color cereza. Siempre vestía de manera diferente al resto de la gente, solía estar con túnicas de colores alegres y muy brillantes. Lo que más llamaba la atención eran sus manos, rechonchas y con unas uñas largas e impecables siempre pintadas de color morado.

Al preguntarle, si veía en las cartas, que su marido la engañaba con otra. Le dijo que si. Ella era una mujer muy inteligente, y con mucha experiencia. Volviéndose a aprovechar nuevamente de los temores de la consultante.

Como ella le daba las pistas. A Miss Gold no le costaba mucho decirle todo aquello, que sus oídos deseaban escuchar. Dándole nuevos consejos de actuación.

Poniéndola en contacto con un investigador privado, le aseguró que este señor, era muy serio y de toda confianza. Ya que había trabajado para ella en otros casos similares, con gran éxito.

El investigador, era el típico que se muestra en las películas. Un hombre alto, moreno serio y con bigote. De unos cuarenta años de edad, vestía un traje oscuro de raya diplomática. Solo le faltaban las gafas, que supongo las usaría cuando le daba el sol. El periódico lo compraría por la mañanas, no llevándolo encima, en esta ocasión por ser por la tarde. El sombrero y el paraguas lo dejaría para el invierno.

Estuvo siguiendo a Ricardo varias semanas, sin conseguir grabar, fotografiar, o verle con ninguna mujer en actitud cariñosa. Con las únicas, que tuvo algún contacto eran clientas del taller.

Si, Miss Gold, le dijo que estaba liado con otra mujer, lo estaba. Tenía que averiguar con quien la engañaba. En ese caso se trataría de una infidelidad matrimonial, estando en pleno derecho de ponerle una demanda. Aportando las fotos y las pruebas, que fueran contundentes, sería suficiente para conseguir el divorcio.

Siendo Ricardo, el infiel, se quedaría con todos sus bienes. Su plan iba mejor de lo esperado.

31-8-10

Lo único que consiguió del investigador, fue una buena minuta, que le costó varios meses de trabajo. Y saber que su marido, era un hombre muy trabajador, que no la engañaba con nadie. Pero ella confiando en Miss Gold, y sabía que algo ocurría.

No estando conforme con la investigación, volvió a la bruja, y esta tras echarle de nuevo las cartas, le aseguró que la engañaba. Avisándole de que su marido era un hombre muy listo, no era fácil de pillar. Se había dado cuenta, de que le seguían estos meses y por eso no se estaba viendo con su amante.

Miss Gold le dijo, que se trataba de una mujer rubia, que tenía un deportivo rojo. Lo que hizo que Blanca sospechara aún más, dado el gran interés de Ricardo por los coches. Y que si la rubia iba al taller, el investigador no había sospechado.

La rubia, que así la llamaba Blanca, se estaría aprovechando de el, y como no se diera prisa en separarse podía arruinarles. Miss Gold , veía en las cartas, que todo lo había conseguido con sus artes seductoras y no precisamente por el trabajo en una oficina. Lo que impacientó mucho a Blanca.

Poniéndose la situación cada vez más tensa. Ella le trataba como una zapatilla, y a el solo le faltaba ponerse de felpudo. Pero seguía aguantando, no sabía que hacer, no sabía como pedir una separación, sin perderlo todo. No estando dispuesto a renunciar a Clara.

Ricardo conocía que a las mujeres siempre les dan la custodia de los hijos. Y ellos tienen las de perder, podía dejarle en la ruina, con una mano delante y otra detrás. La casa sería para ella junto con el cincuenta por ciento de las acciones del negocio. Además de tener que pasar una pensión alimenticia a la niña.

Nuevamente, como cada noche, se sentaba en su mesa de escritorio, le sudaban las manos, anhelaba que llegasen las doce de la noche para el ansiado encuentro. Entró Blanca, y no para darle las buenas noches precisamente, sino para increparle como era lo habitual en ella.

- Como me echas de menos en la cama. ¿no te acuestas? ¿O que?

- Buenas noches. Estoy leyendo. Contesto Ricardo. Cerrando por la mitad una revista que tenía en las manos.
- No se que vas a leer. Como eres un ignorante, estarás viendo las fotos de alguna ridícula revista de coches. O el periódico deportivo. No creo que estés leyendo nada de provecho. O que te pueda cultivar un poco. Aunque quizás pensándolo mejor, te sentirás importante en mi despacho y por eso estás aquí. Dijo esto con un aire sarcástico. Está puesto con tanto gusto y elegancia, que se nota mi mano. Y soltó una carcajada.

Retomando la palabra, soltó por su boquita de fresa.

- No está echa la miel para la boca del asno.

Nuevamente sonó otra siniestra carcajada, y salió de la habitación.

Por fin, se quedó solo. Era la una de la madrugada y Ricardo encendió el ordenador. Temía que al ser tan tarde, Luz ya se hubiera marchado.

Acarició el ratón y escribió la dirección de internet, que ya se había convertido en familiar. Había avanzado mucho en el manejo de aquello. Ya no era un novato, casi se había convertido en un aventajado alumno autodidacta. Claro que Luz le había ayudado bastante.

Esta vez era más tarde y cuando entro en la sala, allí estaba Luz esperándole.

Pedro: buenas noches a todos.

Era su forma habitual de saludar

Luz: hola Pedro. ¿Te has dormido? jajaja

Luz: voy a crear una sala privada ven conmigo

Era la primera vez que la seguía, y no sabía muy bien donde iba. Cuando llegó a esa sala, se dio cuenta de que no había nadie más.

Luz: aquí podremos hablar en abierto, sin que nadie más entre ni lea lo que escribimos

Pedro: que bien, me estás enseñando muchas cosas de internet

Luz: Aún te queda mucho por aprender

Pedro: Me imagino que será verdad lo que me cuentas, la gente engaña mucho

Luz: si, y tu también

Pedro: como verás, no se mucho de esto, así que poco te voy a engañar. Quiero que sepas que estoy muy contento de haberte conocido. Y que espero que seamos mucho tiempo amigos

Luz: por supuesto, yo conozco mucha gente, en la red, incluso físicamente, y hay gente legal. Con otros hay que tener cuidado

Pedro: yo no entro nunca, solo para hablar contigo. Hoy he venido mas tarde por culpa de mi mujer. Me ha estado incordiando. Lo siento.

Luz: ya será menos

Pedro: es en serio, la verdad es que tengo un problema y como no puedo contárselo a nadie he decidido que tu lo sepas. Pero te pido un favor. No te rías de mi. Esto es muy serio y estoy muy mal, me siento solo y deprimido. Si te hace gracia, no me lo digas y si no te interesa lo que te voy a contar me lo dices. ¿Vale?

Luz: suelta, estoy intrigada

Pedro: mi mujer me maltrata, y en alguna ocasión me ha agredido físicamente. ¿qué te parece?

Luz: raro, pero no me río, no es normal que le ocurra a un hombre

Pedro: por eso, no se lo puedo contar a nadie, y sufro mucho. Me siento un imbécil, pero no puedo darle la bofetada que se merece. Si lo hiciese, la podía matar de un golpe, soy fuerte. Además si lo hago, pierdo toda credibilidad. No soy como ella

Luz: me gusta como eres

Pedro: gracias

Luz: te entiendo que no quieras pegarla, pero se lo merece

Pedro: ¿no te parezco patético?

Luz: para nada

Pedro: no tengo estudios, y aunque ella tampoco, como trabaja en una oficina me repudia

Luz: ¿en que trabajas?

Pedro: soy mecánico

Luz: yo peluquera. Tampoco he ido a la universidad. Jajajaja. Cada uno tiene su sitio en la sociedad y yo no me meto en el de otros

Luz: me tengo que ir. Chao. Es un beso :-X

1-9-10
Pedro: :-X, adiós

Y cortó la comunicación.

Su vida con Blanca, seguía siendo la misma, pero se encontraba mejor. Empezó a darse cuenta, de lo que ya todos veían, y el mismo se negaba a ver. Por fin lo reconoció, Blanca le despreciaba.


Sólo pensaba en ella, y siempre que abría su linda boca color de fresa, era para dejarle en ridículo, delante de quien fuese. Ricardo, con el fin de no armar ninguna disputa, se armaba de paciencia, contaba diez, se mordía los labios. No quería parecer descortés ni mal educado, y menos aún ponerse a la altura de aquel personaje.

Si se enfadaba. Y la gritara, el estaba convencido de que la razón se la darían a ella. Pero estaba equivocado todos estaban de su parte y en contra de ella.

Ricardo se encontraba con la autoestima por el suelo y eso que gracias a su amiga Luz, mejoraba lentamente. Que curioso, pensaba, todas las chicas que habían sido importantes en su vida, tenían que ver algo sus nombres y su vida. Blanca y la nieve. Luz y su oscuridad.

Blanca, cada vez se portaba peor, tanto es así que sus propias amigas, le preguntaron porque trataba así a Ricardo a lo que ella adujo:

- Se lo merece, es infiel. Me recomendaron una vidente de reconocido prestigio, y he ido a visitarla, en algunas ocasiones. Es una mujer que sabe todo de nosotros, me está revelando unas cosas que ni yo misma podía imaginar.

- Me ha echado las cartas y Ricardo me engaña con otra. Estoy investigándole.

Ha leído en la bola, que soy una mujer muy ambiciosa y que tendré el poder que anhelo. Que voy a conseguir todo lo que quiera, pero no con mi marido actual. Y todo esto, me lo dice, sin que yo le cuente nada que le de una pista.

En el fondo la pobre mujer era una desdichada.

- Va a aparecer en mi vida, un hombre muy atractivo e italiano de alta alcurnia, al que volveré loco con mis encantos. Que hará que pronto mi vida cambie. Esa persona aparecerá en el lugar menos esperado.

Las compañeras del gimnasio, no le hicieron ni el menor caso, y solo sirvió para que se mofasen, de todo aquello que les contó.

Ellas sabían perfectamente que era una vanidosa, nueva rica, con la cabeza llena de pájaros, y que por mucho que presumiera, se notaba que no estaba en su estatus social.

Que todo era muy forzado. Y su marido aunque obrero, que todos lo sabían por mucho que ella lo ocultara, era honesto y honrado.

Con estas historias, la supuesta vidente, consiguió una cliente de las buenas. Blanca, acudía a su consulta cada vez que podía. La bruja, le iba inflando cada vez más su ego, y de paso ella se llenaba a su costa el bolsillo. Su autoestima estaba por las nubes. Tanto es así, que trataba al pobre Ricardo como si fuese su sirviente.

Estaba convencida de que era el ombligo del mundo, y eso era lo único que le faltaba para ser más engreida.

La echadora de cartas, que por cierto, era toda una profesional, tras muchos años de oficio, conocía perfectamente a las personas que la visitaban. Vidente, no se si sería, buena embaucadora si, y empresaria también.


Conseguía que las señoras que la consultaban, quedasen atrapadas en su telaraña, de modo que su negocio funcionaba a las mil maravillas y jamás le faltaban clientas. En lugar de bruja y vidente era buena observadora y se aprovechaba de ese don, y de las clientas que le traían nuevas consultantes.

Blanca, cegada por su propia presunción, cada vez que acudía al consultorio venía más engrandecida, de las cosas que le contaba. Con la actitud que adoptaba hacía que Ricardo, se sintiese un trapo. Y siguiendo los consejos de Miss Gold, iba consiguiendo el objetivo.

El fin de este asunto era que Ricardo se fuera cansando y hartando cada vez más de ella. De modo que fuese el quien pidiera la separación y de esa forma se quedaría con los bienes. Todo el plan se estaba cumpliendo, con lo que ella estaba encantada. El pobre Ricardo no levantaba cabeza, pero gracias a Luz, lo iba aguantando.

A medida que el, se cansaba de aquella situación y de ella. Blanca, veía cada vez más cerca su libertad, su cuenta corriente más boyante y con el cincuenta por ciento de la empresa.

Siguiendo las instrucciones de la vidente, todo saldría bien. Miss Gold cada vez la tenía más enganchada y parte del salario se lo gastaba con la echadora de cartas, y el investigador.


A veces, en alguna reunión social, dejaba entrever, que su matrimonio no iba bien, porque Ricardo no le prestaba toda la atención que ella deseaba. Dando a entender que podía tener una amante, cosa que irritaba tremendamente a Ricardo. Todos se lo tomaban a broma, menos el que cuando llegaba a casa se ponía furioso con ella.

- Mira Ricardito, No te pongas así todos sabemos que solo sabes trabajar.¿Cómo vas a tener una amante? No sirves para eso.

Pero otra le quedaba por dentro, no las tenía todas consigo, tenía miedo que su plan se fuese por otro lado, si era verdad lo de la amante. Pues entonces no se separaría nunca y mantendría una doble vida, y no teniendo pruebas para denunciar, tendría que rendirse.

Podría darse el caso de que se le diera la vuelta su maléfico plan. Ella a el no le amaba, pero si a su dinero. Siempre andaba con cautela, si se equivocaba podía perder todo, así que cuidaba cada detalle, con el propósito de no dar un paso en falso.

Tenía que medir muy bien las palabras y sus acciones, pues aunque Ricardo, era un buen hombre y ella lo sabía, podía cansarle demasiado y que respondiera de forma agresiva contra ella.
Blanca conocía perfectamente a Ricardo y le mantenía a raya, para evitar una reacción no deseada.

2-9-10

En su soledad, en lo más profundo de su alma el no entendía lo que estaba ocurriendo. Pobre Ricardo, a veces le entraban ganas de salir corriendo, montarse en su coche y desaparecer llevándose a Clara.


No la aguantaba más, y lo peor era las formas, y con que miradas de ironía le decía aquellas, cosas. Muchas veces cerraba los puños, apretaba los labios y salía dando un portazo. No quería hacer una locura, se reprimía. ¡Como se controlaba aquel HOMBRE!.

Cada mañana al despertar, su deseo más ferviente, era que aquello hubiese sido un mal sueño, una infernal pesadilla. Que nada de aquello fuese real, que no estuviera sucediendo. Siendo fruto de su imaginación.


Anhelaba que su querida esposa, de la que había estaba y pensaba que aún seguía algo enamorado, le daría ese beso de buenos días.

Ese que tan ansiadamente esperaba, aquel beso lleno de pasión, procedente de sus labios color de fresa, con el que se habían fundido en tiempos mejores.


Ahora, evitaba encontrase con ella. A primera hora en la cocina, a la hora del desayuno. se presentaba como una visión espectral con el semblante seco, duro, mal encarado, antipático, lleno de rabia y de odio.

Blanca ni siquiera le dirigía la palabra, ni por educación daba los buenos días.


Por lo que el sueño desgraciadamente, no existía, era pura realidad y le estaba ocurriendo. Todo era parte de su vida, había un complot contra el en su propia casa y por parte de su propia mujer.


El cada día que pasaba, estaba más cansado de aguantar aquella situación. En todos los medios de comunicación, radio, televisión o prensa. Diariamente escuchaba o leía que las estadísticas de violencia eran muy elevadas, que las leyes eran incompleta. Que existía la violencia doméstica, el terrorismo casero, la violencia de genero, que al año morían muchas mujeres a manos de sus parejas. Se estaba convirtiendo en una lacra social.

A el también le estaba ocurriendo, pero no le entraba en sus esquemas. ¿Como salir a la luz? su única iluminación era su amiga LUZ.


En su cabeza no había sitio para entender, que el era un hombre que estaba siendo maltratado por su mujer. Aquella dulce criatura, tan delicada, frágil, tierna que conoció esquiando. No podía ser, no daba crédito a lo que estaba pasando.

Aquélla preciosidad, que cuando la vio por primera vez, deslizándose por la montaña, parecía que flotaba, no pisaba el suelo volaba como una mariposa por aquella alfombra nívea, y hasta el nombre, de aquella hermosura era puro.


Era imposible, que se hubiese convertido en una malvada y perversa mujer. ¿O siempre lo fue? Quizás su enamoramiento, le cegaba, no permitiendo ver lo evidente.

Le hizo feliz en otros tiempos y ahora le estaba amargando la vida. Le maltrataba psicológicamente, y en alguna ocasión hasta puso en peligro su integridad física.


El se estaba dando cuenta del engaño, que había estado sufriendo durante años, pero callaba su humillación. Ella jamás le quiso, solo ahora estaba seguro. ¿Pero como iba a reconocer, públicamente que se había equivocado de esa manera? Le tacharían de torpe.


Esta situación parecía surrealista, y sin embargo, le estaba ocurriendo al sexo fuerte, al macho, al ser dominante, al que debía llevar los pantalones en su casa, según lo que le habían enseñado e inculcado en su infancia, en su educación. ¿Que estaría pensando su padre si lo estuviese viendo desde la otro mundo?.


Esto iba de mal en peor por días, se hacía insostenible por momentos horas y segundos, pero el seguía callando, seguía escondiendo la verdad, solo lo sabía su amiga Luz.


Se tragaba su impotencia, sus ganas de contárselo al su familia, a su hermano, de gritarlo a los cuatro vientos. Su vergüenza era de tal dimensión, que optaba por callar.


Luz, le insistía que se lo contara a alguien más. Que fuese a la policía y le pusiera una denuncia por malos tratos, como hacían las mujeres. Pero el seguía en sus trece. Llorar a solas y contárselo a su amiga virtual, no era la solución. Aunque haber conseguido, que se lo sacara a la luz, ya era un avance. La mejora era evidente al sentirse escuchado y entendido.

Una noche más, sentado en el despacho, esperaba con ansiedad la llegada de las doce campanadas que daban en el reloj del salón.

Cada vez se ponía más nervioso durante la espera. Temiendo que un día al entrar ella no apareciera. Tenía la sensación de que aquella mujer desconocida, le hacía sentir algo muy especial.

No podía estar enamorado, de alguien a quien jamás había visto, ni siquiera conocía su voz, no sabía como era físicamente. Pero le atormentaba la idea de perderla.

La curiosidad hacía que aquel misterio le mantuviese la mente ocupada durante todo el día, pensando en aquella chica, se le olvidaba el problema doméstico. Por lo menos aquello de internet le había servido de escape. No le solucionaba el problema, pero se lo hacía más llevadero.

Pensando en que algún día podría perderla, deseaba fervientemente, desde lo mas profundo de su ser, conseguir el teléfono donde tenerla siempre localizada.

Aquello era bueno para el, se sentía día a día, con la autoestima más alta. Había alguien que se preocupaba por su existencia, sin saber como era, o cuanto dinero tenía, le apreciaba como persona, y eso le bastaba, para sentirse más feliz.

Lo que traía de cabeza a Blanca, que no entendía que estaba pasando, y se encontraba hecha un lío.

Ricardo estaba sólo. No tenía ninguna amante, según el investigador al que despidió. Asegurando la vidente que si. ¿A quien hacer caso?. Y lo que si tenía claro, era que se le veía mucho mejor. Aunque ella trataba por todos los medios, que su vida en casa fuera un infierno.

06-09-10

Estaba preocupada, porque veía que todo se le estaba torciendo, desmoronando. Como un castillo de naipes al que una brizna de aire lo hace caer. Ignorando que su plan, se estaba cumpliendo a la perfección. Todo lo que había maquinado se estaba desarrollando según su propósito. Ricardo estaba a punto de pedirle el divorcio. Pero, ella no lo sabía.

Pensaba que todo lo tenía bien atado y sin embargo, no era así. Se le había escapado un detalle con el que ella no contaba. Ricardo, era muy bueno pero no tenía ni un pelo de tonto, de lo contrario no habría llegado a realizar todos sus sueños. Lo que no estaba dispuesto a perder, era a su hija. Por su custodia lucharía hasta la muerte. El dinero, no le importaba, si una vez lo había conseguido, sería capaz de hacerlo una y otra vez, si fuera necesario.

Para el, eso quedaba en segundo plano, pero otra Clara no podría hacer. Para Blanca, sin embargo, lo más importante de la vida, era ella misma y después el dinero.

Una noche más, entró en la sala que Luz preparaba y donde ya quedaban, para charlar más reposadamente.

Pedro: buenas noches LUZ

Luz: hola Pedro

Luz: Estoy cansada, hoy no estaré mucho rato

Pedro: Vale, me gustaría oír tu voz, ya llevamos mucho tiempo en comunicación y no se como eres, o como hablas tengo curiosidad

Luz: no tengo inconveniente, aunque me gusta más así

El desconocimiento tiene su encanto. De esa forma cada uno, se forja al otro, según sus gustos o como le gustaría que fuera en realidad

Pedro: yo quería ser anónimo, y ahora quiero lo contrario, deseo que nos conozcamos

Pedro: como ya te he contado lo que me preocupaba. Ya no me importa que me veas. Somos cómplices

Luz: yo he conocido gente de la red, y me han decepcionado por eso prefiero no verte

Pedro: bueno no nos veremos pero déjame llamarte

Luz: haré una cosa te voy a dar el nombre de la peluquería y su localidad. ¿A ver como te arreglas? Jajaja es como un juego

Pedro: si tu ríete, que cuando me propongo algo no hay

quien me pare

Luz: La peluquería se llama Nuevos Aires y está en Getafe.

Pedro: te llamaré. Besos

Luz: :-X chao


Solo existía una solución, el divorcio, por más vueltas que daba a su cabeza, la única forma de acabar con aquella pesadilla era desaparecer de la vida de Blanca, para siempre. Aunque sabía que eso era imposible, existía un gran lazo de unión, que los ataba, para el resto de sus días, ese gran lazo de llamaba Clara.

Le aterraba la idea de perderla. Eso le hacía retroceder, cada vez, que casi lo tenía decidido. Irse de aquel infierno, alejarse para siempre de lo que más había querido.

La mujer, con la que había planeado pasar el resto de su vida, y que había elegido entre muchas, para que fuera su compañera y la madre de sus hijos, le había fallado. Y ahora con el corazón destrozado, tenía que deshacer todos aquellos caminos, que un día marcaron, pensando que los recorrerían y terminarían juntos.

No sabiendo por donde empezar o terminar, rezaba. Pedía a Dios que le iluminara, para que le marcara el camino que ahora debía retomar, y que no veía.

La vida le había pasado como una película, que se va proyectando en una pantalla y sin darse apenas cuenta de la trama, de pronto la cinta se rompe, y la película deja de correr, no intuyendo como será el desenlace final.
Como Luz, le había dado el nombre de donde trabajaba, y el sitio. Al terminar de charlar, no se desconectó de la red. Había progresado mucho, manejando los buscadores, por lo que no tardó en encontrar la dirección y el teléfono de la peluquería.

Cuando se acostó no se podía dormir, estaba dando vueltas a la idea de llamar a su amiga. A la mañana siguiente, quería hacerlo, pero no se atrevía. No tenía una voz bonita, y su acento podía empeorar las cosas, en lugar de darle un aire divertido, como podía suceder con otros.

Calculó que llegase la hora en que abren las peluquerías. Sobre las diez de la mañana, descolgó el teléfono marcando el número. Cuando descolgaron al otro lado, escuchó una voz femenina que decía:


 - Buevos Aires, ¿dígame?

- Buenos días, ¿está Luz?

- Hola Pedro, menos mal que he cogido yo el teléfono, si te hubiese contestado mi compañera, te diría que te equivocabas, y sonriendo dijo: - me llamo Aurora.

- También es un nombre luminoso. Es el despertar de un nuevo día. Me gusta, es precioso.

- Seguro que tu tampoco te llamas Pedro.

- Tienes razón mi nombre es Ricardo. Me puse Pedro por cambiar. Y como no soy muy original no se me ocurrió ninguno. Así que me puse uno corriente.

- Ya que sabes, donde trabajo, puedes venir un día a cortarte el pelo.

- ¿Es que se me los ves que esta largo? Y se rió

No se, algún día.

- Me ha gustado mucho oírte, un beso.

- Otro, chao

Era capaz de pasarse horas, escribiendo cosas en el ordenador, y sin embargo, a la hora de entablar una conversación telefónica, no se le ocurría nada. Por eso aquella fue tan escueta. El lo que quería era conocer su voz y por fin ya la conocía.

Le angustiaba pensar que era un soso, y tuviese una voz horrorosa. Por lo que esperaba con ansiedad conectarse a la red para saber su opinión acerca de su persona.

Le había gustado mucho, oírla, ahora ya se había hecho la idea de cómo sería. Por su voz la había imaginado una chica pequeña, morena y atractiva. Y no mayor de treinta años.

Ese día trabajó con más entusiasmo que otros, tenía ganas de que pasara la jornada, para volver a chatear con ella. Así se enteraría de que había pensado sobre él.

No la olvidaba ni un solo momento. Le había gustado su nombre, su voz, y su forma de hablar, por teléfono o escribiendo, le parecía una persona encantadora. Tenía que ser muy guapa. Eso era lo que percibía sin verla.

8-9-10

Cada vez, se planteaba con más ganas separarse de Blanca. Ahora había conocido a otra mujer que le entendía, que se portaba bien con el y le trataba con respeto. Sin embargo, eso le sirvió para complicarle más las ideas, ahora todo estaba más confuso.

Esa noche volvió a conectarse en la red, para conocer si le había gustado a Luz.

Pedro: Hola Aurora

Luz: Hola Ricardo

Pedro: Ahora ya sabemos como hablamos, tienes una voz muy bonita

Luz: La tuya es normal, grave, se nota que es de un hombre

Pedro: Me gustaría verte, pero me asusta que no te guste

Luz: ¿Por que no me vas a gustar? Ya me gustas, de lo contrario no sería tu amiga. Además yo no estoy buscando novio, eso no es para mí.

Yo prefiero tener amigos, muchos amigos, virtuales o reales

Pedro: ¿por qué no quieres tener novio?

Luz: Vivo muy tranquila, sin complicaciones, y estoy feliz.

Además con lo que veo y me cuentas, se me quitan las ganas. Aunque llegue el príncipe azul le saludo y adiós.

Pedro: Que exagerada

Luz: Que no. Bueno que ya me voy a dormir. Mua

Pedro: Muack

Cuando se metía en la cama, era incapaz de pensar con claridad, ya no podía estar sin ella, llevaban toda una vida juntos. En el fondo la necesitaba, y continuaba dando vueltas para averiguar por que había cambiado de esa forma.

El día que vio en la montaña, dirigió su camino hacia ella y nunca más se apartó de el. Entablaron una amistad, que más tarde les llevaría a compartir un futuro en común, que ahora se había convertido en pasado.

Le gustaría poder retroceder, pedir una segunda oportunidad, para corregir los errores cometidos y volver a empezar. No quería separarse de sus chicas. Viéndose empujado, con gran fuerza a ello, como si estuviera deslizándome por una pista de ski. Teniendo claro que tarde o temprano sus vidas irían por sendas muy diferentes.

No solo le agobiaba la idea de su mujer, sino la de su pequeña flor, su hija, fruto de ese amor que un día se tuvieron el uno por el otro. Pero como era posible, que con lo que estaba sufriendo siguiese amando a su mujer. Eso no lo saben ni a quien les ocurre. Es una incógnita, el amor es ciego.

A medianoche y como de costumbre Ricardo, volvió a chatear con Aurora. Cuando entraba a la sala la saludaba como Luz, pero a lo largo de las parrafadas iba acostumbrándose a llamarla por su nombre de pila.

Terminaron de charlar muy tarde, después de haber conversado por teléfono, el interés por conocerse físicamente era mutuo. Luz le pidió la dirección del taller donde trabajaba. Ricardo no se la dio, por temor a que Blanca, le descubriera que tenía una amiga.

Le angustiaba solo el pensar que le organizara alguna discusión monumental. La tenía pánico, pues trataba de le provocarle, y el siempre estaba controlándose. Y más ahora que estaba empeñada en que tenía una amante, y que la estaba engañando. Tratando de buscar esa infidelidad, para poder terminar de una vez, ganando la batalla.

En vista, que Ricardo no cedía, fue ella la que decidió darle la dirección y el teléfono de su casa. No las tenía todas consigo, nunca había revelado su domicilio a nadie en la red. Pero en aquella ocasión su corazón le decía, que aquel hombre, era bueno. Se había abierto a ella como a nadie antes. Si lo que le había contado era cierto, no podía ser muy peligroso. Tampoco saldría corriendo para ir a su encuentro, por lo tanto, tendrían más tiempo para chatear antes de la primera cita a ciegas.

Por su parte, Ricardo, quería la dirección de Luz, para tenerla localizada, no quería perderla, no se podía permitir ese lujo. El desamor le había llegado. Cuando había tocado fondo, una luz se le encendió y le llevó por un nuevo sendero, en el que un nuevo amor se estaba gestando. Empezaba a querer estar con Luz, la necesitaba ya más que a su mujer. Blanca se había convertido en su mayor pesadilla y por el contrario Aurora le daba la estabilidad, seguridad y cariño que siempre había deseado.

Parecía que era un hombre de fácil enamoramiento, pero no era así. Jamás se había fijado en otra mujer que no fuese Blanca. Y ahora, le obsesionaba la idea de conocer a esa persona tan maravillosa que tenía nuevamente en su vida.

Luz, por el contrario, era una mujer libre, con una profesión liberal, que llevaba muchos años sola, viviendo según le venía la vida y le apetecía. Había tenido un novio, pero cuando la empezó a pedir mas de lo que ella estaba dispuesta a dar, le mandó a buscar margaritas.

Acostumbrada a no dar explicaciones a nadie sobre las decisiones que tomaba, estaba cómoda en esa forma de vida. Y no estaba por la labor de cambiar ahora a la madurez. Nunca se había planteado formar una familia, ni mucho menos enamorarse. Y si alguna vez lo hubiese hecho habría sido de alguien cercano a su circulo, nunca de un hombre sin rostro.

Así que Ricardo, para ella solo era uno más en la red. No le estaba provocando ningún tipo de enganche. Además, como era veterana en esa plaza, ya había conocido más cibernautas con problemas. Le gustaba ese tipo de amigos, pues se sentía útil, pensando que estaba haciendo algo positivo. Ayudar a otros seres humanos, aunque solo fuese escuchando sus relatos, al tiempo que intentaba contagiar ese entusiasmo que tenía innato. Era una mujer llena de vida y optimismo.

11-9-10


Capitulo segundo

LIBERACIÓN

En casa se sentía segura, junto a su perro, ese imponente doberman adiestrado, para guarda y defensa. Que a la voz de una orden, obedecía como un robot. Junto a el, estaba segura, no tenía ningún miedo a nada ni a nadie. ¿Para que quería a un hombre, si ya tenía su perro?

Habían pasado seis meses, desde que Aurora y Ricardo, se conocieron. Durante todo este tiempo no se habían visto, ni siquiera por foto. El no tenía claro si quería conocerla o no. Unas veces se moría por verla y otras afloraba ese complejo de hombre maltratado, del que se avergonzaba. Temía que si conocía a Aurora, se rompiese la magia que existía entre ellos dos. Y eso era lo último que le podía pasar, perder a su diva.

A Luz, como buena mujer, le corroía la curiosidad, no dejándola dormir. Quería saber como sería aquel hombre. Se lo imaginada bajito y feo. Siendo esta la razón, por la que el, no quería darse a conocer. Por otro lado, pensaba que si fuese un hombre guapo y fuerte, no iba a dejarse pegar por una “marujona”.

Paso el tiempo, y llegó el invierno, este era uno de esos años de los que el frío era polar. Aquella helada mañana de domingo, en la que Aurora se encontraba placidamente dormida. Se vio interrumpida por unos timbrazos ensordecedores.

Los días que no trabajaba, no quería madrugar, aprovechándose de la cama hasta bien entrada la mañana. Se había ganado el descanso, después de una larga y dura semana de trabajo. Además la noche anterior había estado hablando con Ricardo, hasta muy tarde.

Abrió los ojos, y de un salto se puso de pie, el timbre sonaba sin descanso. Atusándose el cabello, dando tumbos, sin parar de andar consiguió ponerse las zapatillas. ¿Qué pasaría? - ¡Vaya prisas!. Parecía que el dedo se le había quedado pegado al timbre.

El perro bajó corriendo y ladrando, como una fiera. Se puso tan nerviosa que no conseguía ponerse la bata. -¿Quién será a estas horas? Refunfuñaba.
A trancas y barrancas, bajó las escaleras de mármol, con sumo cuidado de no matarse, pues resbalaban. Por fin llegó a la puerta. Ese camino que había hecho tantas veces, le pareció eterno con la angustia del que llamaba.

El perro ladraba desesperadamente. Aurora le puso el collar y lo sujetó. Su aspecto era muy fiero, y su fama era de asesino pero tenía un corazón muy noble. Se llamaba Pirata. Era de pura raza, color negro azulado, brillante como el carbón, tenía una marcha marrón fuego en el centro del pecho. Su mirada estaba enrojecida, y se tiró a puerta, como un lobo rabioso, parecía que se iba a comer los barrotes. Esto a Aurora le daba mucha seguridad, saber que contaba con esa maravilla de animal.

Había llovido, el cesped estaba totalmente blanco por la helada de la noche anterior. Miró a través de la verja, y allí estaba con la cara ensangrentada un hombre. La camisa desgarrada totalmente manchada de sangre, llorando, temblando por el frío y con la mirada perdida.

Le temblaron las piernas, Aurora se asustó, de aquel desconocido.

Era un hombre bastante alto, extremadamente flaco, desgarbado, con los hombros echados hacía delante. Parecía un perchero en lugar de un ser humano. Su cara era huesuda, se le marcaban los pómulos en exceso, lo que hacía que se le pronunciaran mucho más las ojeras. Parecía un águila, sus ojos de color marrón eran pequeños, estaban demasiado juntos, y su globo ocular estaba rojo por el llanto. Su nariz era la parte más prominente de su cara, su boca tenía los labios muy finos y se le podía adivinar que su dentadura era postiza.

Cuando estaba lo suficientemente cerca, me dijo:

- Buenos días, ¿Eres Aurora?

Casi no le entendía, lo que decía, hablaba muy bajito y entre sollozos.


Ella contesto:- Si. ¿Cómo me conoce?

- Soy Ricardo, por favor déjame pasar.

Me pidió. Mirándome fijamente a esos grandes ojos de color de miel.
Ella al contrario que Ricardo, era una chica muy guapa. Era alta, con muy buen tipo, y unas piernas de anuncio de medias. Lo había conseguido a base de esfuerzo y de horas de ejercicio.

En su profesión no podía dar una mala imagen, trabajando en un salón de belleza.

Su pelo era largo y teñido de un castaño cobrizo, con reflejos dorados, dándole a su cara un aspecto un poco aniñado. Su nariz era casi perfecta al igual que sus labios, con unos perfectos dientes blancos. Y su sonrisa era muy bonita. En su omóplato derecho, llevaba un tatuaje de un unicornio, en tonos suaves malva-azulados.

Y aunque Ricardo, en estos momentos no se encontraba para muchos amoríos, pensó que era una belleza, si la hubiese conocido en otra ocasión, la había intentado seducir, pero este no era el momento más apropiado, dadas sus circunstancias. Se encontraba destrozado.

Luz devolviéndole la mirada, se dio cuenta de había estado horas y horas llorando.

- No tengo a donde ir, tengo frío, el resto ya lo ves, estoy echo un poema.

- Bueno pasa.

- No sueltes al perro. Tiene un aspecto muy agresivo.

Pirata no paraba de ladrar, el olor de la sangre le había alterado, le enseñaba sus dientes blancos como la nieve, custodiados por un par de enormes colmillos, el pelo del lomo lo tenía totalmente erizado desde la cabeza hasta el diminuto rabillo.

Su ama, le ordenó: - sit, y se sentó. A continuación, le dio otra orden: - fus, y se puso a caminar a su lado, tranquilo, como si ya no pasara nada.

Ella le dijo – Muy bueno ese perro. Y le dio unas palmaditas en el lomo.

15-09-2010
Aurora no sentía miedo, se encontraba tranquila y protegida por Pirata. Asíque le abrió la cancela, y le invitó a entrar,  seguía temblando,  Aurora, nunca supo si de frío, o de terror. El miedo  que dibujaba su cara, podía ser por lo que le hubiese sucedido, o por el susto del descomunal perro.
Su mirada  reflejaba una  mezcla de odio junto con miles de interrogantes, preguntas que jamás serían contestadas y que nadie excepto Blanca, su agresora sabrían el porque.
El era un hombre bueno, trabajador, responsable. ¿Por qué le había ocurrido esto?. Eso mismo se preguntarán  millones de mujeres que son maltratadas por sus parejas. Y que algunas de ellas desgraciadamente mueren,  manos de los que en teoría, deberían ser las personas, que más las amasen, respetasen y defendiesen.
Pensaba que eso sólo nos ocurre a nosotras, pero hoy me doy cuenta de que eso no es así.  Que algunos hombres también son victimas de la violencia doméstica. Y a esa minoría además del maltrato casero, se sienten desprotegidos. Algunos además son maltratados por el resto de la sociedad. Siendo carne de sorna.
A estos infelices, les cuesta mucho más que a nosotras,  demostrar que son victimas y no verdugos. A Ricardo, yo misma, le acusé de ser el culpable. Pensaba que  Blanca se había defendido. Yo también me equivoqué.
Como le había conocido a través de internet, y allí hay gente muy rara. Me puse a la defensiva y tomé todas las precauciones que estaban en su mano.
Para evitar cualquier percance desagradable, no me separé de Pirata ni un segundo, yo no soy miedosa pero si prudente.
A primera vista, viendo aquel espectáculo, lo  primero que pensé, fue en un accidente de coche. Yo sabía que le gustaba correr, y me había contado su frustración por no haber sido corredor.
Sin embargo, fijándome mejor en su cara,  descubrí que lo que le había provocado aquella sangre, eran las marcas de una uñas largas y afiladas, junto con la marca de unos dientes en las muñecas. Más bien, parecía una pelea, y estaba claro con quien. Esas marcas que se veían, solo las podría haber hecho una mujer.
En el fondo de mi mente, le culpé de agredir a una mujer que supo defenderse. Nosotras por lo habitual, siempre somos las más débiles y por eso  desgraciadamente las perjudicadas. De manera que, la imaginación se hizo al poder.
Como Ricardo, no hablaba, solo gemía, lloraba, balbuceaba, no me contaba nada.  Para mi era el responsable. Podía ser un cobarde y a la hora de dar la cara y reconocer que era el agresor, se habrá hecho la victima para disimular.
No me fiaba mucho de él. Empecé a sospechar que todo lo que me había estado contando, durante noches enteras, era un engaño, para conseguir algo, que no acababa de descubrir. Quizás, como el sabía que yo vivía quería hacerme algo. Yo notaba que tenía gran empeño en venir a mi casa. Sospeché que intentaría robar o algo así, no podría dejarle solo ni un segundo, todo el rato tendría que estar vigilándole. Pero ahora con esto, todos mis argumentos se habían disipado en el aire.
También puede ser, que haya pegado a su mujer y la pobre se ha defendido. Eso sería lo más lógico y normal, pues siempre andaban discutiendo y después de aquello le había puesto de patitas en la calle. La cosa era muy normal. Y ahora venía a mi, con la piel de cordero pidiendo ayuda.
La otra posibilidad es que hubiese intentado agredir a alguna inocente chica, y que esta se hubiese defendido, con uñas y dientes y nunca mejor dicho. Y para mis adentros Me preguntaba.
-         ¿Tendré un violador en casa?
Todo era muy confuso, era la primera vez que le veía, y la situación era bastante extraña.
Por otro lado, tenía miedo. - ¿Estaría escondiendo a un delincuente y la policía le perseguía?, ¿le habría seguido hasta aquí,  y estaba protegiendo a un sospechoso?.
Yo sería su cómplice, por haberle ayudado,  y escondido. Podía acabar dando con mis huesos en la cárcel, por su culpa, sin comerlo ni beberlo. -  No vuelvo a chatear. Pensé.
Para evitar más conjeturas le hice un interrogatorio.  Que parecía  de tercer grado, en lugar de una amiga, era la comisario. Le inquirí:
-         ¿Que has hecho? ¿Qué ha pasado?
El no contestó nada, simplemente me abrazó y continuó llorando. Así no habría forma de enterarme de nada. Su llanto cada vez era más amargo. El caos mental era tremendo, no entendía nada, no sabía nada, y empezaba a ponerme cada vez más  nerviosa.
Aún no habíamos entrado en la casa. Estábamos de pie en el porche que rodeaba la casa, y el frio se metía por cualquier rendija que estuviese abierta. Y no estábamos muy abrigados, ninguno de los dos. Podríamos coger una pulmonía.  Así, que le dije:
-         Suéltame que vamos a entrar.
Colgado de mi cuello,  no  me soltaba. Podía estar  en los brazos de un asesino, un loco, de un violador. O peor aún , de las tres cosas.
Era urgente saber la verdad. Sabía  que tratándose de la red podía pasar cualquier cosa.  Tampoco debía acusarme  pues no  sabía nada.  Ni siquiera era conocedora de si yo estaba en peligro. Por dentro el terror iba en aumento. Lo que era seguro es que una mujer le había arañado y mordido. Y yo estaba sola, bueno con Pirata, y eso era todo lo que podía desear.
Solté al perro de la correa, prefería que estuviese libre, para que pudiese obedecer mis ordenes si ningún impedimento. Pirata, aunque suelto no se despegaba de mi pierna.
Tenía abrazado a Ricardo por un lado, y al perro suelto al otro. Cuando Ricardo se dio cuenta de que el perro andaba suelto, no se separó de mi.
-         Por favor ata a ese perro.
-          No te preocupes sin ordenes no muerte. Aunque si ve que alguien me hace daño también ataca, sin ellas.
Entramos en casa atravesamos el pasillo, que estaba lleno de plantas, a mi me encantan, parecía una selva tropical, había de todas clases, hasta orquídeas. Era una especie de invernadero muy luminoso gracias a las paredes que estaban acristaladas.
Abrí la puerta que daba al salón, la chimenea estaba casi apagada, moví el rescoldo, puse unos leños de encina y al poco tiempo, empezó a arder.
 Encender la chimenea era lo primero que hacía cada mañana, en invierno, cuando bajaba a desayunar. Pirata estaba tumbado al lado del fuego, mientras yo lo entonaba.
Detrás de mi venía Ricardo. Se dirigió al sofá y se sentó, todos los movimientos eran tan sigilosos, que parecía que no moviera ni un músculo, no se atrevía ni a pestañear. El perro no le daba ninguna confianza
Le di una caja de pañuelos y me marché a la cocina para preparar una tila. Acompañada por Pirata, que nunca se separaba de mi.  En principio, la tila que iba a preparar era para Ricardo, pero me hacía más falta a mi que a el. Como me imaginaba que beberíamos mucho, casi preparé un cubo de infusión.
Tenía que conseguir que la tranquilidad reinase. De lo contrario hablar  sería imposible. El caso, es que aunque no le conocía demasiado, parecía que era  una buena  persona. Me lo había transmitido a través del chat. Mi intuición no solía defraudarme. No debía pensar mal, hasta conocer su versión. Pero reconozco que la situación era confusa y muy rara.
Una vez, que consiguió parar de sollozar, me confesó que el perro le tenía aterrado, y que yo tampoco parecía estar muy bien de la cabeza. Una mujer sola, viviendo tan lejos de la ciudad, y  como único compañero, un perro.
Mientras preparaba la tila me preguntaba.  ¿Por qué habrá haber venido a mi casa?. Si nunca  me habían visto antes, que era lo que le atraía. No se imaginaba que Ricardo estaba enamorado de ella, por eso deseaba fervientemente estar a su lado.
Ricardo, pensaba, que aunque no era el mejor día  para darse a conocer, aún así, merecía la pena. Si, yo le había gustaba por la voz ahora le parecía muchos más guapa que se había imaginado y  a la vez que inteligente, aunque eso ya lo había deducido, a través del chat.
Cuando  volví al salón el seguía, en la misma posición en que le dejé, estaba allí hecho un mar de lágrimas, sentado en una esquina y mirando al suelo.
Y pensé: - ¿Cómo un hombre tan peligroso, va a llorar tanto? Tan amargamente y sin consuelo. ¿Sería que le  remordía la conciencia?.
Aurora, me dije a mi misma:
-          Ya vale. No seas fantasiosa.
No le había intentado limpiar ni curar, hasta no enterarme de  lo que realmente había ocurrido. En el rato que tardé en preparar la tila, había estado imaginando demasiadas cosas y a cual peor y macabra.
Ricardo a sorbitos se bebió la tila, y poco a poco se fue tranquilizando y empezó a relatar su historia.
Yo, cada tenía  los ojos más abiertos, no dando  crédito a lo que estaba escuchando, aquello era como una película. No era posible que eso fuese cierto. Los cotilleos de la peluquería se quedaban cortos al lado de esto. Incluyendo los culebrones venezolanos.
-          Me ha pegado mi mujer. Nos hemos peleado  como otras tantas veces. Y ella me ha agredido nuevamente. No sabe discutir sin pelear, es muy agresiva, en seguida saca las uñas. Tu desconoces parte de la historia, la oculto, estoy avergonzado, no quiero hacer el ridículo delante de nadie y menos de los amigos. Llevo mucho tiempo sufriendo un infierno.
Te preguntarás porque he venido a tu casa en lugar de la de mi hermano Esteban o mi colega Juan.  Ya que es  con  ellos con los que suelo estar, y tengo más confianza. Tan fácil como que no tengo valor para  reconocer que soy un hombre maltratado y que mi esposa es mi agresora. Tu eres diferente, me comprendes, por eso te quiero, y te he elegido.
Has tenido mucha paciencia al pasar noches leyendo mis lamentos a cambio de tu sueño, eso para mí no tiene precio, por lo que te estaré eternamente agradecido.
Supongo que las mujeres que son maltratadas por sus parejas tienen miedo. Nosotros somos físicamente más fuertes y podemos hacer mucho más daño. Los hombres que somos maltratados por nuestras parejas, no queremos defendernos usando la fuerza. Sería lo más fácil, y pasaríamos de un lado al otro. Es decir, de maltratado a maltratador, y no quiero hacerla ningún daño.
A mi más que las heridas, lo que me duele es el alma, ya que me quiere robar lo que más adoro en esta vida,  que es mi hija. Ella no la quiere y nunca la ha querido, ahora solo la esta utilizando en mi contra.
Por lo que me da reparo contar a nadie lo que me pasa. Por esa ridícula manía de ser el sexo fuerte. No se, si existen asociaciones de hombres maltratados. Pero si la hay alguna,  suena a que todos sus miembros son unos “calzonazos” y no unos caballeros, que es lo que son realmente.
Yo, me considero eso, un caballero, y en esta ocasión necesitaría la ayuda de otros hombres que estén o hayan vivido esta situación. Estoy muy perdido. Si existiese una asociación de hombres maltratados yo acudiría. Si no la encuentro, seguro que crearé una.
Aurora, empezaba a tener mucha pena de Ricardo. Lo que nunca le había dado. Se sentía culpable por su malos pensamientos. Cuando todo volviera a la normalidad, le contaría que pensó de el que era un loco.
Ricardo seguía contando su historia sin parar, de repente ya no había quien le frenara.
Cuando nos conocimos, ella era una chica que trabajaba en una agencia de viajes. Normalmente iba con los amigos que ella seleccionaba muy concienzudamente.



20.10.10
-         Los elegía, intentando colarse en una  clase social más alta que la suya, quería casarse con un universitario de buena familia. Por lo que  aparentaba lo que no era, y aquello no resultaba, pues la gente se daba cuenta de sus pretensiones. Se movía en los círculos de los que no formaba parte, como si hubiese nacido en ellos.


Como no era muy popular entre los chicos. Decidió salir conmigo.  Me introdujo en su grupo de amigos y me pidió, que hiciera cosas que no eran habituales en mí. Pensaba que llevando un novio sería más fácil, que el chico que le gustaba se interesara por ella.


Yo, con tal de complacerla hacía lo que me pidiese. Siempre fui utilizado por ella. No dándome cuenta de que tenía una venda en los ojos que no me dejaba ver la realidad, estaba ciego de amor.


Podía permitirme el lujo, de llevarla a sitios caros, restaurantes de lujo, que a ella tanto le gustaban. Le hacía regalos caros,  joyas o algo de marca. Lo  que los demás, al ser estudiantes no podían.  Hoy, me doy cuenta, que solo le gustó de mí, mi cartera. Yo en aquella época ya ganaba bastante dinero y como no tenía otros gastos podíamos disfrutar de todo lo que nos apetecía.


Cuando nos casamos, todo iba bien, pero me dijo que no le gustaba el barrio donde yo tenía mi piso y mi trabajo.


A mi me parecía que el sitio. Que ella había seleccionado demasiado elegante para nosotros. Pero adelante si todo era para mejorar. Al fin y al cabo podíamos permitirnos ese gasto. Nos compramos una bonita casa a las afueras de la ciudad en un barrio residencial, probablemente de nuevos ricos, igual que ella. Yo nunca me consideré así, siempre he sido un trabajador.


Para ir a trabajar era una excursión diaria, tenía que madrugar mucho más que antes, aguantando las eternas caravanas.  Pero, la quería y  siempre le decía que si, a todos sus caprichos. Lo que más me importaba hacerla feliz.


-         Era un chalé adosado, tenía 3 pisos. En el sótano estaba el garaje y la bodega. En las plantas superiores el salón, baños y demás habitaciones.  Con un jardín  muy pequeño pero muy acogedor. allí me pasaba los domingos segando, plantando, abonando, en definitiva haciendo de jardinero. Hacía todo, menos lo que me gustaba hacer, jugar con mi play.


Cuando empecé a trabajar, soñaba que si algún día tenía un poco de dinero, me compraría un coche para correr en rallyes y con lo único que había conseguido era correr con la segadora. 


Por lo que había llegado el momento de comprarme el coche que deseaba, y tarde o temprano sería mío.


Trabajo muchas horas al día, para que a mi familia no le falte de nada. Y estoy muy orgulloso de donde he llegado, con mi esfuerzo. Sin haber estudiado nunca, por falta de medios, he llegado  tener mi propio taller. Esa era la meta que me había propuesto, y ya la he  alcanzado. Provengo de una clase humilde, y estamos acostumbrados a luchar para conseguir las cosas, nadie regala nada a nadie, y todo tiene un precio, pero el que he tenido que pagar yo ha sido demasiado alto. El salir con una chica que esquiaba fue mi error, debía haber  invitado al cine a la hija de la panadera de mi barrio que era bien guapa.


La de Blanca también lo es, pues su padre cuidaba de una portería. Muerta de envidia, quería ser igual a las señoritas que vivían en la finca. Y en cuanto pudo se le subieron los humos. Siempre estuvo acomplejada con ese tema, tanto es así que llegó a repudiar a sus padres, con el fin de que nunca los vecinos supiesen nada de ellos. Jamás vinieron a nuestra casa, siempre les ponía alguna excusa para evitar su visita, y éramos nosotros los que íbamos a sus casas. No podía permitir que un vulgar coche aparcara en la puerta de casa.


Cuando salíamos con algunos vecinos, todos recordaban viejos tiempos, se reían mucho contando anécdotas pasadas. Ella se ponía en la piel de aquellas chicas que había conocido cuando era joven. Yo, por el contrario no abría la boca.


¡Que pena! No entiendo como podemos ser tan ignorantes, y yo el primero por haberlo consentido.


Mientras yo seguía relatando mi historia, ella continuaba poniendo mucha atención. Esto era mucho más interesante de lo que ella podía haberse imaginado, cuando me vio lleno de sangre.


Yo, como buena peluquera, hablo por los codos, pero en esta ocasión Ricardo me ganaba.  Seguía hablando sin parar, todo el tiempo que había pasado callado, sufriendo en soledad. Lo estaba soltando como si fuese una ametralladora.


-         No me   daba  cuenta  al estar  locamente enamorado de ella,  pero Blanca, jamás me quiso, solo le interesaba mi dinero, por lo que  poco a poco empezamos a tener diferencias.


Los vecinos que eran una personas muy amables, esos si que tenían clase. Al instalarnos nos invitaron a cenar para darnos la bienvenida. Ella tenía una galería de arte y el era abogado en la asesoría jurídica de un gran banco. Durante la velada hablamos de muchas cosas, llevando siempre Blanca la voz cantante. Esa noche me di cuenta de que todo lo que estaba contando era exagerado y lleno de mentiras.


Esa noche me  di cuenta, que la mujer con la que compartía mi vida era una mentirosa. Cuando me preguntaron a que me dedicaba, me pegó una fuerte patada por debajo de la mesa y  ella respondió, de forma muy cursi, por mí:
 - Mi esposo es empresario.


-         No me dejó contestar, por si decía que  mecánico.


El cardenal de la patada me duró varios días.


-         El remate fue, cuando un día al llegar a casa.  Vi que había comprado una secadora, yo le pregunte:
- ¿Para que has comprado una secadora?



24.09.10



Nuestra casa tenía adosada a la zona norte de la cocina, una parte dedicada a tendedero, donde también estaba la lavadora y una pequeña pila, allí fue donde se instaló el nuevo electrodoméstico.


Blanca me respondió:
-         A veces llueve, sobre todo en invierno no da tiempo a que se sequen las prendas.


La verdad, es que como la respuesta me pareció sensata no le di más importancia al asunto y me olvidé.


Pasado algún tiempo, me di cuenta que siempre que lavaba mis monos, jamás los tendía en el tendedero. Un sábado por la mañana lucia un sol radiante, y puso en marcha la secadora, yo la paré.


La llamé, Blanca. ¿Por qué no tiendes en el jardín? Hace sol.
Es que tarda menos y me he acostumbrado a usarla.
No hay prisa, tenemos todo el fin de semana por delante. No me des más excusas, todo el resto de la colada está tendido, menos esto.
Pulsé el botón de la secadora para parar la máquina y abriendo la puerta, saqué  muy enfadado, los monos azules del trabajo y los tendí en las cuerdas.
Sus ojos se pusieron rojos de ira, y como una leona enfurecida y los arrancó de malos modales tirándolos al suelo.


-         No quiero un mecánico por marido. No te quiero y nunca te he querido, y no te soporto más. Si del amor al odio hay un paso, yo ya lo he dado.


-         Cuando Ricardo oyó aquellas palabras, fue como si le tirasen un jarro de agua fría encima. Que duro. Que fuerte, nunca pensó que esas palabras pudiesen doler tanto. Le habían clavado una espada en el corazón, que le salía por la espalda. Le parecía más terrible todavía, que hubieras sido la mujer por la que había dado todo.
-          Que cruel era. Y que ciego había estado durante tanto años. O lo que es peor, que imbécil. Como le había estado engañando, y el tan feliz, sin enterarse de nada. Blanca, era una profesional de la mentira.


Al quitarme la venda de los ojos, empezamos a discutir como jamás lo habíamos hecho. Salieron a relucir todos los trapos sucios. Que su padre era un portero y mi familia era trabajadora, que todos éramos normales, excepto ella. Que la que, no lo era, era ella. y mil cosas más. Le dije que, que yo si estaba orgulloso de la mía, aunque fueran obreros.


Si ella se avergonzaba de su estirpe, yo estaba orgulloso de la mía.


Desde ese día  todo cambió, si se dignaba a  mirarme lo hacía con desprecio. Se negó a realizar las taréas domésticas que compartíamos. Solo se hacía su cena.   Me borró de su existencia. Solo se  dirigía a mi para las cosas imprescindibles. Me tuve que hacer cargo de todas las tareas domésticas y de la niña.
Porque espantaba a las chicas que contratábamos para la limpieza de la casa.


Empezó a venir mucho más tarde de la oficina. Salía con sus compañeras que estaban solteras y no tenían obligaciones al terminar su trabajo. Al principio me llamaba para avisar, y que vendría más tarde, luego dejó de hacerlo.


Llevaba a Clara a la guardería. Cuando cerraba el taller sobre las siete de la tarde, volvía corriendo para  la recogerla. Si en alguna ocasión la llamaba para que fuese ella a por Clara, nunca podía. Si yo no iba se podía quedar a vivir en ella, por lo que tuve que optar por cerrar antes el taller.


Llegó un momento que cuando intentaba hablar con ella de la situación era imposible.  No podía dirigirle la palabra, la falta de respeto era total, me insultaba y decía de todo lo que quería y nada era bueno, sino todo lo contrario. Incluso de vez e cuando me lanzaba algún objeto, menos mal que tenía mala puntería, sino ya me habría matado.


Viendo el lado positivo del asunto, cada vez que se rompía algo, era un trabajo menos que hacer.


Nuestra hija, también era un estorbo para ella. Solo pensaba en jugar, y que le contásemos cuentos. Y para ella eso era un fastidio.
Le entusiasmaba la idea de volver a ser soltera, y sentirse joven coqueteando con otros hombres. Tenía que amortizar la operación a que se había sometido.


-         Un día llegó un escrito del banco que habían devuelto la letra de la casa, fui para hablar con el director, y me enteré que la cuenta estaba vacía. Se gastaba todo el dinero, más rápido de lo debido. Un día, por casualidad.


A la hora de cenar, le pregunté que porque faltaba dinero en la cuenta, se negó  a contestar. Y me dijo:


-         Te informo que he puesto un anuncio en un periódico gratuito para buscar servicio doméstico, por lo que mañana llamará mucha gente.


Al día siguiente llegué a casa como de costumbre y sonó el  teléfono, yo pensaba que sería por lo del trabajo pero no, era Adela, una de sus compañeras del gimnasio. Me pidió que le dijese a Blanca, que cuando volviese a casa la llamara para darle el número del teléfono de la bruja.


Como de eso no sabía nada. Me interesé por el tema, y me dijo que Blanca se pasaba allí las tardes, para averiguar el presente y el futuro. Y que Miss Gold era buenísima. Así fue como me enteré que estábamos haciendo rica la vidente. Por lo que nuestra cuenta estaba cada vez más vacía y supongo que la de la bruja más llena.




Todo esto, entre historia e historia Ricardo seguía llorando como un niño, tanto es así que tuve que traerle un rollo de papel higiénico, porque los pañuelos se habían terminado.


Después de toda esa explicación. Aurora se sintió más reconfortada y le dijo que aunque sintiera vergüenza, que hiciese como lo hacen las mujeres que se encuentran en esa situación. Denunciar.


-         ¿Por qué te ha pegado?


-         El viernes pasado, tuve que ir a buscar a mi hija a la guardería, no dándome tiempo a terminar un trabajo que debo entregar el lunes a primera hora. Por lo que he madrugado y me ido al taller. De regreso a casa, me estaba esperando asomada a la ventana. Viéndome que hablaba con el vecino, se ha debido de poner cardiaca. No puedo hablar con nadie y menos con traje de faena.


Casi no me ha dado tiempo de entrar por la puerta. Como si le hubiese dado un ataque de locura, con la cara desencajada, y la mirada fuera de si,   me ha preguntado de muy malas maneras.


-         Torpe, descerebrado, inútil ¿Cómo se te ocurre ir con esa pinta de indigente, por el barrio?. Y como al señorito, le parecía poco, se ha paseado por el barrio para lucirse.


-         Sin pasar por casa, había ido a comprar el periódico y el pan, así me ahorraba volver a salir más tarde. No pensaba que esto la pondría en ese estado.


Y Sin darme tiempo a abrir la boca. Se ha lanzado a mí cara, como una gata salvaje, con las uñas fuera arañándome, de esta manera. A la vez, que gritaba e insultaba.
La he sujetado por las muñecas, para que no me arañara más y me ha mordido para que la soltara, por eso tengo sus dientes marcados.


Viniendo hacía tu casa, he pensado,  que su enfado podía deberse a que al irme muy pronto de casa, se había puesto celosa. Imaginando que iba de casa de otra mujer, por eso me esperaba en la ventana y viendo, que eso no era así, le ha dado tanta rabia de equivocación, que ha reaccionado de cualquier manera. Para soltar toda ese odio que lleva dentro.


No puedo más, no puedo más. Lloraba el sufrido esposo.


Pasado un tiempo, se empezó a encontrar bien y Aurora le aconsejó. No siendo amiga de dar  consejos en aquella ocasión le pareció que era lo mejor que podía hacer. Ricardo los necesitaba, andaba muy perdido, sin saber donde ir.


De lo único que me arrepiento, es que si en lugar de un hombre hubiese sido una mujer, no hubiese  desconfiado tanto, ni imaginado tantas cosas malas sobre aquella inocente persona de reparar mi error le dije:


-         Yo no se mucho  de esto, pero si me ocurriera algo así, me iría a urgencias a que me curasen y después pondría una denuncia.


Yo estaba en el sofá, enfrente de el, sentada con las piernas dobladas, y rodeadas por mis brazos.  Escuchándole con mucha atención. Pirata, estaba tumbado debajo de mí.
 Estuvimos  conversando  alrededor  de  cinco   horas  aproximadamente, por lo que acabamos con toda la tila.


No oponiéndose a mi idea, se levantó. Pirata, como un resorte, hizo lo mismo. Yo le dije. – Sit, el obedeció a la primera.  Me puse en pie, para acompañarle hasta la puerta. Sin palabras nos entendimos perfectamente. Sabía que se quería ir. Ya en la cancela del jardín de dio un beso. Sonriendo me dio las gracias.


Como yo había cambiado de opinión sobre el en unas pocas horas, ojalá le cambiara la vida igual de rápido.


-         ¡Suerte!. Espero que me mantengas al corriente, llámame si necesitas algo.


Pasaron muchas horas, al principio las contaba, luego ya se me olvidó. No sabía nada de él. Si esto hubiese pasado ahora, estaría enterada gracias a los teléfonos móviles, pero en aquella época, aún no existían.


 Yo estaba impaciente, por recibir noticias suyas,  tras una larga espera, de madrugada, volvieron a llamar al timbre. Estaba segura que era el, a esas horas no podría ser otro. El perro salió ladrando como de costumbre, pero al verle le reconoció, e inmediatamente sin necesidad de decir nada, se calló.


Regresó a mi casa en  cuanto le fue posible a decirme todo lo ocurrido.  Fueron muchas horas, todas las que el estuvo en urgencias esperando que le atendieran. Más tarde, le entretuvieron en la comisaría allí también paso mucho tiempo, haciendo la denuncia. Era normal la tardanza, pues  se debía a todas esas horas de burocracia. Añadiendo además el tiempo de ida y vuelta desde su zona a la mía. Estábamos a más de sesenta kilómetros de distancia.




Le abrí la puerta. Esta vez, mucho más tranquila. A el también se le veía más equilibrado, incluso el perro estaba contento de verle. Empezó a mover el rabito, y ya no ladraba.


Le invité a pasar y volvimos a la situación del principio, al salón para charlar.


-         ¿Qué ha pasado? Le pregunté.


-         Se han portado muy bien conmigo. Yo tenía miedo a que se riesen de mí. Eso no había forma de superarlo. A partir de ahora supongo que mejorará ese complejo. Ya he dicho muchas veces: - Mi mujer me maltrata.


Todo lo contrario a lo que yo esperaba. Han sido muy amables.  Me ha recibido una policía que me ha hablado con mucha delicadeza y cortesía. Lo mismo que en el hospital.


Me han recomendado que vuelva a mi casa, de lo contrario puedo incurrir en abandono de hogar, y eso sería nefasto. Si una vez en casa, tengo problemas que les llame. Estoy bajo amenazas de muerte, por lo tanto tengo protección oficial.
Si fuese mujer, me hubiesen enviado a una casa de acogida a mí y a mi hija. Pero siendo hombre, esto no esta contemplado.



01.10.10


Me enseñó todos los informes médicos, donde aparecían todos los datos. También traía la denuncia que había puesto en la policía,, en ella se podía leer que estaba bajo amenaza de muerte.


Nuevamente, volví a la cocina. Esta vez sola,  el perro se quedó en el salón, tumbado cerca de la chimenea. Ricardo ya lo había conseguido, Pirata  se dejó acariciar su pequeña cabeza, convertiéndose en su amigo. 


Preparé más tila, esta vez iría acompañada de unos bocadillos, no habíamos comido nada, y aunque su estómago no estaba para muchas fiestas, el mío rugía como un león. Debíamos comer algo.


Trató de contarme con más detalle lo ocurrido, pero no le fue posible, cada vez que lo intentaba, se le ponía un nudo en la garganta, no permitiendo salir  el menor sonido por su boca. Comenzando de nuevo llorar convirtiéndose  en un  mar de lágrimas.


-         Mejor no me cuentes nada, y cuando te encuentres más tranquilo, lo intentas.  Debes hablar solo, cuando tu cuerpo te lo pida. Yo espero,  no te voy a presionar para que me digas nada. Tu decides, cuando lo quieres, y como lo quieres.


Me levanté puse música para intentar crear unn hambiente más acogedor y relajado.


-         Soy tu amiga, y para eso estamos los amigos, para cuando hace falta.


Cuando terminaron de tomar aquel ágape  que Aurora había preparado, decidió que era el momento de marcharse, a su casa. Aunque en el fondo no hubiese vuelto jamás. Recordó a su hija, y solo por ella merecía la pena volver. Esperando que muy pronto los dos, saldrían para siempre de allí.


-         No me quiero marchar  pero debo volver a mi casa, de lo contrario  si ella denuncia que me he ido, perderé los derechos por abandono de hogar, ruego a Dios  que no haya hecho alguna de las suyas. Que no las tengo todas conmigo.


Se marchó a su casa, pero fue demasiado tarde. Pasaron varias semanas sin noticias suyas. Estaba impaciente por saber que ocurría con  aquel culebrón pero me aguanté las ganas y esperé. No podía llamarle, segura de que en breve se pondría en contacto conmigo.


Cuando me llamó de nuevo, ya tenía las nuevas noticias, eran despeluznantes como de costumbre. Me pidió que entrara al chat para contármelo, por teléfono era imposible, no  podía.


Esa noche, Aurora entró en la red como nunca lo había hecho antes, estaba ansiosa por saber como había terminado aquello. Desgraciadamente para Ricardo, aquella epopeya seguía para peor.


Ricardo, le contó que había ocurrido lo que se temía se temía. Aquello no había quedado así, cuando llegó a su casa, había sorpresa.  Blanca, le esperaba denuncia en mano, con una sonrisa de oreja a oreja.


-         Ya me he enterado de donde vienes, yo también he ido a la policía a denunciarte por malos tratos, por lo que me he defendido, y le enseñó unos moratones en la cara y los brazos. Se habría golpeado contra una puerta o algo así. Esto no era una mujer era un demonio.


-         Y para que te enteres, soy mucho más rápida y lista  que tu.  Ya he contratado un  abogado, y dos intimas amigas mías, serán mis testigos. Todo lo tengo atado y bien atado.






Riéndose y con aire burlón le dijo con voz amenazante:


-         Te voy a hundir, y luego acabo contigo.


La verdad es que nunca supe porque yo, y no otra persona fue la elegida para sus confidencias, era un hombre muy  conocido, tanto por su palabra como por su trabajo.


Años más tarde me di cuenta que tenía un carácter ejemplar, le recuerdo siempre de buen humor, simpático y amable. No se solía enfadar, vivía cantando, y silbando. Hasta que le apagaron su alegría. Esta es una especie en extinción.  Siempre dispuesto a ayudar a quien le necesitara, y no era capaz de matar una mosca.


  Estando fuera  de su circulo de amigos, yo me  consideraba una conocida, y sin embargo, tuve el honor de ser la elegida. Quizás teníamos algo en común, aunque evitando ser vanidosa no lo voy a mencionar. Evitaré parecerme a Blanca.


Pasaron varios meses y un día vino a casa a enseñarme el acuerdo de separación, que como yo suponía no se había firmado. De modo que irían a juicio.


Se buscó un abogado yo no se si bueno  o malo, nunca supe quien era y aunque me hubiera pedido una opinión nunca se la hubiera dado, primero por falta de conocimientos y otra porque en algo tan importante, como es una separación yo no me quiero meter y menos cuando hay menores por el medio.


Lo que si me pidió es que asistiera al juicio como su testigo, ya que yo conocía la historia de primera mano.


Yo le había escuchado en muchas ocasiones, y en alguna de ellas me había permitido el lujo de darle algún que otro consejo, pero ahora era distinto, estaba en juego una familia, siendo esta situación muy delicada, yo no me quería entrometer.


Yo le dije, que como ya todo había salido a la luz, que se lo debía pedir a alguno de sus hermanos. El me dijo que era mejor que no fueran familiares suyos, y que lo único que el quería y por lo que lucharía era por conseguir la custodia de Clara.


Como el no tenía testigos, por haber ocultado siempre su desgracia, le costó mucho encontrar uno, consiguiéndolo después de mucho esfuerzo, pero algo falló, porque perdió el juicio y le dieron la custodia a la  madre.


15-10-10

Las mujeres que Blanca, llevó al juicio como testigos, las presentó como sus intimas amigas, siendo la primera vez que Ricardo las veía. Eran unos testigos falsos, el por el contrario, consiguió que un amigo de verdad de cuando era joven testificara en su favor. Pero a veces la justicia se equivoca, y este fue uno de esos errores.

Perder a Clara fue lo peor que le podía haber sucedido. Había perdido a su familia, su casa se la cedieron a ella hasta que la niña tuviese mayoría de edad.
El cincuenta por ciento del negocio se lo llevó ella. Y para colmo antes de que pasara todo aquello, ella vació las cuentas bancarias.

Se sentía defraudado por la injusticia, el era el sufridor, el era el maltratado, el agredido, y era el que debía marcharse de su casa, el que perdía  a su hija.

Eso casi le mató, pero decidió que debía luchar por todos los medios hasta conseguir la custodia de su hija, el sabía que con ella estaría mal cuidada. Como no estaba conforme con el juicio apeló, con tan mala suerte con una jueza que volvió a perder, incluso se dirigió al Defensor del Menor, pero las sentencias son inamovibles.

Tuvo que abandonarlo todo en un corto plazo de tiempo, y como no tenía otro lugar donde ir, volvió a su casa paterna en Vallecas, cerca de donde tenía su taller.

 Al tener Blanca la mitad del negocio y hacerse su socia  le seguía haciendo la vida imposible. Se metía en todo sin conocimientos suficientes. Ricardo como seguía estando cerca de ella, seguía desesperado, para paliar la situación la  propuso que se quedara con el negocio. Comprándole sus acciones, pero como ella no quiso, después de dar muchos problemas la convenció y lo pusieron a la venta.
 Los clientes se fueron marchando y el volvió a entrar en ese penoso estado del que nunca había conseguido salir del todo.

Como la nave estaba alquilada, y el taller estaba totalmente montado, en lugar de venderlo, lo traspasó. Durante varios meses lo tuvo anunciado en revistas y periódicos, de los que se insertan los anuncios de forma gratuita. En vista de que no lo conseguía, llegó a un acuerdo con Juan.

Tratando de no echar a perder lo que había conseguido, se lo traspasó a Juan, su compañero. Y el fue contratado como empleado. A Blanca le dio la parte que le correspondía de la venta y el se quedó con la suya, que a su vez sin que ella lo supiera se quedó en el negocio. Fue una forma de salvar la situación. Al ver la clientela que el taller volvía a funcionar, empezaron nuevamente a venir como lo habían echo antes.

Para el traspaso y la tramitación de  documentos contrataron una gestoría de mucha confianza que además tenía despacho de abogados.

 Por fín se deshizo de Blanca en la parte laboral.     

Tras pasar, tardes enteras con Ricardo y con su hija en mi casa, se consolidó la amistad que desde tiempo atrás se estaba creando. Fue tan fuerte el vínculo, que nunca desaparecería, aunque estuviésemos distanciados en el tiempo, debido a cambios de trabajo y casa.  Nos dejamos de ver, pero nunca perdimos la magia existente entre los dos.

Aquella historia se desvaneció en el tiempo y años más tarde por avatares de la vida, le he vuelto a encontrar. Y lo peor, es que su culebrón pasados  casi quince años, aún sigue en vigencia.

Blanca se llevó a vivir con ella una sobrina para que se hiciera cargo de la niña, ya que a ella los niños no le gustaban. Tras la separación empezó su nueva vida de soltera. Juerga por acá y viajecito por allá.

 Algún antiguo vecino, le dijo a Ricardo que cambiaba a menudo de novio, cosa que le molestaba, no se muy bien si a causa de los celos, o del mal ejemplo que podía dar a su hija cuando creciera un poco, o por la falta de afectividad que le prodigaba.

Como tenía unas días en régimen de visitas y la niña apenas tenía dos años, venía a mi casa. Era una preciosidad, estaba rellenita, tenía el pelito corto y muy negro con unos grandes ojos oscuros. Como a todos los niños a esa edad, estaba para comérsela. A mi me gustan mucho los críos por lo que disfrutaba mucho jugando con ella. La subía encima de Pirata como si fuese un caballo, y se reía sin parar. Me encantaba que vinieran a visitarme.

Su padre nos observaba y se sentía feliz viéndonos jugar, eso hizo que se hiciera ilusiones, querría haberse casado conmigo. Me decía:

- Has jugado más con  mi hija en este tiempo que su madre en toda su vida.

 Pasaba tardes enteras en mi casa, en verano por el calor y en invierno por el frío. Clara era demasiado pequeña para poder llevarla al cine o alguna hamburguesería como hacen otros padres divorciados. Además estaba muy mal de dinero.

El taller se traspasó de una forma ficticia, por lo tanto no había ganado nada en la operación. Al estar nuevamente el negocio empezando, los beneficios eran pocos, y solo recibía el cincuenta por ciento de los beneficios, ahora tenía un socio. Además tenía que pasar cierta cantidad de dinero a Blanca para la manutención de la niña.

Por las cosas que me decía, me di cuenta que su interés por mi iba en aumento. Yo le quería mucho como amigo nada más, y lo que menos deseaba, es que ahora se llevara un golpe sentimental por mi culpa.
Le hice ver, que a mi me gustaba estar soltera y que no me pensaba complicar la vida con nadie. Y después de lo que le había ocurrido a el, mucho menos. De forma que poco a poco se fue dando cuenta,  que yo no tenía ningún interés por el.
Dejó de pedirme que le acompañara a bailar a esos sitios donde acudía gente separada o divorciada, que en aquel momento, estaban en boga.

Cuando se casó, perdió todos sus amigos, por lo que ahora no tenía con quien ir a ningún sitio. Los fines de semana que no tenía a Clara, decidió ir solo a esas discotecas.

Se apunto a unas clases de baile con la idea de conocer alguna chica. Y tenía una pareja de baile, que le asignaron, pero que a el no le gustaba. ,Era muy maja pero no era su tipo.


17-10-10


Una noche que estaba en la barra tomándose una copa, vio entrar a una despampanante morena, con el pelo largo, alta y con una vestido rojo. los ojos se le abrieron como nunca le había pasado, y le hicieron chiribitas.

Se tomó una copa, y otra, y cuando su timidez había desaparecido, se dirigió a ella, y le dijo.

-          ¿Me enseñas a bailar? Yo No se, pero contigo seguro que aprendo. ¿Te atreves?, pero ten cuidado que piso.
-          A la chica le hizo gracia, y bailaron.

En el fondo no lo hacía tan mal.

-          ¿cómo te llamas?
-          Sonia.
-          Encantado, yo me llamo Ricardo.

A la chica le gustó, era feo pero alto y simpático. Ella también era alta y tenía dificultad para buscar pareja. En ese sitio solían ir hombres más bien bajos.

Pasaron varios meses y un día me llamó que quería presentarme a alguien muy especial para el. Vino a casa a merendar con un bellezón de mujer. Ella también era una victima de los malos tratos, estaba separada y tenía dos hijos un chico y una chica. Eran más mayores que su hija.

     No estaban viviendo juntos, pero ella no estaba conforme solo con eso quería arruinarle por completo. Y como decía ella solo seré feliz cuando consiga dejarle, sin topa y con un paraguas viejo debajo de un puente, y solo hasta entonces no pensaba parar. No era posible que le odiara tanto sin razón aparente.

Blanca, volvió a la bruja para que le realizara un ritual para ganar un juicio, pues estaba dispuesta a quedarse con su hija a cualquier precio. La verdad es que después de que conseguía todo lo que se proponía, nunca llegué a saber si los rituales funcionaban o es que la justicia no profundizaba lo suficiente en este caso.

El ritual que debía hacer era el siguiente:Hacer un circulo amplio con 7 velas , escribiendo en cada una el nombre de la persona que debe ganar el juicio. Untarlas con aceite de arte negro Ochosi, desde abajo para arriba. En el centro de circulo poner la cazuela con el mismo aceite y un trozo de alcanfor con su foto.
Escribir en el pergamino virgen de forma detallada con tinta mágica el nombre y fecha de nacimiento de Ricardo. Del otro lado del papel pergamino escribir los nombres de los abogados, del juez, número del juzgado, la fecha de la vista y la causa. Durante el ritual pedir a San Pedro y rezar la siguiente oración: “Que con sus llaves abra las puertas que conducen a la libertad y al cumplimiento de la ley de la justicia” Cuando se quemen la velas, poner la cazuela detrás de la puerta junto a los restos de las restantes.

Una de las tardes que le tocaba tener a su niña, vino a casa como otras veces a contarme, como le iba. Le encontré otra persona.

Su acompañante, era una chica muy atractiva. Estaba contento, me dijo que  era muy cariñosa, que le trataba como a un rey.  Estaban de fábula. Que cuando iba a pasar algún fin de semana con ella a su casa y con sus hijos, le parecía que había encontrado la familia que buscaba.
 Seguía con su tristeza. Su felicidad no era completa. Para llegar a la plenitud, era necesario conseguir la custodia de su hija, por la que tanto luchó sin resultado alguno.

Los problemas con Blanca, no desaparecían,  pues ella se pasaba la vida poniendo denuncias y más denuncias.

 La razón por esta actuación la desconocía, pero estaba seguro de que quería seguir mortificándole. Se había salido con la suya, tenía todo su dinero, su casa y a su hija. ¿qué más quería? ¿por qué le odiaba tanto?

El gracias a su novia, consiguió que la tristeza desapareciera de su corazón, cuando le floreció nuevamente el amor.

Sonia estaba encantada de haber conocido a aquel ser maravilloso, tampoco entendía que le pasaba a su ex mujer por la cabeza, para haber hecho todas aquellas locuras, y las que seguía haciendo. Claro que a ella tampoco le había ido mucho mejor, y según Ricardo esto no era una mujer era un ángel.

Cuando venía  a casa, siempre tenía prisa por irse, pues en alguna ocasión, como le pillara algún atasco ya sabía que tenía puesta una denuncia, por no haber devuelto a la niña en hora.

Blanca, cuando quería hacerle daño, que era muy a menudo, le decía que la niña estaba enferma y no se la podía llevar. Ella sabía que utilizando este sistema le atormentara.

Eso de utilizar a los niños como arma arrojadiza entre dos adultos es inhumano. Cuando se enteró que Ricardo tenía novia, se puso mucho peor. Y fue entonces cuando no le dejaba llevarse a la pequeña, siempre le ponía pegas. Era capaz de llevar a urgencias y pasarse allí un día entero con tal de que no la viera. Y le enseñaba los informes médicos si se lo reprochaba.

Tuvimos que dejar de vernos, por un largo espacio de tiempo. El trabajaba mucho y duro y yo tuve que ir a París a cursar unos estudios de estilismo, para mas adelante presentarme a  unos concurso de peluquería, a nivel internacional.

Transcurridos varios meses,  una tarde volvió a sonar el timbre de forma inesperada. Venía a enseñarme a la niña, ya era casi una señorita, tenía seis años. Casi no la reconocía estaba muy alta, y delgadita, con el pelito largo y mucho más claro. Se la veía contenta de estar con su papá. Y de venir a mi casa. De mi, no se acordaba pero de pirata si, esta vez ya no la pude montar encima, pesaba mucho.

Cada vez que me veía, empezaba hablar de sus miserias y  seguía llorando. Este pobre hombre, cada vez que iba a mi casa acababa con todo mi  almacén de pañuelos, no paraba de llorar.  Me contaba una y otra vez, con sus mínimos detalles todos sus sufrimientos. Y lo que quería era ver y estar con su hija.  Al final comprendí, que siempre que quería desahogarse me buscaba, dándole vueltas descubrí  que era tan simple, como que yo le escuchaba.  A Sonía no la quería hacer partícipe de sus angustias.

Yo trataba de preguntarle por su nueva vida, para distraer su atención,  pero el volvía rememorar paso a paso aquellos penosos días de su existencia, tenía una obstinación casi enfermiza con aquel tiempo pasado. Yo no he visto a nadie en mi vida llorar más y durante más años seguidos.

Así, se  paso la primera etapa de su infancia, Entre denuncia y denuncia, paseo a mi casa. Siempre corriendo por dejarla con su madre en la hora prevista.

En una ocasión, fueron a comer donde sus abuelos maternos y se quedaron también a cenar. Llegaron media hora mas tarde, y fueron recibidos por un par de policías que estaban esperando. Esta mujer era más conocida en la comisaría que el propio comisario.

El nunca intentó llevarse a la pequeña, aunque lo deseaba. Yo no entendía porque Blanca actuaba de ese modo. ¿Para que ponía una denuncia detrás de otra? ¿Por qué ese interés por la custodia, si para ella Clara era un incordio? ¿Para que ponía una denuncia detrás de otra?. Ricardo, faltaba cada día más al trabajo por tener que ir a juicios. Que a veces no tenían ni sentido.
la cambió varias veces de colegio, para hacerle perder la pista para que no se la llevara. Una mañana el las persiguió para saber a que escuela iba. Y cuando le vio, comenzó a dar gritos, pidiendo auxilio, diciendo ese hombre nos quiere matar.
 El se quedó secó asustado, y  pegado a la valla del colegio, con lágrimas en los ojos, no pudo le darle beso  que deseaba a su pequeña, se le quedó en los labios  y nunca más volvió.

 Esa fue la última vez que la vio, no por falta de ganas, sino por no hacer más daño a la pobre criatura. Dejó de insistir en verla. Le puso una denuncia seria, no como las de ella.

Pero las que ella le había puesto con anterioridad a la suya, tenían mucho peso, aunque no eran ciertas las acusaciones, siempre encontraba algún testigo.

Al cumplir la niña un par de años más, decidió  que no la vería nunca más. No podía hablar con ella, nunca la dejaba ponerse al teléfono. Para verle se iba a la puerta de la escuela. Y sabía que la niña estaba sufriendo tanto o más que el. Lo mejor era que se olvidara de el.

cuando volví de París, le llame para ver como estaba, y continuó con la segunda parte de la historia, se había ido a vivir con Sonia y sus hijos, y estaba más o menos tranquilo, pero nunca feliz. Eso no lo estaría hasta no tener a su hija con el, pero por ahora la había perdido. Llevaba un años sin saber nada de ella. Lo que nunca perdió fue la esperanza y la Fe.

Después nos llamamos alguna que otra vez, alargando las llamadas a navidad y poco a poco le perdí la pista. Yo seguía con mis viajes y mi vida.

Pasó el tiempo, no se cuanto, quizás cinco años, y como dicen por ahí, la vida es un pañuelo. Yo nunca supe la profesión de Sonia, pero cual fue mi sorpresa, cuando un día me fui a unos grandes almacenes, recuerdo que era por navidades, a comprar un cinturón y que casualidad la señorita que me atendía era ella, Sonia.

-          Hola, que alegría tan grande de volver a verte
-          ¿Cómo está Ricardo?
-          ¿Cómo sigue su vida?

Y me dijo:
-          Ricardo no va a descansar de su mujer hasta que no se muera, esto no tiene fin. Yo creía que lo mío eran malos tratos pero, esto es un calvario.

La niña le ha llamado por teléfono, para decirle que no quiere estar con su madre, que esta más loca que una cabra. Se ha escapado a casa de los abuelos maternos.

 La abuela llamó a Blanca para decirla que no se preocupara que la niña estaba con ellos y que estaba bien. Y a la madre no se le ocurrió  otra cosa, nada más que denunciar a sus propios padres por rapto y complicidad con su ex marido.
 Fue la policía a recoger a la niña, y devolvérsela a la madre. Yo no entiendo. como no le quitan de una vez la custodia a esa mujer.

-          La criatura está sufriendo lo indecible. Y no me extraña lo más mínimo que tenga problemas psicológicos, cualquiera no los tendría. Su madre se la está cargando poco a poco y nadie hace nada por remediarlo.
-          ¿cómo puede ser una madre tan cruel? Que para hacer daño a un hombre destroce a su hija? Solo se entiende si está enferma.

Según contó la niña, su madre fue a la bruja, y le dijo que la niña estaba histérica a causa de las malas compañías, que podía estar tomando drogas. Y eso no era cierto. Que lo mejor era  internarla en un manicomio. Si no está loca, lo normal es que vuelva y no tardando.

Mientras tanto, por otro lado, su padre sin que ella le vea, estaba intentando que hubiese otro juicio para que la niña elija con quien quiere vivir. Pero la justicia parece que es muy lenta, y mientras tanto una menor sufre las consecuencias.

-          Según ha contado no aprueba un curso. ¿Pero como le va a importar los estudios?, si lo más importante y prioritario para ella es otra cosa. Los estudios no le importan un pimiento. Está siendo tratada por un psicólogo, por todas las cosas raras que hace, pero ella lo único que quiere es irse a casa de su padre.

-          Poder salir con sus amigos del colegio. Jugar y ser una niña como todas las demás.  Ya tiene trece años y no se entiende con su madre. Además para más complicaciones, ha entrado en la adolescencia, si eso ya es difícil por la alteración hormonal, sumado a lo tiene encima, se convierte en una bomba.

Clara le contó a su padre que su madre, se dejaba todo el sueldo en las consulta de las brujas. Que se estaba arruinando y para colmo también le daba a las máquinas tragaperras, pues pensaba que así ganaría más dinero para invertirlo en futurología.


21-10-10
Ahora Ricardo, se daba cuenta, de que lo que le pasaba a Blanca, es que estaba enferma. Se sentía culpable de no haberse dado cuenta antes y en lugar de pensar en el. Debería haberla llevado a un médico, y seguramente todo esto se habría evitado. Sobre todo le remordía la conciencia por su hija. Ahora se sentía culpable.

Se estaba repitiendo su historia de nuevo en su hija, y no podía consentirlo, tenía que hacer algo. Esa criatura inocente no debía sufrir todo lo que el había pasado. Y ahora que lo sabía, por su falta de tacto y su mala cabeza, debía reparar los daños surgidos.

Seguía sufriendo una barbaridad con todo lo que ahora está pasando su hija, era como si le pasara en su propia carne, o peor aún. Ya no sabía, tenía otra vez la confusión de siempre.

-          La niña le contó, que su madre le dijo:
-           De parte de Miss Gold  que te diga: que como no cambies serás una drogadicta y una perdida. Por lo que no me queda otro remedio que tenerte atada en corto.

 Y para evitarlo dio de baja todos los teléfonos de la casa, anuló los móviles, de manera que estaban incomunicadas.

Blanca, volvió a visitar a la bruja.
-          Buenas tardes.
-          Hola cariño. ¿cómo te va? Te ves muy linda.
-          Sentándose en la mesa camilla, la trajo una caja que contenía un montón de cosas.
-          Te voy a dar una receta, que nunca falla, verás como tu hija no querrá nunca más ir a vivir con su padre.

Y le explico lo que debía hacer para mejorar la situación familiar.

Blanca, compraba todos los ingredientes necesarios para los rituales, a la vidente. Ya que la bruja utilizaba unas cosas tan raras que solo allí se podían conseguir. Así tenía el negocio asegurado.

Cuando llegó a casa preparó el ritual completo para la armonía familiar. Utilizando todo lo que la bruja le había preparado y haciendo lo que le explicó.

Colocó una fuente de barro untada con esencia de mirto, con trocitos  de manteca de cacao, puso las algas marinas, polvo de azulillo, agua bendita, miel y mostaza. En el centro puso una foto  con los nombre y fecha de nacimiento de las dos. Tapó la cazuela con papel cartucho y lo ató con la cinta ritual color de rosa.

 Enfrente situó un velón con la estampa consagrada a Yemanja, que tenía grabados el nombre y el apellido de su hija y el suyo, untándolas con esencia de romero.
Una vez consumido el velón, tiraría la fuente de barro a un río, pidiendo a Yemanja la unión de las dos.

Al volver a casa volvería a encender otro velón consagrada a Yemanja, pidiéndole todos los días por la unión de ambas. Hasta que se consumiera. Los restos de cera enterrarlos en un sitio oscuro y húmedo

Esa era la única forma de mantener a su hija alejada del resto de los jóvenes degenerados. Y a partir de ese momento, nunca más volvió a llamar a su padre. Nunca iba sola al colegio, siempre iba con su madre a todos los sitios.

Blanca, era una enferma mental, pero seguía libre campando y haciendo de las suyas. Ricardo consultó con un amigo que entendía de leyes, y le dijo que mientras no hubiese sangre, todo seguiría igual. Seguramente era inocente, no tenía una  malicia consciente, y no se daba  cuenta de lo que hacía. Pero los demás pagaban las consecuencias de su enfermedad. Y no era justo.

El psicólogo observaba que la niña no actuaba de forma anormal. Se intentaba defender de algo. Lo achacaban a la separación de sus padres.
Lo que nunca entendí, es como cada vez que hablaba con la madre. No notaba que andaba fatal. Solo se fijaban en la niña. Su rebeldía era la forma de expresar su dolor.

Un fín de semana estuvo en casa de Sonia, y Clara no quería volver a la suya. Ricardo llamó a Blanca y le dijo que según la ley, los niños  partir de nueve años ya pueden elegir con quien, quieren vivir.
Eso se lo estaba diciendo, sin saberlo de cierto, no había consultado con ningún abogado, pero lo había leído en alguna revista.

-          Debemos  solicitar una vista para poder cambiar la custodia.  La niña me dijo que siempre le decías lo malo era yo, para evitar que quisiera  estar conmigo y para evitar que la viera, pero ella no es tonta, solo es pequeña. Y sabe distinguir con quien se lo pasa bien y la quiere y con quien no.

Al final llevó a Clara a su ex casa, la niña enganchada a su cuello llorando, no quería soltarse y su padre con mucha paciencia la convencía. El sabía que si se la llevaba podía perder la única posibilidad que le quedaba. Sabía que Blanca era peligrosa, que tenía que andar con pies de plomo, no cometer errores, de lo contrario todo se podía ir al garete. Cuando volvía de allí siempre lo hacía envuelto en un mar de lágrimas. El veía que jamás iba a terminar con aquella tragedia. Pero lucharía hasta conseguir a su hija.

Volvió a cambiarla de colegio para que su padre no supiese a cual iba. Y siguieron las denuncias de una parte y de otra.

 La última vez que hablé con el me dijo que no conseguía verla. Que llevaba más de dos años sin noticias, y estaba muy preocupado. Los abuelos tampoco sabían nada. Llamó a la agencia y le dijeron que estaba de baja por depresión.

Una mañana sonó el teléfono en la peluquería, y al descolgar era Ricardo, que me pedía disculpas por haber desaparecido tan bruscamente. Yo no tenía porque disculparle. El me metió en su vida, y yo entré, porque quería ayudarle, se encontraba solo.
 Y ahora el se sentía desagradecido. Pero yo entendía que estaba con una maravillosa mujer, que le había dado lo que el buscaba, amor y le llenaba el vacío, que yo nunca le iba a llenar. Pero por alguna extraña razón confiaba en mí.

Yo entendía que mi misión había terminado, y por eso le dejé tranquilo que siguiese su camino, y yo el mío.

Volvieron a pasar muchos años y como por casualidad en un semáforo me paré a su lado. Me puse contenta. Sonreí le pité, el me miró y me dijo:

-          No puedo parar me voy a buscar a Clara a una casa de acogida.

Se abrió el semáforo y salió como una bala, fue visto y no visto, y me quedé con cara de interrogación. ¿Y ahora que pasaría?.
Otra vez, le perdí. Dejándome interesada en la vida de aquel hombre, esto ya era demasiado, no se terminaba nunca, salía de una y se metía en otra.
 Su penar se había  alargado, hasta los dieciseis años de la pequeña. Que era los que yo calculaba que tendría en estos momentos.
Ya era una persona casi adulta, y sin embargo la seguían tratando como una niña.


27-10-10


Capitulo tercero
Vuelvo a ser padre
Mientras la vida de Ricardo transcurría de una forma sosegada,    la de su hija Clara empezaba a complicarse por momentos.
El había dejado de llamarla por teléfono, para evitar que su madre pusiera más denuncias. Pero ella quería hablar con su padre por lo que diariamente le daba los buenos días.

Un día al llegar a casa del instituto, su madre con malos modales y de un tirón le quitó  la mochila, y abriendo las cremalleras empezó a sacar todo arrojándolo al suelo, como si hubiese perdido el sentido, hasta encontrar el móvil, estampándolo  contra el suelo, la gritaba mientras el aparato se hacía añicos.

-          Se acabaron las llamadas telefónicas.

La niña le contestó del mismo modo y  dándole un empujón la tiró al suelo,  tras mirarla a los ojos llenos de odio e ira la dijo:
-          No vuelvas a hacer algo así, o te costará caro.
-          Su madre atacada de los nervios. La respondió:
-          Te acodarás de esto, no volverás a salir con tus amigos, ni te codearás con malas compañías. Que te están pervirtiendo. A partir de ahora irás con tu madre a todos los lados o te quedarás sola en casa estudiando. ¿Entendido? Y no me vuelvas a levantar la mano. Recuerda soy tu madre.
-          Eso es lo que tu te crees, tu no mandas en mí, ya soy mayor, y me quiero ir con mi padre, el me quiere y me trata bien, tu eres una histérica, por eso te odio. Ojalá te estrelles con el coche.

Clara ya era lo suficiente mayor como para darse cuenta de que su madre actuaba de una forma muy rara. Sabía que para cada paso que daba, para cada decisión que tomaba se lo consultaba a la vidente, y esta le daba unos consejos que tampoco tenían mucha lógica.

 Una vez, mientras su madre estaba haciendo una consulta telefónica, con sumo cuidado, para que no se percatara de lo que se disponía a hacer, descolgó el teléfono y escuchó lo que le decía la bruja. Sacando en conclusión que su madre no estaba muy bien de la cabeza, pero la bruja la estaba volviendo loca del todo. Lo que ella no entendía era con que fin aquella mujer, le decía aquellas cosas que lo único que empeoraban la situación familiar. Y ella en lugar de darse cuenta, la escuchaba y hacía todo lo que la mandaba. La tenía totalmente dominada.

Incluso con el cuidado que había puesto para no ser descubierta, no le fue posible evitar que la pillara. Blanca  dándose cuenta de que la estaban espiando, dejó el auricular sobre su cama  y sigilosamente se acerco a la niña. Dándola un empujón arrancó el cable de la pared. Clara como ya era costumbre, empezó a chillar a su madre, dándole a entender que estaba en desacuerdo con su conducta y por supuesto con aquella maniobra. Quedándose si el teléfono y totalmente desconcertada. Blanca se lo llevó y siguió conversando con aquella mujer, como si no pasara nada. Cuando terminó la charla bajó al garaje, y guardó todos los teléfonos de la casa, bajo llave, excepto el de su habitación.
Clara era una adolescente que  como todos los de su edad necesitan mucha atención y comprensión. Según ella sus compañeros se quejaban y protestaban de que se sentían incomprendidos, si no les dejaban vestirse o ir alguna parte,  ella discutía con ellos en  los recreos, pues intentaba convencerles de que eso eran tonterías y chiquilladas, que en la vida había problemas mucho más importantes que un trapo. Al discrepar cada vez se iba quedando más sola, sin amigos, solo Ángela era su incondicional, ella conocía lo que le ocurría, y la tenía un gran cariño, ayudándola en todo lo que necesitaba, no la conocía desde pequeña, pues la habían cambiado en numerosas ocasiones de colegio, pero parecía como si se conociesen desde primaria.

Lamentablemente ella si que era una incomprendida, tenía una falta total de dialogo con su familia, no podía hablar con su madre y menos con su padre. Por eso le obsesionaba la idea del teléfono. Se hubiera cambiado con los ojos cerrados por cualquiera de sus compañeros que se quejaban de sus padres.
 Necesitaba hablar con su padre como necesitaba el aire para respirar, el era la única persona en el mundo que era capaz de entenderla, y ella conocía lo que estaba sufriendo desde que era pequeña por llevársela con el.

 Una noche que estaban viendo la televisión, Clara  fue a la cocina a beber un vaso de agua, y según se acercaba a la escalera, se le cruzó la idea de subir a la habitación de su madre, aprovechando que estaba distraída viendo una película de suspense. Subió de puntillas escalón a escalón procurando que la madera no chirriara, como solía hacer, una vez en el descansillo se acercó muy sigilosamente a la puerta y la abrió muy despacio, encendió la lamparita que había encima del tocador, daba una luz sonrosada y tenue, por la tulipa que tenía. Se acercó a la cama, se sentó a lo moro sobre el edredón de plumón de ganso color salmón que  conjuntaba perfectamente con las cortinas, toda la decoración estaba pensada en colores pastel.
 Descolgó el teléfono y en voz muy baja dijo:
-          Papá te quiero, llévame contigo
-          Te prometo que pronto lo estarás. Yo también te quiero. Un beso

Colgó deprisa, por si su madre venía y la pillaba con el teléfono en la mano, esta vez no se enteró, el volumen del televisor no la permitió escuchar nada, además estaba en el salón con la puerta cerrada y en la planta baja.

Pero no tuvo suerte y aquello no se iba a quedar así, de manera que la descubrió. Al mes siguiente, su madre estaba mirando la  factura telefónica, ya que era demasiado alto el importe, ese mes había telefoneado mas de la cuenta a Miss Gold
 Lo que no me explico es como le extrañó. Siendo una cliente habitual de los 906 para hablar con tarotistas y su bruja habitual.
Revisando los números marcados uno a uno  y por casualidad encontró la llamada que Clara le había efectuado a su padre.
Se le desencajó la cara, le temblaron las manos y salió echa un basilisco, gritando y  corriendo escaleras,  factura el mano, llamando a la niña como una posesa:

-          ¡Clara ven!
-          Voy
-          ¿Por qué has llamado a tu padre? ¿No sabes que lo tienes prohibido?
-          Si, lo se pero me da igual.
-          Pues que no te de igual, que a partir de mañana, se te acabó el chollo.
-          Has acabado con mi paciencia, estaré a tu lado todo el día como si fuese tu sombra, no vas a ir tu sola ni al baño. Verás como te educo de una vez por todas. Eres una gamberra, y para evitar que en el futuro te conviertas en una delincuente, te voy a enseñar a ser respetuosa con tu madre. Ya me lo agradecerás de mayor, lo hago por tu bien. Si no actuara de esta manera cuando seas adulta me recriminarías el que no te haya educado en condiciones, y no estoy dispuesta a sentirme culpable de tus desgracias futuras el resto de mis días.

La niña que ya había perdido el respeto a su madre, después de tantos insultos, le contestó de malos modales y gritando aún más alto, que ya le podía dar las gracias, que si estaba en esa casa era gracias a ella, si no hubiese sido menor no le hubieran dado la custodia, en ese caso  a ver donde iba a vivir. De manera que como siguiese en esa tesitura, se iba se iba a ver muy mal, que andase con cuidado no se fuera a caer del pedestal a donde se había subido sin corresponderle.

Al día siguiente, Blanca se fue a la ferretería y compró un cerrojo, que colocó en su puerta para que la niña no entrase, y cuando no estaba e su cuarto lo cerraba. Quería evitar a toda costa que Blanca hablase con Ricardo.

Como la niña lo único que quería era hablar con su padre, una mañana que su madre salió de compras. La dejó encerrada pensando que no pasaría nada, sin embargo no estaba dispuesta a dejar pasar aquella oportunidad sin hacer nada al respecto. Bajó al garaje, lo revolvió todo hasta que logró encontrar una llave para desmontar ruedas, y haciendo palanca consiguió abrir la puerta donde su madre había escondido los aparatos. Le temblaban las manos y las piernas, volvió corriendo todo lo deprisa que pudo, quería hablar con su padre sin demora y le puso al corriente de la situación. El como de costumbre, volvió a repetirle una vez más,  que tuviese paciencia que pronto estarían juntos, que lo  mejor para todos es que todo se resolviese de legal, que si se la llevaba sin permiso podrían prohibirle para siempre estar con ella, y eso era justo lo que no querían.
 Lo que pronto estaba a punto suceder, sin que ninguno de ellos se lo imaginara. Blanca era una experta utilizando malas artes, para conseguir sus más oscuros propósitos. Si por un casual lo hubiese imaginado, no hubiese dudado ni un segundo en ir a recogerla, al fin y al cabo aunque se comportara bien, ella lo denunciaba con embustes.

Cuando la madre volvió y al entrar el coche al garaje se encontró con la puerta rota, abandonó en auto según estaba Y subió todo lo deprisa que pudo a buscar a la niña, en cuanto la pilló por banda la zarandeó, arrastrándola del pelo por toda la casa. Cuando consiguió escapar, salió corriendo, pero la puerta estaba cerrada con llave y no pudo salir al jardín. Bajó corriendo al garaje sabía que aquella puerta estaba abierta y cuando intentaba saltar la valla, su madre que había salido por la puerta principal llegó antes que ella y agarrándola nuevamente, a rastras la metió en la casa, Clara la mordió en el brazo, marcándole los dientes, y aunque pidió auxilio nadie la escuchó. Seguramente si la hubieran escuchado los gritos no le habrían dado importancia, estaban acostumbrados a las broncas familiares, además su madre siempre decía que era una rebelde y que no podía con ella.

A partir de ese día cerraba la puerta que comunicaba la casa con el garaje y escondió todas las llaves, para que tampoco pudiera salir y entrar por ningún lado, ni por un descuido. Teniéndola retenida contra su voluntad. Cada vez que su madre salía de casa la dejaba encerrada, y se llevaba el teléfono en el bolso.

Para que estuviese controlada en el instituto y no se pudiese escapar, le dijo a la tutora que tuviese cuidado de la niña el recreo y como ya tenía mala fama por rebelde y mala estudiante, no hubo ningún problema en que no saliera a la calle a comprarse el bollo a medía mañana. Solo salía cuando la recogía su madre.

A donde le alcanzaba la memoria a Clara, recordaba que de pequeñita su madre jamás la recogió en la guardería. ¿Y ahora por que ese interés, de pronto? Según iba creciendo se daba cuenta de que su madre no la quería, ni a ella ni a nadie, y que la usaba para destruir a su padre.

Nunca pensó que una madre podría llegar a hacer tanto daño a una hija.
Se acordaba de cuando hizo la Primera Comunión, que no dejó que su padre las acompañara, que la única persona que fue a la ceremonia fue ella, y que para colmo se puso mala y se tuvo que ir. Menos mal que la familia de Ángela se la llevó  a comer con ellos. Por eso los quería tanto, eran su otra familia, siempre la trataron de ayudar y proteger. Ellos podrían haber denunciado la situación pero en el fondo nadie se quiere meter en líos ni en asuntos que no les incumben.

Como las ventanas tenían rejas no había forma de salir de allí, y aunque llamaba a los vecinos nunca la oyeron. De manera  que cuando se disponía a estudiar,  jamás hacía los deberes, solo le daba vueltas a la forma de escapar de aquella prisión e inventaba planes para conseguir huir.
09-11-10
Una tarde mientras estaba en el gimnasio haciendo bicicleta comentó con algunas  vecinas lo difícil que eran los jóvenes en plena adolescencia, que era casi imposible educar a una joven, que en general no obedecían, que solo les importaba pasarlo bien, y que la disciplina para ellos no existía. Que para evitar que de mayor la pudiese echar en cara que la había dejado demasiado suelta, la estaba educando muy severamente y utilizando disciplina a la antigua usanza. La vecina que no sabía lo que realmente ocurría en la casa la dio la razón. Ella también tenía hijos adolescentes y estaba de acuerdo en todo, aunque aducía que demasiada disciplina tampoco debía ser demasiado buena. 
Blanca había planeado esa conversación con el fin de que si la niña comentaba algo por el vecindario o la oían gritar que no dieran mayor importancia a los sucesos.

Lo normal en todas las casas era que de vez en cuando hubiese discusiones con los adolescentes, ya que están en una edad contestataria, son inmaduros y se sienten unos desgraciados e incomprendidos. En todas las generaciones  existen diferencias,  nunca los mayores comprenden a los jóvenes, como tampoco nos comprendieron a nosotros nuestros padres. 

Pero el asunto de Clara era distinto, odiaba a la bruja, ella sabía que la culpa de todo la tenía Miss Gold, aquella mujer con la que se pasaba la vida su madre hablando por teléfono, y que le recomendaba cosas que no eran normales. Siempre quemaba  incienso en unos cuencos metálicos con extrañas figuras. Para proteger y purificar la casa de malos espíritus. Lo que tenía que haber purificado era su alma y eso nunca lo hizo.

Una vez al mes hacía limpiezas de hogar. Que no eran como las de todo el mundo fregona en mano, sino que eran mágicas.
Usaba pimienta voladora, laurel rosas rojas, rosas blancas, vid roja, agua de Kananga y despojo limpia casa. Yo todo esto lo conozco por haber visto las recetas de puño  letra de Miss Gold. Y vete a saber que eran esos ingredientes que le vendía a precio de oro.

Todo eso lo mezclaba en una fuente de barro durante unos cinco minutos, mientras lo hacía entre dientes murmuraba alguna extraña oración. Después fregaba el suelo de toda la casa, primero desde la puerta de entrada hacía el fondo y una segunda pasada al revés. Después una vez seco encendía una vela blanca y tres conos de incienso.

 y de vez e cuando aparecían ofrendas raras a dioses paganos, a los que les pedía protección e incluso cosas malas, no siempre era el bien el que buscaba.

Llegando a perder la cabeza por tanta tontería como le estaba metiendo la bruja, y que ella creía a pies juntillas.

No aguantando más la situación, me cambié de ropa con Ángela y de esa manera consiguí salir del colegio en el  recreo. Llamé a papá desde una cabina telefónica, el me soltó la misma monserga como de costumbre:
-          No puedo llevarte conmigo. Y no se te ocurra escaparte, ya te lo he explicado muchas veces, eres menor de edad y puedes empeorar la situación, debes tranquilizarte y tener paciencia.

Clara no lo entendía, solo sabía que estaba sufriendo y nadie la ayudaba, su padre tampoco la quería. Colgó muy triste a la vez que enfadada. Ella no solía llorar era muy dura, la vida la había hecho una un corazón de piedra. Desde pequeña había vivido en un infierno.
Su madre había arruinado la vida de Ricardo y estaba haciendo lo mismo con ella. Pero con  su hija no podría se parecían demasiado y su carácter no era nada dócil, además la estaba haciendo mucho más rebelde según pasaban las semanas. Lo que no había conseguido Ricardo lo estaba consiguiendo su descendiente, estaba  amargando y complicando la vida a Blanca, ella era fuerte, tenía muy mal genio y cuando quería era cruel, no se dejaba pisar por nada ni por nadie. No se veía nada claro el final de la historia. ¿Quien acabaría con quien?. Clara no era un hueso fácil de roer, y día a día iba aumentando su odio contra su madre, a la vez que el amor y la pena por su padre, se había dando cuenta de lo inocente que era y lo que sufrió con aquella maldita mujer.

En la hora de gimnasia se marchó antes al vestuario, esta vez sin el consentimiento de Ángela, le tomó prestada la ropa  y aprovechando la hora del recreo, se escapó, no quería complicar a su amiga más y para no hacerla nuevamente cómplice decidió hacerlo sola.  En condiciones normales si a alguien le cambian la ropa protesta, pero ella sabía lo que ocurría y si lo había hecho seguro que había alguna razón importante y por eso no la delató. Sabiendo que aún así no siendo cómplice directa se jugaba una amonestación pero se la jugó.
Clara aprovechando la hora del patio, decidió marcharse a casa de sus abuelos maternos. Ellos si que la querían , siempre la echaban una mano, igual que su otra abuela.

Se fue a la pareada de taxis que había en la esquina de la escuela, no había ninguno pues estaba empezando a llover y siempre que empeora el tiempo desaparecen como arte del magia y además siempre que se necesitan no hay. Como no quería esta tan cerca, empezó a caminar hacía una avenida que estaba cerca, pensando que seguro por allí era más fácil y tuvo razón no llegó a mojarse demasiado enseguida apareció uno, lo paró e indico la dirección de sus abuelos, estaba nerviosa no llevaba dinero, esperaba que al llegar a estuviesen, si no vaya faena no tendría con que pagar, pero no aventuró a ello.

 Llamó al portero automático,  y le dijo a su abuelo que bajase a la calle que tenía que pagar  un taxi y que no disponía de efectivo. El no entendía nada pero no tuvo más remedio que bajar. Salió un señor alto con cara muy seria pero aspecto de buena persona, lo primero que hizo fue darle un beso, no le preguntó nada, pago al taxista y entraron en el portal. Ella le tenía miedo pues era duro y tenía mal genio, ella sabía que de una buena bronca no se iba a librar, pero eso lo mejor que le podía pasar en esos momentos. Sabía que siempre que la regañaban era con razón y no como su madre.

-          ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estas en el colegio?
-          No me he escapado del colegio, de lo que huido es de tu hija, y solo lo puedo hacer desde el colegio en casa estoy secuestrada, me hace la vida imposible. No quiero volver nunca más con ella. Prefiero morirme antes que regresar. Quiere hacer daño a mi padre, y como sabe que me adora me usa de arma arrojadiza. Soy una persona, tengo sentimientos, no soy un pedazo de carne con ojos.
-          ¿Pero que dices?
-          Como ella no me quiere y mi padre ya no me entiende y solo me dice que paciencia,  he venido aquí, quiero vivir con  vosotros, yo se que me queréis. Ellos me demuestran día a día que no les importo.
-          No digas más tonterías. Tus padres te quieren, pero como están separados, tu no puedes estar en dos sitios a la vez. 
-          No es eso, mi madre me tiene incomunicada del mundo y mi padre me dice que paciencia. No quiero volver con mi madre, dejadme quedarme con vosotros.

El tiempo iba pasando, y como se acercaba la hora de la salida del instituto, y Blanca iría a recogerla como  todos los días debían avisarla para que no se preocupase. Por lo que su padre la llamó para decirle que Clara estaba bien y con ellos, pero no la localizaron, el fijo no contestaba y el móvil lo tenía apagado.

Al llegar la madre al colegio y no estar la niña, puso  una denuncia por desaparición, aunque la aconsejaron que esperara veinticuatro horas por si aparecía, ella no quiso. No teniendo ninguna prueba de que su padre se la había llevado, no pudo denunciarle por rapto, por lo que decidió denunciar al colegio por negligencia, les habían raptado a una niña, cuando ellos eran los responsables de su custodia.

No se, como podía soportar tal cantidad de juicios. Más tarde me enteré que existía una especie de seguro jurídico o asociación de abogados, que pagando una cantidad anual tenía derecho a sus servicios. Aunque con clientes como estos no tardarían mucho en quebrar. Se había convertido en una adicta a las denuncias, como al juego y a la bebida.

Sus padres siguieron insistiendo hasta localizarla, y cuando contestó al teléfono, su voz era sería.

-          ¿Dígame?
-          Hola hija,  no te preocupes Clara esta en casa
-          Ahora mismo, ¡Soltadla!
-          Pero hija si no está presa, ha venido por su propia voluntad
-          Creemos que debe quedarse aquí unos días, está muy nerviosa
-          De eso nada, ahora mismo voy a por ella. Y que se prepare, que a mi esto no me lo vuelve a hacer. Me he llevado un susto de muerte, pensé que le  había ocurrido algo malo, ahora mismo voy a buscar a mi niña.

 Se creía sus propias mentiras, cada vez estaba peor de la cabeza, se le empezaba a notar que no controlaba sus reacciones, eran totalmente ilógicas, no tenía sentido común nada de lo que hacía. Como no dormía bien, fue al médico de cabecera y le dio unos tranquilizantes y la baja para que descansara. Teniendo mucho más tiempo libre para sus vicios. 

Cuando Blanca llegó a casa de sus padres, Clara que estaba aterrada para evitar que se la llevara con ella se encerró en el cuarto de baño y no quiso salir, no se quería ir con ella. Su abuelo hablaba detrás de la puerta para convencerla de que saliese y se fuera a su casa con su madre, no quería que la situación empeorase y pasara algo sin solución. Todos querían solucionar las cosas como personas civilizadas y aquí lo mejor había sido darle de su propia medicina.
Al abuelo Joaquín le remordía la conciencia, pues sabía que desde pequeña a su hija le ocurría algo en la cabeza. Por evitar ser la comidilla de un pueblo pequeño como el suyo ocultó lo que le ocurría.  Todos en la familia lo sabían y guardaron silencio, incluso a Ricardo se le ocultó el secreto.

12-11-10

En estos momentos recordó la vez que estando de vacaciones en Santander,  Blanca se escapó una noche de casa mientras dormían, apenas tenía unos doce años, al amanecer la encontraron unos pescadores en la Playa del Sardinero cuando se disponían a salir a faenar, estaba descalza en camisón y muerta de frío, acurrucada entre unas barcas, como no decía donde vivía la llevaron a la comisaría, una vez allí dio todos los datos de sus padres para que la llevaran a casa, nunca supieron porque lo hizo. En otra ocasión ya en la adolescencia se metió en la cama y no quiso salir de allí, porque se  encabezonó que en la calle hacía mucho calor y que se iba a derretir como un helado.  Siempre había sido una chica difícil, y cuando Ricardo se quiso casar con ella, para la familia fue un alivio que alguien se la quitara de encima. Lo que no contaban es que eso iba a perjudicar muy seriamente a otras personas inocentes y de su misma sangre.
 Que Ricardo saliese mal parado les daba un igual, total no era de la familia, pero que estuviese sufriendo su propia nieta por su culpa eso no se lo perdonaría jamás.

Mientras el abuelo veía aquellas escenas del pasado Blanca, golpeaba la puerta del baño,  su padre cogiéndola de los hombros intentó tranquilizarla. Ella al ver que no podía hacer nada por sacar de allí a su hija,  dio un empujón a su padre y salió corriendo, bajó las escaleras, sin esperar el ascensor. ¿Dónde iba con tanta prisa?. Seguro que estaba tramando algo. De repente ya no le importó que la niña se quedara e casa de los abuelos algo más importante se le había pasado por la cabeza.

Por supuesto, que tramaba algo, cogió el coche y a toda velocidad se dirigió a la comisaría a poner una denuncia a sus propios padres, acusándoles de secuestro.
Tuvo que ir la policía a buscar a la niña, pero como ella no se quería volver a su casa tuvieron que llamar a un psicólogo del Samur para convencerla, aquel hombre desconocido le dijo que si no se quería ir con su madre tendrían que llevarla a una casa de acogida,  la niña para evitar eso accedió a regresar a su domicilio. Llorando y contrariada  volvió a su casa.
 Blanca durante el  camino de regreso la amenazó, que fuese la última vez que se escapaba, que la próxima vez que lo hiciera, no iría a ninguna parte, donde iría sería directo al cementerio. Y con esas palabras la calló una temporada.
Ricardo seguía luchando por conseguir la custodia de la niña pero por alguna razón todo lo tenía en contra, Blanca siempre conseguía unos buenísimos testigos falsos, por lo que Ricardo lo tenía siempre mal en los juicios.

Por fin la vida le había sonreído, Ricardo había encontrado su media naranja. Después de estar  varios meses saliendo con Sonia, se dieron cuenta de que estaban hechos el uno para el otro, por lo que decidieron vivir juntos en la casa de ella con sus dos hijos, a los chicos  les pareció una buena idea, esperando  que algún día Clara también compartiera su vida con la de ellos.

Aunque el estaba bien en casa con su madre,  con Sonia tenía la certeza de que estaría  mucho mejor. Tras pensar muy concienzudamente como darle la noticia, decidió plantearlo de una forma natural sin darle mucho dramatismo, con el fin de hacer más llevadera la mala noticia.  Le diría que tenía novia  y que habían decidido compartir sus vidas, intentando recuperar  los años perdidos con Blanca, así de sopetón, sin más preámbulos, todo sería más fácil.

Cuando  su madre recibió la noticia, no la pilló de sopetón , ella como buena madre lo sabía todo sin que el la hubiese dicho nada, por lo que no le pareció mal la decisión. Tenía claro  que su misión en la vida ya estaba cumplida y sin embargo la de su hijo aún estaba por realizarse. Lo que más preocupaba a la abuela de Clara era como sería la afortunada, pues su hijo era bastante incauto con las mujeres, pero le tranquilizaba la ida de que ya hubiera aprendido la lección con todo lo sucedido, y aunque no la  conocía, imaginaba que no  volvería a equivocarse. Poniéndose muy contenta por la decisión  que tomó, eso si le pidió muy encarecidamente  que se la presentara antes de dar el paso definitivo. ¿Cómo se iba a ir a casa de una desconocida?. Por lo que preparó una comida de forma precipitada para el domingo siguiente, con el fin de conocerse ambas familias. Al almuerzo asistió su prometida y sus hijos y por parte de Ricardo su hermano y la suya.

Su madre era una mujer bajita  con algunos kilos de más, tenía el pelo teñido de oscuro y permanente, su semblante era tranquilo y tenía un aspecto dulce. Se la veía una buena mujer, cariñosa y trabajadora, se deshizo en atenciones con los recién llegados, poniendo un gran interés hasta en los mínimos detalles, para que no faltara, ni fallase nada.  Quería que sus invitados en ningún momento se  sintieran  incómodos, intentó que  sintieran como en su propia casa, lo organizó todo concienzudamente y la organización  fue todo un éxito, preocupándose en conocer los gustos de cada uno para  atenderles lo mejor posible.

 Conociendo el sufrimiento de su hijo y no queriéndole dar más disgustos, guardó un tremendo secreto, estaba enferma, muy enferma, pero solo ella sabía que  no se encontraba  bien, sangraba con mucha frecuencia y tenía muchos dolores en el bajo vientre, pero no le daba  importancia o no quería dársela y seguía cuidando de todos como lo había estado haciendo durante toda su vida. Cada mañana hacía un esfuerzo para ponerse en pié y tratar que nadie notara que su estado era malo.

 Su casa era modesta pero estaba limpia y ordenada, y estaba decorada con muebles sencillos pero cómodos. Cuando llegaron los cuatro, los recibió con una sonrisa y un beso, era muy cariñosa, además de una buena cocinera.
    
     Sonia, estaba nerviosa, no sabía como les iban a recibir, aunque  el sentimiento de preocupación era mutuo. Temía como iba  reaccionar aquella mujer y su familia cuando apareciera con sus hijos. Pero enseguida se relajó cuando verificó que para la Sra. Julia lo más importante era la felicidad de Ricardo, y que  hasta la fecha no lo había conseguido ser. Por eso lo único importante para ella es que la chica que el eligiese fuera buena y honrada, y sobre todo que le quisiera. Que como decía ella, quería dejar a su hijo bien colocado, cuando se marchase a la otra vida, y en su interior sabía que ese momento estaba muy cerca, por lo que le corría prisa el asunto.

Viendo todo el sufrimiento que había pasado su hijo, y que aún por desgracia no había acabado, rezaba para que todo le saliese perfecto. Ella era muy devota de San Judas Tadeo, abogado de los casos difíciles y desesperados, por lo que le rezaba todas las noches pues estaba convencida de que ese era uno de esos casos.

Aun sabiendo que perdería la compañía diaria de su hijo, y que se quedaría sola, le animó a que se fuera a vivir con ellos, y tratase de rehacer su vida, con aquella mujer, parecía una buena chica al igual que sus hijos. Orando para que  algún día Clara también fuera a vivir con ellos.

 El se lo merecía todo que era bueno, trabajador   y la vida había sido injusta maltratándole,  aunque en el fondo el culpable era el y solo el, por su mala cabeza y no haber sabido elegir bien a su esposa.
 
     La casa de Sonia era un piso modesto, con tres habitaciones y un baño. Había metido la terraza para hacer más grande el salón. El que Ricardo viviera con ellos no era problema, pues se acostaba en la cama de ella. Y si viniera Clara tampoco era inconveniente pues dormiría en una litera que había en al habitación de Cristina.

     También pensaba que si algún día tuviese la gran suerte de que Clara viniera a vivir con el, de momento no la llevaría a la casa de su Sonia, volverían a casa de su madre hasta que la chica estuviese  bien centrada. Pues después de las malas experiencias, era mejor que las cosas fueran despacio, no era bueno precipitar los acontecimientos.


16-11-10

     Ricardo al principio, pensaba que los chicos no le querrían, por no ser su padre desobedeciéndole e incluso que le contestarían de malos modos, pero al contrario como  ya eran mayores y habían visto las grandes palizas que su padre propinaba a Sonia, le odiaban de tal manera que no les importaba nada compartir sus vidas con un hombre que les quisiera, y el lo estaba demostrando cada momento.

Viendo los arrumacos que le proporcionaba a su madre y el modo cariñoso en que  se dirigía a ella cuando la ayudaba en los trabajos caseros, le respetaban y le querían como si se tratase de su propio padre.  El de eso tenía mucha práctica, con su mujer anterior el había sido el amo de casa durante muchos años por lo que controlaba perfectamente la situación.

     Se hizo colega de Carlos, creándose  mucha complicidad entre los dos, el chico tenía una play y los dos se lo pasaban en grande haciendo carreras.

Lo que Ricardo había notado era que  los años no pasan en balde. Cuando era más joven podía pasarse horas y horas delante de la pantalla como ahora lo  hacía Carlos y sin embargo ahora si estaba un rato, no demasiado grande, delante de la consola le entraba un mareo que no podía con el, y tenía que parar. Pero en cuanto se le pasaba ya estaba de nuevo manos a la obra, se les podía oír las risas desde cualquier parte de la casa, estaban felices.

Con Cristina tenía menos cosas en común pero también se llevaba bien con ella. A veces le preguntaba cosas sobre chicos, para saber su opinión, porque si se lo decía a su hermano le tomaba el pelo. Se entendía  bien con ellos, y como no tenía a Clara, volcaba  todo el amor de padre en ellos dos, sintiendo como si estuviera depositando ese cariño indirectamente en Clara.
    
Por otro lado, la vida de Clara era un desastre, dejó de estudiar, y no atendía en clase, se pasaba la vida en las nubes, no le importaba nada lo que le explicaban, pasaba de todo. En realidad todo le daba igual. Lo único que no le daba igual era que no quería vivir con su madre. Ni asistir a un colegio lleno de niños bien.

Un día, mandaron una nota a su madre, para que fuese a hablar con la tutora. Cuando la profesora le explicó lo que ocurría ella, le contestó que la culpa era de las malas compañías  y que por eso, tenía a la niña muy controlada. La profesora le dijo que tenía que dejarla salir más, que a lo mejor ese era el problema, estaba demasiado pegada a su madre, y tenía que ser ella misma, siempre estando al tanto de sus conocidos.

Aprovechando la oportunidad Clara le pidió a su madre que la dejara ir a dormir con su íntima amiga. Las dos se pusieron de acuerdo, y un fin de semana que los padres de Ángela se fueron  a Roma, aprovechando que estaba sola, invitó a Clara a dormir con ella, planeando entre las dos la escapada. Una vez en su casa, llamaron a un taxi y se fue a casa de Sonia, a buscar a  su padre.
Clara tenía miedo de que si su madre se enterase de la verdad fuese peor, delatándose a así misma, por lo que a la vuelta decidió confesarle lo que había hecho. Le explicó que había estado en casa de la novia de su padre, que tenía dos hijos mayores que ella,  que eran muy simpáticos y buenos chicos, además eran buenos estudiantes, y que como sacaban muy buenas notas si la dejaba ir más a menudo quizás la podrían ayudar con sus estudios.

Blanca montó en cólera y le hizo mil preguntas, como siempre demostrando  mucho interés trataba de desmenuzar el contenido de cada palabra, de cada frase, con el fin  de sacar el máximo provecho a lo que le contaba,  para poder usar la información en próximos ataques. 

Cuando se enteró de lo ocurrido, la llevó al médico para que dictaminara si la jovencita era virgen. Y Por el camino la iba preguntando:
-          ¿Dónde has dormido?
-          Con la hija de Sonia que se llama Cristina, tiene un cuarto precioso está lleno de muñecos, aunque ya no juega los conserva desde que era pequeña.
-          ¿Y tu padre?
-          ¿Qué pasa con mi padre?
-          ¿Se ha acostado contigo?
-          No, el duerme en la cama de Sonia, que por cierto es  muy buena, y me ha tratado como a sus hijos.
-          ¿El chico es mayor?
-          Si. No se los años que tiene, pero se le ve un chico grande, es muy alto y guapo.
-          ¿Te ha tocado?
-          No, ¿Cómo iba a hacer eso? ¿Seguro que te has acostado con la chica?.
-          Por supuesto mamá
-          ¿No será lesbiana?
-          Mamá por favor estas loca.
-          No vuelvas a insultarme o te parto la boca.

No me lo creo, la juventud, está depravada. Ahora mismo vamos a saber la verdad. La cogió de  la mano y la llevo al garaje, la metió en el coche y la llevó directo al ginecólogo. La niña por el camino iba llorando, y diciendo a su madre que por favor no la hiciese hacer eso, que no había pasado nada, que su padre era bueno y jamás la haría daño. La madre seguía conduciendo muy deprisa, tan cegada iba en su locura que se iba saltando los semáforos.
Con tan  mala fortuna que en uno de ellos se cruzó con la policía local, era la primera vez que su hija se alegraba de que algo malo le pasara a su madre, y en mucho tiempo no había sonreído de esa forma, ese día sonrió cuando la pusieron una multa.

Al llegar la médico este la exploró, no encontrando nada anormal en aquella joven, le dijo a su madre:

-          Señora, esté tranquila que su hija está bien.
-          No le han hecho nada, está perfecta.
Eso no le gustó nada a Blanca, hubiese deseado que la niña no hubiese estado en tan perfecto estado. Aquella mujer era diabólica.

-          Mamá ya te dije que no había pasado nada.
-          No puede ser, algo te han hecho, seguro. Eres muy guapa y había dos hombres en la casa.

Estaba obsesionada, con la idea de que era la única persona que debía tener para siempre a Clara, esa obsesión nunca la había entendido nadie, pero ella sabía lo que hacía, estaba segura de que ese era el mejor modo de que Ricardo jamás fuera feliz, aunque fuese  costa de hacer daño a su propia  hija, usándola como arma en contra de su ex marido, era la única manera que ella concebía. Le al pobre un odio enfermizo, el único pecado que había cometido era  no querer aparentar lo que no era.

Cuando a la madre le daban esos ataques de furia, la niña intentaba tranquilizarla, ella nunca supo el porque de esos arrebatos de celos, la inocente criatura pensaba que su madre en su afán de protegerla se excedía y que no era bueno que se preocupara aunque fuese por su bien en demasía. Clara nunca podía haber imaginado que su madre deseara que le hubiese pasado algo malo, con tal de utilizarlo para su propio beneficio y meter a Ricardo en la cárcel. Pero, cuando como este caso la situación no era de su agrado, y las cosas no le salían como las había planeaba, se volvía muy agresiva. Claro intentaba hacerle comprender con buenos modales y grandes dosis de paciencia que no debía comportarse de esa manera.

-          Pero mamá, no seas pesada, papá jamás me ha hablado mal de ti el es un buen hombre, y nunca haría algo que me hiciera daño, es mi padre. El otro es un buen chico. ¿Cómo me van a hacer algo?
-          Por eso me replicas y me contestas, estás nerviosa porque te han hecho algo y además te han asustado para que no me lo cuentes, no tengas miedo, no les protejas, no se lo merecen, es por tu bien, dime la verdad.
22-11-10
-         Mamá, por favor ya vale, no ha pasado nada. Déjanos en paz.

Dejó a su madre por imposible, no quería irritarla más, era peligroso mientras conducía. Cuando llegaron al garaje, se bajó del coche dio un portazo y entro en la casa, subió corriendo las escaleras de caracol, entro en su cuarto, se encerró con llave y se acostó. No podía dormir, boca abajo le empezaron a rodar por sus sonrosadas  mejillas lágrimas que se le escapaban de sus ojos color de miel y que poco a poco se iban transformando en verdosos. Lo único que se le pasaba  por la mente era que a la  mañana siguiente sería otro día, pero igual,  tan duro o más que el anterior, por momentos su vida iba empeorando. Si no podía escapar de aquella pesadilla lo mejor desaparecer de la faz de la tierra, y empezó planear otro tipo de huída más radical, pero ¿como iba a hacer tal cosa?, ella adoraba a su padre y ese amor era reciproco, así que lo mejor no era acabar con su vida sino luchar sin tregua hasta conseguir lo que anhelaban. Y decidió utilizar la misma técnica y táctica que a su madre le había estado aleccionando durante tantos años. La solución era acabar  con ella o mejor aún que ella misma se destruyera.

Maquinando día y noche como podría fastidiar a su madre para hartarla y que ella misma decidiese mandarla a casa de su padre, con tal de deshacerse de aquella pesadilla para que la quedarse en paz. Al girar la cabeza hacía la estantería pudo darse cuenta que allí estaba una vela de color negro, y se le encendió una bombilla, le vino a la mente Miss Gold y se puso manos a la obra para conseguir alguna receta de magia negra de las que su madre tenía por ahí, y aunque Clara desconfiaba de esos inventos sabía que  su madre era creyente de la santera y al ser tan aprensiva ella misma se asustaría y se haría el mal.
Aunque el médico le dijo que la niña estaba bien, ella no se quedó tranquila con aquel chequeo, y con el informe decidió que en cuando se durmiera Clara iría a poner una denuncia a su ex marido y al hijo de su amante por tocamientos y abuso de una menor, ya que no había pruebas suficientes para poner una denuncia más fuerte. Para eso no hacían falta pruebas, eso no deja marcas. Clara de eso no sabía nada y un día su madre la llevó al juzgado para ratificar la denuncia. Hasta esa fecha la niña no tenía ni idea de esa denuncia, y su madre la amenazó,  de tal forma, que la niña dijo, que había sido hacía mucho tiempo y que no se acordaba de nada, no se atreviéndose a decir la verdad, tenía terror a su madre.

Como Sonia conocía a Aurora, esta le podía llamar con toda confianza, sabía que a ella no le importaba. Habían pasado varios meses y como seguía sin noticias  decidió interesarse por ellos.

-         Hola Ricardo
-         Hola, Aurora
-         Hace mucho que no me llamas. Eso significa que todo va bien ¿No? Solo me llamas cuando estas triste.
-         Tengo muchas cosas que contarte, pero no he podido. Unas son malas y otras buenas, pero por teléfono sería muy largo. Me gustaría verte.
-         Llámame cuando quieras y quedamos.
-         Vale. ¿Esta noche?
-         ¿Vienes con Sonia?
-         No, está en su casa.
-         ¿Ya no sigues con ella?
-         Claro que sí. Pero ahora te lo cuento todo.
-         Es sábado, pensaba salir, pero como sabes ponerle intriga a todo, ven, me tienes en ascuas.
-         Muy contento me dijo. Ya soy padre otra vez. Y voy a llevar a mi hija a un cumpleaños, he quedado en recogerla a las doce de la noche, estaré en tu casa en una hora, y sobre las once y media me voy.
-         Te llevo cena.
-         Hasta ahora.
-         Chao
Pensaba que tardaría más, y en media hora se presentó en casa.
Al venir tan rápido, no me había dado tiempo a poner la mesa, la estaba  preparando para la cena. Ni siquiera, me había duchado. Que rapidez.
Sonó el timbre. Pirata salió como siempre ladrando.
Ricardo, ya no le temía, ya estaba acostumbrado a el. Aquel perro tan negro, se mimetizaba en la oscuridad de la noche con el entorno y  solo se le podían apreciar sus blancos colmillos. Pero cuando le saludó,  paró de ladrar y se puso contento. Para demostrarlo  movía muy rápido su diminuto rabito.

Yo le tenía sujeto con la correa, de todas formas si yo no le daba la orden de ataque el ni se movía, solo asustaba.

Cuando miré a Ricardo, me fijé que sus ojos brillaban de alegría, era la primera vez que podía ver aquello. Entró a la cocina y dejo sobre la mesa bolsas con algo para la cena. Tenía buena memoria, y lo que es mejor, intención por agradar, trajo un paquete se  salmón ahumado, y  una buena botella de vino de Ribera del Duero. Se sentía en deuda conmigo, por como le había ayudado en los viejos tiempos.

-         Perdona, no me has dado tiempo para ducharme, espera e el salón , voy a tomar una ducha y bajo rápido.

Mientras me duchaba, le deje preparado aperitivo para antes de cenar.
Duchándome pensaba que cuando bajase le encontraría hecho un mar de lágrimas, pero no. Yo estaba temiendo que se pusiera a llorar pero esta vez fue diferente, no lo hizo.
Cuando bajé, pude contemplar que me encontraba delante de un  hombre nuevo, enseguida pude comprobar, la alegría en su corazón.

Que curioso, después de tantos años, nuestra conexión interior no se había perdido. Parecía que ayer mismo hubiésemos estado juntos.  Ya no era necesario hacer preguntas, el solo me lo contaba. Después de todo lo que había pasado ya estaba curado de espanto y era capaz de hablar de cualquier cosa. Se había convertido casi en un hombre duro, llevaba aún su coraza de guerrero.

-         El día antes de que nos viéramos, en el semáforo, estaba trabajando y me llamó mi hermano. Desde entonces, ya han pasado cuatro meses, y no he podido venir antes, porque como supondrás he estado muy ocupado.  Ahora que ya tengo a Clara, y  sonrió, todo se ha arreglado.
-         Te vengo a poner al día.
-         Mi hermano, me dijo que habían llamado a mi madre, para decirle que Clara estaba en una casa de acogida a las afueras de la ciudad, que fuera a recogerla. Le dieron la dirección.
-         Al día siguiente, avisé que no iba a trabajar y me fui  a buscarla. A las nueve  de la mañana quería estar allí. En ese trayecto fue cuando nos encontramos.
-         También, ¡vaya casualidad!
-         ¿Por qué la llevaron allí? ¿Qué había pasado?
-         Yo tampoco lo sabía, hasta que me lo explicaron todo.

Ese día, no me la entregaron. Ahora verás. Cuando hablo así, en lugar de una niña, parece un paquete.

-         ¿Cómo esta ella?
-         Ahora está bien, pero lo ha pasado muy mal. Está en mi casa, con la abuela. Ya está contenta y ha vuelto a hacer una vida propia de su edad.
-         De momento, no la voy a llevar de nuevo al psicólogo.

Ya la he matriculado en un colegio cerca de casa. Que aunque es un barrio obrero, es muy decente. Y es mejor eso que los colegios de ricos a los que iba antes. Ahora esta mucho más contenta.

-         Ya tiene su propio cuarto, le he comprado un ordenador, un móvil, tiene nuevos amigos, y no se siente presa. Tendrá que repetir el curso pero eso nos da igual a los dos. Seguro que el próximo lo aprueba, es muy lista.

-         Bueno, por donde iba. Cuando llegué a la casa, me preguntaron que yo quien era, les di mi documentación y me dijeron que yo no me la podía llevar. Había un juicio pendiente y hasta que no saliera la vista,  no me la daban.

-         Yo no sabía de que hablaban. Y como estaba perdido  llamé a mi abogado. Me dijo que el tampoco tenía conocimiento de ningún juicio pendiente. Que se informaría y me llamaba. 

Conseguí que me recibiera la directora del centro, yo necesitaba saber que estaba ocurriendo. Poniéndome al corriente de que yo tenía una denuncia muy grave, y por eso no me avisaron y  sus abuelos maternos estaban en la misma situación. Por lo tanto solo pudieron avisar a mi madre.

-         ¿Por qué han traído aquí a la niña? ¿Qué ha pasado?

-         La niña estaba en una casa de acogida, porque las autoridades le han quitado la custodia a su la madre. Yo no estoy autorizada a decirle nada más. Lo siento mucho.

-         Yo en ese momento pensé que yo también era poseedor de una denuncia por rapto o algo así, nunca pude imaginar que seria algo tan grave y detestable como luego pude comprobar.

-         Los juicios que tenía  pendientes no podían ser tan graves, como para perder las visitas y la custodia de la niña. Yo seguía esperando que algún día una alguna sentencia fuera favorable y obtener la custodia para siempre de mi hija.


Lo que  no sabía es que nunca la conseguiría, Blanca tenía bien planeado todo.

-         Me llamó el abogado, que no entendía que había pasado pero que la citación, no aparecía por ningún sitio.

-         Yo quería saber por qué habían llamado a mi madre y no a mí. Era muy extraño que cuando se la llevó la asistenta social, en lugar de avisar a su familia la internaran en un centro para menores.

-         Me explicaron que no habían avisado a los abuelos maternos, porque ellos tampoco se podían hacer cargo de ella por tener una  denuncia por secuestro, u estar pendientes del juicio.

-         ¿Y conmigo que pasaba? Algo andaba mal, y no lo sabíamos, mi abogado me dijo que en cuanto supiera algo se pondría en contacto conmigo para informarme.

Me llamó el abogado diciéndome que:

-         Me quedé helado, cuando me dijo que yo estaba denunciado por abusos sexuales. ¡Pero si yo no la veía desde hace dos años!.¿Cómo iba a ser posible?. Tampoco a mí me había llegado la citación. No entendía nada.

Según mis cálculos y por que solo había estado con nosotros un fin de semana, deduje que se correspondía con el aquel fin de semana que pasamos todos juntos, en casa de Sonia. Ese fin de semana para mi fue el más feliz  mucho tiempo. Me encontraba con mi familia.

Media familia estábamos a la espera de juicios. Por lo que la única que podía ir a recoger a la niña era mi madre. De modo que me fui para casa, sin verla. No me dejaron.

-         Al día siguiente a la hora que me citaron estaba allí con mi madre.
-         Cuando salió, la estábamos esperando con un gran oso de peluche blanco con un bonito lazo rosa, queríamos que sintiera que la queríamos. Nos abrazamos a ella y la llenamos de besos, pero su mirada era triste. Me recordó esos perritos callejeros, que aparecen en los anuncios de cuando los abandonan. La niña llevaba en esa casa todo el fin de semana.
-         Me dijo muy seria:
-         Llévame a casa.
-         Me dieron una bolsa con sus cosas, mi madre firmó que la recogía y salimos.
-         Se estuvo aguantando el llanto, pero cuando mi madre la abrazó, por segunda vez, no pudo contener más las lágrimas y lloro amargamente, en ese rato soltó todo lo que había estado sujetando durante mucho tiempo. Contagiados lloramos los tres, no se si de pena o alegría o por las  dos cosas a la vez.

Jamás en su casa, había llorado delante de su madre, no quería que se diera cuenta de que era frágil y que estaba consiguiendo su objetivo, por eso se aguantaba, y al veces ola en su cuarto se desahogaba, pero como se le notaba mucho que había llorado pórquese le ponía la punta de la nariz roja y los ojos hundidos, no lo hacía.
El día que se sintió libre, lloró todo lo que pudo y más.

28-11-10
-          Yo estaba feliz por tener a mi hija conmigo, pero destrozado por verla tan triste. Aunque estaba seguro que en un par de días estaría como nueva. Y en un corto plazo de tiempo, feliz del todo. Si a su madre no se le ocurría otra maldad.

-          Cuando llegamos a casa, se metió en su cuarto, se  acostó y durmió hasta el día siguiente. No quería hablar ni ver a nadie.

Me asomé sigilosamente, y la vi que estaba abrazada al oso polar. Era como si se sintiera protegida por el. En el fondo era una niña.

Ya una vez que estábamos en mi casa, llamó el abogado, y me dijo que había conseguido la denuncia.

-          Siéntate que te vas a desmayar, lo que te voy a decir es muy duro.
En la denuncia consta que habéis  intentado abusar de ella, tu y el hijo de tu novia, Carlos. Las fechas coincidían con el fin de semana que  estuvisteis en su casa. De esa denuncia no teníamos constancia ni mi abogado ni yo, no sabemos con que malas artes habría conseguido que se perdiera. He llegado a pensar que cogió del buzón el aviso de ir a los juzgados.

 Cuando se sintió más tranquila salió de su habitación y se decidió a hablar.

-          Un día, no se cual, tardé en salir del colegio y mi madre pensó se había escapado de nuevo. Se dio un gran susto, era una forma de venganza.
Pero yo no me había ido, escondida en el patio viendo como se paseaba de una lado a otro mirando como una loca. Yo no quería volver a casa con ella. Entró para hablar con la directora y no tuve más remedio que salir de mi escondite. Ella se enfadó mucho, y cuando llegamos a casa me pegó una bofetada. Yo pensé que no tenía razón y como tengo bastante más  fuerza, y soy  más alta que ella, la di un empujón y tirándola  al suelo  la quité el bolso. Salí corriendo y me encerré en el baño de la planta baja. Empezó a golpear la puerta con un hacha y en uno de esos golpes hizo un agujero en la puerta. Metió la mano y yo la mordí.  Mientras sucedía todo esto yo estaba hablando con mi abuelo, se lo estaba contando cuando empecé a dar gritos. No pude seguir hablando por el móvil. Pero no hizo falta, el al escuchar aquella algarabía, salió corriendo cogió el coche y se vino a casa.

Una vez en la casa no le abríamos  la puerta, desde la calle se podía oír una fuerte discusión y gritos que provenían del interior. Por lo que el abuelo llamó a la policía.

Al oír la sirena de la policía me asomé por la ventana dela cocina, allí estaba un coche patrulla aparcado en la puerta, hablando con mi abuelo.

Cuando mi madre se  encontraba distraída mirando por la ventana, corrí hacía la puerta y salí al jardín.
Ella salió detrás de mí, y me agarro por el brazo. Todo esto lo estaba viendo la policía.
Dos de ellos saltaron  la valla, uno nos separó,  y el otro entro al hall y desde allí abrió con el portero automático.
Entraron otros dos más y mis abuelos. Yo me abracé a mi abuela llorando y muy asustada. Por detrás sentí que alguien me intentaba soltar de ella con mucha delicadeza, miré para atrás y vi una mujer rubia de mediana edad que me sonreía, y me dijo:
-          Tranquila cielo, ya todo ha pasado ven conmigo y me cuentas que ha ocurrido.
-          Ve con ella, me dijo mi abuela.

Blanca, histérica gritaba:
-          Detengan a esa chica, esta loca, me ha intentado matar.

Metieron  a la niña en el coche patrulla. Y la asistente social habló con ella  durante mucho tiempo. Después hablaron con la madre.

Llegaron a la conclusión que lo mejor era que sacaran a la adolescente de allí y que si era verdad que había pegado a su madre, y era agresiva, debían hacerle un estudio en el psquiátrico, por lo que se la llevaron al hospital a la planta de salud mental.

A Blanca, no podían hacerla nada, no había sangre por ninguna parte, tenía la custodia, y ella era la que tenía las marcas de los mordiscos. Como siempre salía airosa de los conflictos.

Joaquín estuvo de acuerdo, en que se la llevaran al hospital. El sabía que la niña estaba perfectamente, pero era lo mejor para ella que la alejaran de su madre.

-          A la que tenían que haber llevado al psiquiátrico era a la madre pero no, al final siempre sale perdiendo el más débil.
-         
Durante el tiempo que estuvieron examinando a la niña, se dieron cuenta de que estaba normal. Que lo que tenía era un ataque de pánico, que estaba siendo maltratada por su madre por lo que no quería estar con ella, y  pedía vivir con su padre.

-          Una vez, estudiado el expediente, vieron que ni yo, ni sus abuelo maternos podíamos hacernos cargo de la menor, por lo llamaron a mi madre, era la única de la familia sin denuncias.

-          Podían llevársela mi hermano y mi madre.
Al principio, pensé que la llamaban a ella porque era mi domicilio, pero no era por la otra razón.

-          Aunque yo ya estaba conviviendo con  Sonia y sus hijos, para evitar más conflictos decidí irme de nuevo a casa de mi madre con el fin de no crear más problemas. Temía que al ser también sus hijos adolescentes, lo mismo no congeniaban. Aunque tampoco me extrañaría mucho que se gustaran, pues Carlos y Clara se miraban de una forma muy especial. 

-          Bastante ha sufrido ya. Lo mejor es que a partir de ahora pueda olvidar todo, y volverse una niña feliz, haciendo las cosas que realizan los chicos y chicas de su edad.

-          Ahora estoy más contento que nunca, creo que incluso más que el día que nació, al final he visto mi deseo cumplido. Y estoy haciendo todo lo posible porque se le acaben todos los sufrimientos a Clara y algún día pueda hablar de su pasado como una etapa que ha terminado para siempre y de la que ha salido victoriosa, y en lugar de crear una persona traumatizada que consiga tomarlo como una aprendizaje positivo, que le sirva de lección para su vida de adulta.

A Ricardo no le  importaba haber perdido todo lo que había conseguido trabajando, ya lo iba recuperando. Lo más difícil de volver a tener era su hija e indirectamente ya la había recuperado.

A su madre parecía que se la había tragado la tierra nadie sabía nada de ella. Intentó ponerse en contacto alguna que otra ocasión, sin respuesta alguna. Deseábamos saber como se encontraba ella, y decirle que Clara estaba bien, pero no había forma de localizarla. El chalet donde vivía de momento estaba cerrado, los vecinos no sabían nada de ella durante meses.

Buscamos por varias instituciones privadas y hospitales, pero nadie nos dio señales de ella. Siempre nos quedó la esperanza de que estuviera fuera de España, y que algún día regresaría curada. El problema era que no aparecía a los juicios y eso hacía que se retrasaran más. Con lo que deseábamos que todo terminada lo antes posible.

No se podía entrar en la casa hasta que no salieran os los juicios que estaban pendientes. Ricardo nuevamente escribió al defensor del menor, pidiendo que se hiciera lo más deprisa posible justicia, de una vez por todas. Si desde el principio le hubieran dado la custodia de Clara a el nada de esto hubiese sucedido y la niña no estaría tan destrozada física y fisicamente. No es justo que por culpa de una señora que está mal de la cabeza, una adolescente sea una desdichada.

Clara ya era una mujer, había cumplido dieciseis años, era una chica no muy alta, con el pelo largo de color castaño, con los ojos oscuros y la misma nariz de su padre, negro, y la boca de fresa era de su madre. No era una chica guapa pero si muy atractiva. Pero su mirada era triste, no parecía la de una adolescente. A su corta edad, reflejaba todo el sufrimiento de una persona adulta ya maltratada por la vida.
Decía que no tenía hambre, por lo que comía muy poco, nunca hablo de su peso pero estaba demasiado delgada, y cada día que pasaba iba perdiendo peso. Parecía que padecía anorexia, lo que no extrañaba a nadie.

2-12-10
Lo habitual en estos casos es llevar a la niña a un psicólogo para que la ayude a salir de ese estado, pero como Clara se había pasado toda su vida entre ellos, su padre decidió que lo que necesitaba era amor, y por eso no la llevó a ningún sitio.

Sus abuela puso mucho interés en que la niña fuera feliz, y trato de darle el cariño maternal que necesitaba, pues desde su más tierna infancia había carecido de el. Como lo que la niña necesitaba era atención, sus abuelos maternos venía a buscarla y se la llevaban también con ellos algunos fines de semana, que aunque en teoría no podían llevársela, como nadie decía nada y la niña era feliz lo hacían. Allí también tenía su propia habitación con todas sus cosas, y lo más importante el cariño de todos.

Sonia quería que vinieran a vivir con ellos, pero Ricardo la dijo que la quería mucho a ella y a sus hijos, pero que su hija estaba, por encima de todo y que ella como madre seguro que lo entendería.  Y en ese lamentable estado pensaba que lo mejor era que estuviesen separados hasta que tuviese una vida más asentada. Que en cuanto estuviese regulada la situación se lo propondría a ver como respondía. Y en ese momento decidiría si formar una familia de cinco miembros. Sonia lo entendió y le pareció acertado, aunque también pensaba que vivir en un  ambiente familiar estable le ayudaría a salir antes de su situación de inestabilidad.

Ricardo no quería hacer recordar mucho a su hija el pasado pero el necesitaba saber que ocurría en aquella casa cuando el se marchó, y a veces le preguntaba a Clara por su madre.
-          Mamá siempre me decía que tu no me querías, que solo pensabas en trabajar. Pero yo nunca la he creído, porque te recuerdo a ti y no a ella, recogiéndome de la guardería o el colegio cuando era pequeña.

Sin embargo, ella nunca se preocupaba de mí, solo empezó a llevarme al colegio cuando, la bruja le dijo que las malas compañía, eran las culpables de que yo no estudiase o que la contestara.

Yo nunca la contesté por eso, lo hice porque ella era injusta contigo y conmigo y solo me defendía.
Tampoco la quería pegar pero en alguna ocasión para evitar recibir algún que otro golpe, sin querer la hice daño.

No podía ir con mis amigos, y para ello me escapaba, pero eso no era malo, solo era que yo buscaba aquellas cosas que consideraba que eran normales y no malas.

Se estaba arruinando gastaba todo el dinero que ganaba, en brujas, tarotistas, o en consultas privadas con Miss Gold además de las llamadas a aquellos números que aparecían en la televisión, de alto costo.
Estaba convencida de que eran legales, que no la engañaban y que además le acertaban en todo. Por lo que  confiaba en ellas y hacía todo lo que ellas le aconsejaban.

Nunca fue  capaz de darse cuenta de que la estaban volviendo aún mas loca de lo que estaba. Si ya tenía antecedentes de locura ahora estaba empeorando. Nunca tomaba una decisión antes de, consultar el oráculo.

Como la cuenta bancaria se iba quedando sin dinero, pensó que lo mejor era probar con el azar y lo que le sobraba de las brujas lo gastaba en las maquinas tragaperras. Se había convertido en una ludópata, y mientras jugaba se tomaba alguna copita lo que hacía que su estado fuese empeorando. Pero nunca tanto como para que por su mala actitud o negligencia perdiera la custodia de Clara.

Cuando yo la decía mamá - no hagas eso, ella me gritaba que yo estaba loca, y que no volviera a ver a mi padre, pues el me estaba inculcando tonterías en la cabeza. Todo lo que decía, normalmente era lo que repetía de las brujas, ellas le daban las pautas a seguir. Días después llamaba para contarle los resultados y estas le daban nuevas ordenes, y así se pasaba la vida.

Un día Ricardo llamó a Clara, para decirle  que se iba a vivir con Sonia, tratándola de explicar que  estaba enamorado. Y que quería mucho a sus hijos igual que ellos a el. Pero que el gran amor de su vida era ella, y por lo único que daría hasta su vida. Le enseñó montones ed documentos para demostrarle como esta luchando por conseguir la custodia desde que era pequeña, y que aunque perdía los juicios el seguiría apelando, hasta conseguir la custodia,  que lo único que le importaba en esta vida era ella, y que no había podido darle todo lo que hubiese querido: Amor y cuidados.

Le dije que con el tiempo a mi me gustaría formar una familia, que ya que no había logrado crear una con su madre y ella. Que tal vez pudiera rehacer nuestras vidas con otra un poco mayor, formada por cinco miembros. Que siempre que a  ella no le importaba, jamás haría algo que la volviera a hacer llorar.
El deseaba que algún día pudiera ofrecerle una familia. Que es lo que ella se merecía, después de tanto sufrimiento. Lo pensaba de corazón. Cuando llegase ese momento se lo preguntaría, mientras tanto vivirían los tres e casa de su madre, ella era la persona más indicada para ofrecerle amor y cuidados de una madre.

Ricardo, estaba tan embelesado con Clara, que no se estaba dando cuenta, pero a la abuela le empezaban a faltar las fuerzas y aunque ella no decía nada y trabajaba como una mula, se tumbaba más de lo debido, y eso era muy raro en ella.
Viendo que le costaba mucho seguir adelante con aquella responsabilidad , le dijo a su hijo que estaba muy cansada que la niña necesitaba una madre, y que ella era una abuela, y que aunque estaba intentando sacar todas sus fuerzas se estaba quedando sin ellas. Que fuera pensando en formar una familia con Sonia.

Ricardo se lo propuso a Clara, a ella no le pilló por sorpresa. Además era muy observadora y sabía que la abuela no estaba muy bien de salud.

A Clara aquella idea de vivir los cinco , no le desagradó pues estaba segura de que su padre y ella necesitaban una madre aunque no fuese la verdadera, pero que Sonia había demostrado en multitud de ocasiones que era una madre perfecta. Siempre preocupada por sus hijos, y por ella cuando había estado en su casa, además era muy cariñosa. Y nunca había discriminado a Clara por no ser hija suya, al contrario la trataba con algún privilegio que otro sobre sus hijos. Tenía tan bien educados a sus hijos que jamás le recriminaban si hacía lago más por aquella desconocida. Sonia les había contado lo que esa criatura había sufrido desde muy corta edad. Incuso ellos se sentían unos privilegiados de poder tener una madre tan maravillosa como Sonia.

Mientras su padre le hablaba de aquella posibilidad le vino a la mente el rostro de Carlos. Era muy guapo y aún siendo hermanastros en el fondo no tenían nada que ver entre ellos, no había  consanguineidad. Solo serían hermanos políticos, eso siempre y cuando sus padres se casaran que por la forma en que hablaban parecía que solo sería pareja de hecho. podrían ser novios. Así que se estaba planteando insinuarle que le gustaba mucho, y no precisamente como hermano, sino como un hombre.

Viendo que el único problema que había era que Blanca pudiese poner una nueva denuncia por estar con su padre, y ella había desaparecido, no dudaron en irse a vivir todos juntos.

La armonía en aquella casa era fantástica, no hubo ningún problema de adaptación por parte de Clara y los chicos estaban en cantados con que ella hubiese venido, Podía jugar con la hija de Sonia y a Carlos le brillaban  los ojos cada vez que la veía.

Viendo que todo era perfecto Ricardo decidió que era momento de comprarse el coche que había deseado desde pequeño. Como a Caros los coches también le apasionaban decidió preguntarse si estaría interesado en acompañarle a ver coches. 

Entre partida y partida de play , miraban revistas de coches, entraban en internet para informarse de todo aquello que le interesaba. Carlos tenía pasión por Ricardo, no le cambiaria por nadie del mundo. Lo que le apenaba igual que a su hermana y que a Clara es que sus padres hubiesen tardado tanto en conocerse.

Sonia se llevaba muy bien con Clara y esta quería a rabiar a Cristina, se entendían muy bien , además a Clara le encantaba que como ella era mayor que su hermanastra la aconsejaba en como vestirse o conquistar a un chico. Su vida se estaba volviendo feliz. Todos eran felices.

Una mañana Ricardo despertó a Carlos y le dijo que ya tenía decidido que coche se iba a comprar, como al chico le encantaban también lo coches, le propuso que si quería entrenarse para competir. El ya era demasiado mayor para eso, y que con el tiempo deberían tratar de poner el forma a Clara para que fuera su copiloto. Ya que el no lo había podido a ver si su hijos lo conseguían. El coche que miraron fue un:

Subaru Impreza WRX STI
Motor:
Cilindrada: 1.994cc
Potencia Máx.265 CV (151kw) a 6.000 rpm
Par Máx. 343 Nm a 4.000 rpm.
Prestaciones:s
Velocidad máx. 238 km/h
Aceleración 0-100 km/h 5,5
Frenos:
De disco, 17 pulgadas con ABS y EPD

Después de trabajar durante tantos años ya se lo podía permitir de manera que decidió darse el capricho.

Cuando volvió a casa, se encontró que su madre estaba en la cama, no se encontraba bien, estaba muy débil, había adelgazado muy rápido en pocas semanas y aunque comía como estaba muy preocupada por Clara, pensó que eso la estaba desgastando. Llamó al médico, y cuando vino le examinó y llamó a una ambulancia. En el hospital le hicieron muchas pruebas y la encontraron muy baja de defensas y un tumor muy sospechoso en el útero. La operaron de urgencias, y cuando llegaron  los resultados se le había desarrollado un cáncer, que por lo avanzado de su edad y que ya tenía metástasis, le daban muy esperanza. No obstante harían todo lo que estuviera en su mano para retrasar el proceso.

Se volvió a casa, y allí estaba Clara esperando, le contó que la abuela estaba grave y que no sabe cuanto tiempo viviría que estaba vieja y era normal que a su edad la gente deje esta vida. 

Clara tomó las riendas de la casa, era una chica muy responsable, fue capaz de estudiar de cuidar de la casa y de su abuela. Quería mucho a su padre, y aunque estaba triste porque su abuela se iba apagando como velita, ella hacía todo lo que estaba en su mano por hacerle la vida un poco mas feliz en sus últimos días. Ella lo había hecho antes cuando ella estaba muy triste, ahora le tocaba a ella. Era una chica fantástica, con un gran corazón y unos sentimientos muy nobles. 

Aunque ella se estaba dando cuenta de que su abuela no duraría mucho en ese estado su padre, la hablaba y la iba preparando para un desenlace triste.

Tenía miedo de que ahora que estaba centrada, este palo la volviese a hundir. Aunque estando con el eso era más difícil el no estaba dispuesto a soltarla ni un momento de la mano.

14-12-10


Aunque había repetido curso ahora las notas era medianamente buenas iba aprobando, tenía nuevos amigos con los que se llevaba bien. Y con os hijos de Sonia mejor aún. El caso es que me estaba preocupando que le gustara mucho Carlos, eso podría traernos complicaciones, a la hora de vivir los cinco juntos.

Como mi madre se encontraba bastante mal, ya no la podíamos dejar sola, una vecina tenía  las llaves y pasaba a hacerla compañía,. Una mañana cuando estaba en el taller me llamaron de casa para decirme que mi madre estaba en el hospital y que se la habían llevado muy grave.

Me fui corriendo para allá, y cuando llegué ya había entrado en coma, estuvo así varias horas para después marcharse. El médico me dijo que antes de que empezara la enfermedad de una forma clara, ella habría tenido muchas hemorragias, y que deberíamos haber venido antes. El asunto fue que jamás dijo nada y se aguantó todos sus dolores sin un mal gesto. Era una mujer sorprendente.

Yo me fui a casa, a esperar a Clara y cuando llegó del colegio le explique con sumo cuidado lo que había sucedido, en ese momento me di cuenta de que era toda una mujer, a su corta edad había madurado antes de la cuenta.

Me dijo que no me preocupara que ella cuidaría de mí. Yo que le había estado explicando que la gene mayor se va para dejar sitio a oros que llegan, sobró ella me consoló a mí.

Como ya no estaba mi madre, decidí que había llegado el momento de decirle a Clara que nos deberíamos ir a vivir con Sonia. En ese momento tuve miedo de la reacción de la niña.

Llamé a mi querida amiga Aurora para pedirle consejo, no me parecía bien involucrar a Sonia al ser parte interesada.
Su consejo fue  que lo mejor que podía hacer era hablar con Clara y preguntarle su opinión al respecto. Como hacía mucho tiempo que no nos veíamos fui a su casa para verla y llevar a Clara. Cuando llegamos a su chalet, salió como siempre Pirata ladrando como un loco, detrás de el iba Aurora tan guapa como de costumbre, no me extraña que en una ocasión hubiese estado enamorado de ella. Clara también la quería mucho pues yo la había contado cosas a cerca de la buena persona que era y como me había ayudado en los momentos peores de mi vida. Por eso me sentía en deuda con ella, y no solo la iba a atormentar con mis problemas también se merecía algo mejor por eso fui a contarle las buenas nuevas.

Ella tenía que ir el fin de semana a una presentación a Marbella de alta peluquería por lo que le preguntó a Clara si le gustaría asistir con ella. Aceptó encantada pues la idea le había entusiasmado y a mí me pareció muy bien. Ya era hora de que esa niña tuviese momentos buenos en su vida. Después de todo lo que había sufrido se merecía un descanso. Además yo sabía que Aurora trataría de hablar con ella de mujer a mujer para hacerla comprender que lo mejor para todos es vivir en familia, y ella estaba a punto de conseguir una, que solo tenía que poner un poco de su parte, pues los demás sabiendo que lo había pasado muy mal estaban  dispuestos a ayudarla en todo lo que hiciese falta con el fin de encajar entre ellos.

Cuando volvieron de Málaga Clara parecía otra, había crecido en apenas una semana, parecía mas mujer, y para colmo la habían cortado el pelo, de forma que estaba espectacular. Cuando Carlos la vio aparecer por la puerta se la quedó mirando como si hubiese visto una aparición, llevaba un pantalón blanco con la cinturilla rosa a la altura de las caderas y una blusa cortita haciendo juego en rosa y blanco, se la veía el ombligo, estaba preciosa no me extraña lo más mínimo que se quedara con la boca abierta al verla.

Para hablar mas tranquilamente los dos, la invitó a cenar a un restaurante elegante, ella se puso un vestido rojo, ya era toda una señorita. Creo que incluso parecía una amiga más que mi hija, de modo que en algún momento la di un beso y alguien debió pensar que yo era un aprovechado.

A los dos nos gustó mucho lo de cenar solos, y cuando le pregunté si le gustaría que fuesemos a vivir a casa de Sonia, ella me dijo que si, pero que ya tenía nuevos amigos en el colegio y que loe daba miedo tener que volver a cambiar. Yo le prometí que como Sonia no vivía demasiado lejos de allí que yo la llevaría a su colegio todos los dos antes e ir a trabajar, total lo había estado haciendo durante años, por un poco más no importaba, y haría todo por hacer feliz a mi hija. Todos sabíamos que andaríamos un poco escasos de espacio en esa casa, pero si todo iba bien y nos acomodábamos, con un poco de tiempo podríamos comprar una casa nueva para todos.

Mientras tanto los juicios seguían despacio pero sin pausa, iban saliendo unos y otros, y al final estaba seguro de que conseguiría demostrar su inocencia.


Pasó el tiempo y aquella familia funcionaba, vivían en armonía,  todos estaban por la labor de cooperar para que aquel proyecto funcionara. Como por el lado de Sonia su anterior matrimonio había sido un infierno os chicos estaban encantados con su nuevo hogar, y desde el lado de Clara ahora estaba en el cielo.

Los familiares por ambos lados estaban muy contentos porque al final habían conseguido una paz que todos se merecían.
Como había mucho trabajo en la casa, y aunque todos ayudaban la gran parte del trabajo era para Sonia por lo que una tarde se reunieron en conclave familiar, para decidir si era necesario que ella se dedicara a la familia, pero como trabajaba en unos grandes almacenes y una de las ventajas eran los turnos de trabajo pudo pedir jornada reducida, por lo que su salario bajó un poco pero al poder estar más en casa resultó que era más rentable eso que dedicar sui tiempo a la jornada completa.

Como Ricardo había prometido a Clara que el la llevaría al colegio todas las mañanas, tuvo que preguntarle si no le importaba que la llevase Sonia en lugar de el, pues al tener ella más tiempo en casa el podría estar más horas en el taller y de ese modo amentarían los ingresos.

Su vida había pasado de ser un infierno a ser un paraíso. Como el era un hombre muy trabajador, volvió a obtener el prestigio perdido, y los clientes iban aumentando de un día para otro, tanto fue así que tuvieron que buscar otro empleado.
A Sonia la compró otro coche, pues el utilitario que tenía era muy viejo, y a el le parecía poco seguro para que siguieran usándolo. Al poco tiempo decidió que ya era momento de cambiar el suyo, que se lo merecía, así para las siguientes navidades decidió cambiar pero esta vez un coche de gama alta. Que contento estaba, la diosa fortuna le había sonreído.

Carlos como era mayor aprobó el permiso de conducir y le compro el coche que a el le hubiese gustado tener cuando era joven,  advirtiéndole que ese coche era de Clara aunque de momento lo conduciría el. A Clara la había enseñado a conducir,  y estaban esperando el momento para poder dedicarse a correr. Ricardo se puso en contacto con expertos en el tema para ir introduciéndose en ese ambiente iban los tres donde se celebraban carreras y pronto estarían metidos en ese mundo, para poder inscribirse como corredores, al vez nunca ganasen una carrera aunque lo intentarían pero lo importante para Ricardo era competir. Aunque se llevarían alguna que otra sorpresa.

Para no discriminar a Cristina, como a ella lo que le gustaban eran los caballos la inscribieron en una escuela y la compraron su propio caballo, con el tiempo todos estabn haciendo lo que querían. Y empezó otro problema todos tenían aficiones mas o menos satisfactorias, y el problema le llegó a Sonia, ella empezó a sentirse sola con tanto viaje para acá y para allá.

Así que de nuevo volvió a aparecer en escena la vieja amiga Aurora. Un día Sonia la llamó por teléfono porque se sentía sola, y le contó que todos se querían mucho pero que Ricardo estaba siempre de viaje con Carlos y Clara, y que ella no les podía acompañar por tener que ocuparse de su hija pequeña y que se aburría.

Esta mujer tenía soluciones para todo, de modo que la propuso la idea de que hiciera un curso de fotografía. De ese modo podría asistir lo mismo a las carreras de coches como de caballos y  realizar sus propios reportajes fotográficos y de ese modo les acompañaría y haría algo que la realizase. Al principio le pareció una idea un poco descabellada pero la hizo caso y se inscribió, teniendo una grata sorpresa cuando averiguó que no era tan mala como ella había pensado, tenía un arte innato y muy buen gusto que unidas las dos cosas le daba un estilo diferente, Lo único que le aportaron en las clases fue la técnica. Resultando que más tarde hasta consiguió ganar algún concurso, lo que la llenaba de alegría a ella y a su familia.
 
El tiempo iba pasando y un buen día llamó el abogado a Ricardo para darle la buena noticia de que por fin le habían dado la custodia a el. Pues todas las pruebas que había aportado Blanca eran inconsistentes, y por otro lado no había parecido a ninguna vista. Era medió día y todos estaban comiendo por lo que se enteraron de primera mano. Ricardo nada mas colgar con  lágrimas aún en los ojos y con la voz entrecortada, llamo a su querida amiga Aurora y nada mas oír su voz le grito: -¡Lo conseguí, ya es mía!, y colgó porque el nudo que tenía en la garganta no le permitía emitir sonido alguno.

Aurora, nada más colgar el teléfono, cogió una botella de cava de la nevera, pues nunca le faltaba, se dirigió al garaje y a toda velocidad fue a casa de Ricardo para celebrar lo que tantos años había costado, pero al final todo se había resuelto, gracias al empeño que puso en conseguir lo que deseaba con todos sus fuerzas.

Viendo que después de dos años de convivencia aquello funcionaba, decidieron formalizar la situación, y como los dos estaban divorciados, no tuvieron ningún problema en casarse y formar una familia legal.

Vendieron la casa de la madre de Ricardo y le correspondió el cincuenta por ciento del piso y algo de dinero en efectivo, que unido a la venta de la casa de Sonia, más un préstamo que le consiguió su hermano a bajo interés decidieron comprar un adosado en la carretera de Valencia, para no alejarse demasiado de la zona donde siempre habían vivido, además Carlos quería estudiar informática y tenía cerca la Politécnica.

Aurora cruzó a Pirata con una preciosa perra que se llamaba Doba, y tuvieron una camada de cinco magníficos ejemplares. Cuando ya tenían dos meses, Aurora llamó a Clara y la dijo que tenía un regalo para ella, y  quedó en levárselo a su casa nueva. Aunque Clara había insistido en saber que era, no lo supo hasta que al destapar una caja apareció un precioso perrito de color negro con un lazo azul. Se puso muy contenta la hinchó de besos y la dijo:
-          Se llamará Ron
De repente, a Clara le cambió el semblante ¿que dirían sus padres al llegar a casa? Aurora se dio cuenta de lo que pensaba y le dijo:

-          Tranquila de ellos me encargo yo.

Y que razón tenía a ella, ninguno de los dos, dijeron anda cuando fue ella la que les presento a su nuevo perro.

El regalo era para Clara pero les encantó a todos y pronto sería un miembro más de la familia. Aurora se comprometió  que cuando no pudieran cuidar de el, ella se lo llevaría a su casa, pero para que Pirata no se peleara con el de mayor, debería verle a menudo, por lo que ahora no había excusas para dejar pasar mucho tiempo sin verse. Además el seguía intentado localizar a su ex mujer, y en cuanto supiera algo, seguro que me lo contaría, pero eso es otra historia.

De lo que Ricardo estaba orgulloso era de tener una gran amiga que había pescado en una red, que supo ayudarle a encontrar la luz que había perdido.

FIN